Mucho se ha hablado sobre la eventual reforma laboral en Argentina a la luz de los graves problemas que hoy presenta, tanto por la existencia de la llamada industria del juicio (sea en materia de litigios por supuestos riesgos laborales especialmente "in itinere", por el régimen de viajantes de comercio o los beneficios no remuneratorios o las "multas" de la Ley de Empleo, etc.) como por la falta de un régimen ágil de contratación que atienda a las nuevas realidades en la materia, los costos indemnizatorios, las altas cargas sociales y aún la adecuación del régimen jubilatorio en función de las variaciones demográficas en cuanto al acceso al mercado de trabajo y del alargamiento de las expectativas de vida, etc.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Otros aluden a la necesidad de reformas en función de cuestiones específicas como la centralización de las relaciones laborales colectivas o los conflictos de concurrencia entre convenios de grado inferior (de empresa o establecimiento) y superior (de actividad) y las cuestiones interpretativas que de ellos derivan.
Están quienes abogan por una reforma laboral "a la brasileña", teniendo en cuenta las asimetrías ya existentes con dicho país, los requerimientos de productividad laboral para mejorar nuestra competitividad relativa en el Mercosur como "espacio de integración".
Nuestra opinión es que la Argentina no necesita una reforma, sino concretamente una nueva definición de instituciones laborales a la luz de los cambios en la tecnología y su impacto en el mundo de la producción y del trabajo.
Nuestro sistema de relaciones laborales y como consecuencia de ello, nuestra legislación, están "vaciadas en el molde" de un modelo fordista de producción. Esto ha quedado atrás y ya no se trata de hablar del "futuro del trabajo" pues el FUTURO ES HOY y la nueva revolución de la tecnología está llegando también a nuestro país. Frente a ello tenemos la posibilidad de:
Ignorarlo -como parecen hacer muchos -incluso respecto a la informalidad en la economía y en lo laboral- suponiendo que tenemos un régimen "perfecto" y de protección al trabajador, cuando ello dista mucho de serlo por un altísimo porcentaje de trabajadores no registrados, más de un millón de "ni-ni" (ni trabajan ni estudian) y una cantidad de empleo público totalmente exagerada, pues (más del 30% del empleo formal).
Asumir no solo las falencias existentes sino el desafío de "nuevo empleo" por avances tecnológicos que abarcan campos de amplio alcance como los de inteligencia artificial (AI), la robótica, la Internet de las cosas (IOT), los vehículos autónomos, la impresión 3D, la nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, almacenamiento de energía y la computación cuántica y la industria 4.0; entre otros.
Hay que encontrar el camino que, en el marco de un diálogo social inclusivo, nos lleve a la construcción de ese nuevo paradigma, que implique -entonces- tanto el respeto de los derechos fundamentales en el trabajo y la dignidad humana, como el reconocimiento de tales nuevas realidades productivas, dando una efectiva respuesta para la generación genuina de más y mejor "nuevas" empresas y empleos. Ese es el camino al desarrollo sustentable.
Dejá tu comentario