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Lo más parecido al caso argentino del año 2001
Las similitudes no se agotan en la realidad puntual de una crisis. En ambos países existen sistemas políticos facciosos, sectores públicos sobredimensionados y sindicatos fuertes que defienden a rajatabla sus prebendas. A eso se suma que una parte importante de la opinión pública se aferra a anticuadas ideas socialistas que son a todas luces inconsistentes con la realidad económica global del siglo XXI. Todo esto podría ser anecdótico. Lamentablemente, la crisis de Grecia no va a afectar solamente a los griegos. Un «dénouement» desordenado de la situación griega va a complicar las posibilidades de la Argentina de acceder a los mercados internacionales de capitales con todas las consecuencias que ello puede traer.
Interrogante
La semana pasada hubo un atisbo de solución que fue rápidamente descartado por Angela Merkel. Alemania se opone a un rescate. La pregunta es: ¿podrá seguir oponiéndose por mucho tiempo más? Hace diez días en Londres, un alto ejecutivo de un fondo con importantes inversiones en Grecia me aseguró que el rescate estaba fuera de duda, que el agujero financiero de Atenas era simplemente un error decimal para la Unión Europea y que las consecuencias de un default eran demasiado serias. Las declaraciones de Merkel parecen contradecirlo. Si la canciller alemana logra imponer su opinión, las opciones para Grecia son limitadas.
La mejor sería un rescate orquestado por el FMI. Parece inconcebible. ¿Un país de la Unión Europea rescatado por el FMI? Básicamente, esto fue lo que se le negó a la Argentina en 2001. El apoyo de Estados Unidos sería clave. Claramente, la actitud de los estadounidenses ha cambiado después de la debacle de 2008. Hoy son menos dogmáticos. El imperioso John Taylor ya no es el secretario del Tesoro, sino Tim Geithner, arquitecto del rescate al gigante asegurador AIG (que en tamaño es parecido al que requiere Grecia). Por otra parte, en Estados Unidos ya no queda mucho margen para megarrescates. Los norteamericanos van a argumentar que se trata de un problema europeo y que debe ser resuelto fundamentalmente por la UE.
Además, un rescate del FMI puede abrir una caja de Pandora. Otros países pronto se pueden encontrar (si no se encuentran ya) en una situación similar y requerir la misma asistencia financiera. Parecería que el dilema del riesgo moral es imposible de eliminar de la arquitectura de la economía global del siglo XXI. El gran problema con Grecia es cómo imponer disciplina fiscal a una sociedad con políticos y sindicatos tan recalcitrantes. Ningún plan de austeridad va a ser fácil de implementar.
Otra opción, no excluyente de la anterior, sería una variante del Plan Brady, que se lanzó a fines de los ochenta para resolver el problema de la deuda latinoamericana. Este plan requeriría un megacanje de la actual deuda por nuevos bonos a muy largo plazo con su principal y parte de sus intereses garantizados explícita o implícitamente por la Unión Europea. Esto le daría cierto alivio financiero al actual Gobierno. Pero esto no resuelve la cuestión de fondo: cómo reducir el déficit fiscal, es decir, cómo reducir el gasto público, cuyo principal componente son los sueldos del sector público.
La tercera opción por considerar es la de los gobiernos provinciales argentinos durante la crisis de 2001. Es decir, la emisión de cuasi moneda para pagar los gastos corrientes. Esto, obviamente, es inconsistente con la pertenencia al euro, y probablemente las autoridades de la UE no lo autorizarían, pero podría permitir al Gobierno griego una devaluación gradual y encubierta. Además, la coexistencia virtual de dos monedas establecería un tipo de cambio implícito y, eventualmente, si es necesario, ayudaría a una salida ordenada del euro.


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