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Lo nuevo de Jorge Miño, un cruce entre lo ficticio y lo real
El mundo inasible de “La piel translúcida” (fotos impresas sobre muselina que flotan en el espacio), y “La lógica de las formas”, dos ejemplos del cambio de Jorge Miño al otorgarle volumen a sus imágenes.
En la gran sala C, el fotógrafo Jorge Miño exhibe "El umbral de lo invisible: donde el final es un comienzo", una serie de imágenes y dos instalaciones. Miño mantiene en esta muestra los temas y el estilo que lo caracterizan, pero pegó un gigantesco salto creativo: le otorgó volumen a sus imágenes. Las ideas del artista, sus tensiones y obsesiones y el espesor de sus sentimientos, aparecen en la obra: son la materia de la obra. El tema que Miño trabaja desde hace años es la forma de la arquitectura urbana y, hoy, la consustanciación con el motivo es extrema.
En este sentido se destaca la instalación "La piel translúcida", una extensa serie de fotografías de gran formato impresas en blanco y negro sobre muselina. Las formas casi totalmente abstractas se han escapado del plano, flotan etéreas en el espacio. La yuxtaposición de las sedas que cuelgan del techo una detrás de la otra, configuran varias secuencias de imágenes. La levedad de la muselina coincide con las grandes curvas abiertas y, su transparencia genera nuevas formas. En esa marea de grises, el espectador descubrirá al desplazarse y según sea su punto de vista, cómo se combinan las fotos al superponerse. Así, envuelto en una nube de imágenes, percibirá un mundo inasible. La curadora de la muestra, Gabriela Urtiaga destaca la doble condición, visible e invisible, de esta obra, y observa: "Las imágenes de Jorge Miño que componen esta muestra nos proporcionan la posibilidad de experimentar una realidad multiplicada. El ingreso a un universo heterogéneo y en constante cambio, en donde el artista selecciona los nudos principales del campo de la arquitectura y los tensiona, creando un nuevo in between. Un limbo no declarado que surge de los cruces entre lo real y lo utópico".
En medio de la oscuridad se levanta "Sin Fin": dos escaleras que se cruzan en la mitad de su extensión, encerradas en una caja de cristal. Un recurso simple, las escaleras formando una perfecta X, determina una visión ascendente y otra descendente. Luego, las escaleras descansan sobre un piso de espejo y la imagen se reproduce hasta el infinito. Las fantasmagorías se reiteran entre engañosos reflejos y resplandores y el objeto tiende a desaparecer. Lo real se confunde con lo fantástico. Es magia, si, pero una magia cuya poderosa atracción no se desvanece al descubrir el truco. No es preciso rescatar el significado de la obra ni construir una explicación. La inestabilidad del paisaje se asemeja tanto a la de la vida que, la propia obra sienta evidencia de su contenido poético, simbólico y metafórico.
Miño suele mirar las superficies de la arquitectura con un ojo sensible y sensual. Pero en esta muestra, más allá de recrear sus imágenes en tres dimensiones, atrapa en el plano y con la ayuda de unos espejos, el extravío de las formas. El delirio de las cosas está representado en unas fotos cuyo alucinado motivo es una gigantesca estructura de caños llevada al infinito. Ese universo donde se cruzan las líneas verticales y horizontales se percibe como el soporte de una obra en construcción. Pero es una obra de una dimensión desmesurada y detenida en el tiempo. No hay en las imágenes signo alguno de adelanto, retroceso o movimiento. Miño ha logrado suprimir el pasado y el futuro, dejando a la vista tan sólo un interminable presente. La visión de este paisaje uniforme habla de la pasión y la libertad del artista para mostrar su intuición de lo inexorable, lo atroz de un continuo ininterrumpido sin ayer y sin mañana. La estructura no sostiene nada, aunque paradójicamente la serie se llama "La lógica de las formas".
La muestra concluye con una fotografía plenamente abstracta, una imagen oscura en blanco y negro donde las formas han estallado y se disgregan. La característica de las imágenes de Miño es la ausencia del hombre, ausencia que en esta exhibición cobra un nuevo sentido. La belleza formal de la arquitectura está presente, pero también la evidencia de que su misión es albergar al hombre.
Prior y Miño transitan épocas diferentes, utilizan técnicas y procedimientos distintos; vislumbran cuestiones del mundo ajenas unas de otras, pero los dos y cada cual con su estilo, crean universos fantásticos conectados con la realidad y deparan experiencias intensas.


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