9 de julio 2013 - 00:00

Lo peor es mejor

Lo peor es mejor
Se supone que normalmente cuando cae el precio de los bonos (trepa la tasa que pagan los treasuries) el precio de las acciones tiende a subir y viceversa. La hipótesis favorita detrás de este razonamiento es que lo que vemos es un arbitraje entre una alternativa más riesgosa (las acciones) y otra menos riesgosa (los bonos) o para decirlo más claro: se venden/compran acciones para comprar/vender bonos. Esta especie de juego de suma cero se justifica dentro de un marco económico cerrado. Pero cuando hacemos entrar en esta ecuación las expectativas inflacionarias las cosas cambian. Mientras la variación de los precios se mantenga dentro de parámetros "normales" lo esperable es que en la medida en que aumente la expectativa de mayores precios aumente también la tasa y algo similar ocurra con el precio de las acciones (si bien podríamos ver una caída de la ganancia real, los ingresos nominales y el valor de los activos se incrementarían con la mayor inflación). Este doble juego explica por qué ayer el Dow avanzó un 0.59% a 15224.69 puntos y la tasa retrocedió de un 2.71% al 2.65% mientras en lo que va del año el Promedio Industrial gana el 16.18% y la tasa de los treasuries a 10 años trepó 89 puntos básicos. Lo que puede parecer ilógico a primera vista, entonces no lo es y estaría hablando de un escenario de largo plazo no demasiado halagüeño que fácilmente podría derivar en nuevos récords históricos para los principales índices (ayer lo hizo el Russell 2000). Esto va mucho más allá del temor o no a un cambio en la actual política expansiva de la Fed. Luego del cierre, Alcoa disparó la nueva temporada de balances y gracias a cierta contabilidad creativa fue más que bien premiada por los inversores.         

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