Mensajes a través de las Blackberry, o fugaces visitas a sitios de internet como Marketwatch fue la única actividad que ejercieron los operadores (en realidad, sólo los jefes de mesa de bancos, y no todos). Los más sofisticados contaban con el servicio de Bloomberg Anywhere, con cotizaciones al minuto en sus celulares. Seguían repercutiendo en conversaciones las recientes designaciones del gabinete, concretamente la del ministro Amado Boudou. Nada bueno se decía y era obvio: fue quien llevó la defensa mediática de la decisión de estatizar a las AFJP, que fue casi la lápida para el ya golpeado mercado de capitales doméstico. Más aún, el deseo de Boudou de volver a obtener financiamiento de inversores va a requerir un exorcismo del flamante funcionario, es decir, una suerte de «desdemonización» (o «desmorenización», si se quiere) de los comportamientos hasta ahora vistos. Operadores detallistas destacaban ayer un hecho: en el acto por el Día de la Independencia en Tucumán, el ministro de Economía fue ubicado en una segunda línea de funcionarios. Algo a favor: no viajó Moreno.
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También los mesadineristas más veteranos recordaban ayer intentos oficiales de diálogo y búsquedas de acuerdo entre diferentes gobiernos, empresas y gremios. Nunca tuvieron éxito, lo cual es lógico, habida cuenta de lo imposible de poner de acuerdo a sectores tan enfrentados. De hecho, si un bloque en el Senado de sólo dos personas, como el de la Coalición Cívica se divide, imaginar un entendimiento del Gobierno kirchnerista con otros sectores es digno de un cuento de Ray Bradbury, ícono de la ciencia ficción. Lo que sí agregaba un reconocido economista que, como pocos, conoce al dedillo el funcionamiento de los mercados, es que la decisión presidencial responde a las necesidades de caja. «Negociemos Inodoro», agregaba la fuente, parafraseando al personaje de la célebre tira de Fontanarrosa.
Otra conclusión que circulaba de los anuncios de ayer es que significaba esa convocatoria el pasaje de ida -sin retorno obviamente- de Guillermo Moreno. Igual nadie se animaba a comprar bonos simplemente por este dato, pese a que, de confirmarse, implicaría una ganancia inmediata del 20% mínimo, basta con calcular cuánto perdieron los papeles argentinos desde la intervención del INDEC, neteado de las variaciones de Wall Street.
Precisamente en Nueva York hay comportamiento prácticamente neutro en los últimos días. Y no es para menos: hay gran expectativa por los resultados del segundo trimestre que divulgarán las principales cotizantes. Alcoa fue la primera, con una pérdida de 38 centavos por acción, lo que representó el tercer resultado negativo consecutivo. Todo un símbolo, ya que este gigante mundial del aluminio marca el pulso de la producción industrial norteamericana, que sigue en baja. La semana próxima será el turno de los balances de los principales bancos. Para agendar: el martes es el turno de Goldman Sachs (ayer subió un 4,2% por la expectativa de buenos resultados), el 16 le toca al JPMorgan y el viernes 17, al Bank of America y el Citi. Este último hace ya un par de semanas que bajó de los u$s 3 tras la gran recuperación del segundo trimestre y ahora navega en torno a los u$s 2,65. Nadie descarta a esta altura que la acción vuelva al terreno de u$s 1, ya que le costará mucho devolverle al Gobierno norteamericano la millonaria ayuda recibida.
Sólo el largo feriado permitió disminuir la presión sobre el dólar en el mercado local. El Central tuvo que vender todos los días para evitar saltos exagerados en el precio, y las perspectivas para los próximos tres meses no son buenas. Cayó el precio de la soja a u$s 400, el real brasileño cotizó más débil en las últimas dos semanas, pero sobre todo se espera una drástica disminución en la liquidación de los exportadores agrícolas. Con menos oferta y una demanda que sigue firme, será casi inevitable que Martín Redrado continúe perdiendo reservas. Para colmo, la incertidumbre que generó entre los inversores el recambio de gabinete tampoco ayudó para mejorar las expectativas. Aunque en el Gobierno perjuran que no quieren un dólar más allá de los u$s 4 a fin de año, todo dependerá del grado de confianza que puede despertar el Gobierno de ahora en más.
Un tema que desvela a los banqueros es cuándo autorizará el Gobierno la distribución de dividendos, ya que hace meses viene demorando la autorización. Desde la autoridad monetaria habían prometido que todo se destrabaría después de las elecciones legislativas. Pero tras los comicios hubo un cambio de planes: «Por ahora, todo sigue como estaba, no hay cambios de planes», respondieron algunos directores ante la consulta de los propios banqueros.
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