¡Viven! Como si fuera la tragedia de los Andes, ocurrió ayer el milagro. Al cierre volvió el oxígeno a las mesas de dinero con la espectacular suba del 4% del Dow Jones que se derramó en las principales plazas del mundo. Incluso, había quienes se quedaron hasta el poscierre en sus oficinas de Puerto Madero y festejaban que a futuro, para la apertura de hoy, el Dow Jones, se operaba con alza del 0,7%. Recuperar lo perdido demorará varias semanas, pero al menos, quedó la sensación de que se había tocado un piso. Volvieron las madrugadas de operadores, sintonizando «Bloomberg TV» en Cablevisión o Direct TV, para monitorear los mercados europeos.
Aún así nadie cantaba victoria. Las heridas por la caída del lunes fueron muy profundas. Además, las causas que generaron el pánico excedieron largamente la baja de la calificación por parte de Standard & Poors. La preocupación sigue pasando por la posibilidad de que Estados Unidos caiga finalmente en una nueva recesión y particularmente la manera en que las autoridades europeas harán frente a los problemas de deuda de la mayoría de los países. Con la suba de ayer, el Dow Jones recuperó un 67% de lo que había caído el lunes. Aún le restan 205 puntos para llegar al nivel de fines del cierre de la última semana.
Prácticamente nadie creía que la tasa a diez años de los bonos norteamericanos podría caer hasta los niveles que se observaron ayer. Finalizó en el 2,18%, marcando un precio récord para estos títulos, que se transformaron en el gran refugio. Sucede que la promesa de la Reserva Federal de no subir las tasas por lo menos hasta 2013 «planchó» todavía más los distintos rendimientos. Representa una buena noticia para los emergentes, ya que en la medida que sea tan poco atractivo comprar bonos norteamericanos habrá más dinero para volcarse a otras economías. Además, para los que busquen refugio en este activo, la apuesta puede ser muy mala: en cuanto empiecen a repuntar las tasas de largo plazo, los inversores que poseen títulos norteamericanos pueden sufrir pérdida de capital.
Las proyecciones sobre la economía norteamericana van de un extremo al otro. Un eterno pesimista, Nouriel Roubini consideró inevitable que la economía norteamericana vuelva a sumergirse. Algunos operadores, comprados, obviamente, jugaban a los dardos con una foto de Roubini. Al menos, los bancos de inversión todavía mantienen la esperanzas: en sus escenarios aún prevén que el crecimiento de EE.UU. de 2011 rondará entre el 2% y el 2,5%. Pero hay muchas dudas sobre estos pronósticos. «El escenario de una expansión más lenta, pero crecimiento al fin, no está incorporando los episodios de la última semana. La caída de los mercados generará un efecto pobreza tal que sin dudas impactará negativamente en el consumo norteamericano, mucho más de lo que se esperaba hasta fines de julio», razonaba el economista jefe de un banco de inversión extranjero. Será clave lo que suceda en Europa, porque si se agrava el problema de la deuda los cimbronazos llegarán inexorablemente a Estados Unidos.
El sector bancario fue el gran ganador de ayer, tanto en Wall Street como en el mercado porteño. La caída del lunes había sido brutal y la recuperación de ayer fue notable, aunque no alcanzó para recuperar totalmente el desplome del lunes. Banco Macro ganó un 8,06% y el Grupo Financiero Galicia subió el 8,65%, transformándose en los dos mejores papeles locales. En este último caso, los inversores apostaron favorablemente al resultado trimestral que se divulgó ayer luego del cierre de la rueda. Los $ 247 millones de utilidad del segundo trimestre comparan con los $ 72 millones del mismo período del año pasado, lo que podría impulsar nuevamente a la acción en la jornada de hoy, pero siempre y cuando el clima general de los mercados acompañe. Igual la cotización de los bancos sufrió una fuerte retracción en lo que va del año. Algo parecido sucedió en Wall Street. El Citi, ya es un suplicio para los inversores desde que fue salvada por el Gobierno en 2008. El lunes había caído más del 15%, y ayer al menos trepó un 13%. El índice XLF, que sigue la evolución de los principales bancos norteamericanos trepó un 7,76%.
Tal vez se haya tratado de la famosa «ley de la compensación». En el medio de la tormenta, S&P anunció que la rebaja del techo soberano en Estados Unidos no necesariamente implicaba una reducción de la nota para otros emisores subsoberanos, como los municipios, que acceden regularmente al mercado a financiarse. La decisión tiene su lógica, incluso observando la experiencia de la Argentina. Si bien el Gobierno dejó de pagar a fines de 2001, seguido por la mayoría de las provincias, la Ciudad de Buenos Aires siguió pagando normalmente los vencimientos en dólares del bono Tango.
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