Además de su posibilidad de acceso a la base armado, el móvil de la matanza sigue siendo un misterio. "Es difícil creer que alguien con una historia tan controvertida pudiese obtener una autorización para entrar en un comando militar como el Navy Yard", afirmó ayer el alcalde de la ciudad, Vincent Gray, que eliminó definitivamente las dudas sobre la existencia de uno o más cómplices.
Alexis actuó solo, confirmó. Pero, en efecto, aunque no se haya tratado de ninguna acción organizada o no se haya encontrado tampoco conexión alguna con algún grupo terrorista, el pasado del tirador, de 34 años, habría tenido que despertar la alarma.
Alexis sufría problemas psicológicos, que le hacían escuchar voces en su cabeza y le impedían controlar impulsos violentos, según investigadores policiales.
El hombre, nacido en Brooklyn, pero residente en los últimos tiempos en Texas, llevaba una semana trabajando en el Navy Yard para una filial de la empresa Hewlett-Packard, que le había dado un pase para acceder al lugar.
De los registros de la Policía se conocen, sin embargo, al menos dos encontronazos de Alexis con la Justicia: en el primero, ocurrido en 2004, fue arrestado en Seattle tras haber disparado tres veces a las ruedas de un automóvil que unos obreros de la construcción habían estacionado cerca de su casa.
Su padre dijo entonces a los detectives que su hijo tenía problemas para contener su rabia debido a un "desorden de estrés post-traumático", ya que Alexis había participado en las tareas de rescate del 11 de septiembre de 2001.
El segundo episodio se produjo en 2010 en Fort Worth, Texas. Alexis disparó dentro de su casa, apuntando el arma hacia el techo, hiriendo a una vecina que vivía en el piso superior. Alexis se defendió de la imputación, con el argumento de que estaba limpiando el arma reglamentaria y se le escapó un tiro.
También durante el tiempo que prestó servicio en la Marina, Alexis había tenido problemas. Había sido investigado una decena de veces por mala conducta, pero pese a ello se ganó un par de condecoraciones menores y la Armada nunca mencionó sus problemas. Tras salir de la Marina, Alexis había empezado a acudir a un templo budista donde meditaba, quizá para tratar de controlar sus ataques de cólera, pero al mismo tiempo se dedicaba de forma casi obsesiva a los videojuegos.
En los últimos meses había entrado a trabajar en la empresa informática y un día antes de la matanza había acudido a la instalación sin crear problemas. Tenía acceso al Navy Yard por su trabajo como contratista y utilizó un pase válido para ingresar.
Pero, ¿cómo pudo entrar en el complejo ayer con tres armas dentro de su vehículo? ¿Acaso la reducción de costos afectó a la seguridad de la Marina? Las preguntas esperan respuesta.
| Agencia ANSA |


Dejá tu comentario