21 de mayo 2009 - 00:00

¿Logrará el yuan reemplazar al dólar?

Así como el dólar destronó a la libra, ¿será el yuan renminbí el que arrebate al dólar la hegemonía monetaria internacional? Nouriel Roubini, el economista de la Universidad de Nueva York que previó mejor que nadie la mutación de la crisis subprime en una pandemia global, lo cree posible. En la misma vena que Jim Rogers -el legendario inversor que vaticina que la próxima crisis será la del dólar-, Roubini afirma que su preminencia estará amenazada «antes de lo que se piensa». A la hora de elegir el candidato para su reemplazo, la conclusión es terminante. Ni el euro ni el oro. Ni divisas menores como el franco suizo, el yen o la libra. Tampoco el híbrido de los derechos de giro (DEG). A su juicio, el dólar abdicará a favor del yuan renminbí. ¿Será así? Es difícil de creer. Como nunca se debe decir que de esta agua no se ha de beber, no se dirá que es imposible. Pero ¿cómo no pensarlo?. En última instancia, aun si se concede que todos los obstáculos técnicos podrán sortearse en el tiempo, ¿confiará el mundo sus ahorros a una moneda controlada por el Comité Permanente del Partido Comunista chino? No es sencillo imaginarlo.

Las debilidades del dólar son conocidas como para ventilarlas de nuevo. Pero que su hegemonía las haya sobrevivido sesenta años sin perder predicamento no justifica ignorarlas. Nadie da por sentado que su imperio durará por siempre. Sin embargo, la falta de alternativas viables puede extender su vigencia. No se varía de moneda de reserva como se muda de camisa. La demanda de una moneda como activo internacional obedece a muy fuertes externalidades de red. Se usa la que usan todos los demás. Es menester acumular una gran masa crítica de elementos a favor para lograr una sustitución drástica de patrón. De hecho, en el plano del dinero fiduciario, no hubo otro cambio de guardia que el ya citado del dólar desplazando a la libra. Y sólo ocurrió treinta años después del apogeo del Imperio Británico.

La internacionalización del yuan renminbí pertenece a la agenda de política económica de China. Pero en un país de historia milenaria no es la urgencia la que dicta los tiempos. Por eso, llama la atención lo intenso de la actividad reciente. A fines de 2008, el Gobierno aprobó dos planes piloto para la liquidación en yuanes de operaciones de comercio exterior entre las regiones de los deltas de los ríos Perla y Yangtsé, y los territorios especiales de Hong Kong y Macao, y entre las regiones de Guangxi y Yunnan, y los países de la Asean. Si bien no es inédito que haya transacciones comerciales fronterizas con privados que se pacten y liquiden en yuanes (una práctica de los años noventa), es la primera vez que el Gobierno las impulsa. En paralelo, la firma de acuerdos de canje de monedas (swaps cambiarios) entre el Banco del Pueblo de China y los bancos centrales de países tan diversos como Corea del Sur, Indonesia, Bielorrusia o la Argentina es otro eslabón que importa. En ese sentido, Hong Kong, que participa de ambas iniciativas, se perfila como el centro offshore natural para la compensación de yuanes; un requerimiento logístico esencial para ampliar el uso internacional de la moneda. Allí se autorizó (sólo para individuos) la apertura de cuentas bancarias en yuanes desde 2004 y en 2007, las primeras emisiones de bonos bancarios en la moneda china. Acceder a un swap cambiario por el equivalente a casi 30 mil millones de dólares le brinda a Hong Kong una reserva (back up) de liquidez en yuanes de corto plazo suficiente para apuntalar tanto la operatoria de los bancos locales en el continente como la de los bancos chinos en la isla. Después de una oleada de discursos oficiales -que ventilaron, a viva voz, dudas con respecto al dólar y la conveniencia de utilizar los DEG como fuente de la liquidez mundial-, ¿qué significa el alistamiento de esta flamante plataforma de negocios? ¿Está China pisando el acelerador de su proyecto de internacionalización del yuan? ¿Es un indicio de que el protagonismo del dólar ya está en jaque; como dice Roubini, mucho antes de lo pensado?

No hay dudas de que la crisis internacional forzó decisiones. Rápidas y en tropel. Señales de debilidad, no de fortaleza. No es la oferta copiosa de dólares y el temor sobre su futuro lo que las motiva. Todo lo contrario: es la asfixia que provocó la súbita escasez de dólares. O sea, la misma fuerza que obligó a la Fed a multiplicar por 2,5 el tamaño de sus pasivos monetarios y a suscribir acuerdos de canje cambiario con 14 bancos centrales y que, en el pico de su utilización, irrigaron más de 600 mil millones de dólares a una decena de sistemas financieros sedientos. De la misma manera, es la inestabilidad financiera regional y, sobre todo, la atrofia del comercio (la peor amenaza para cualquier mercantilismo) lo que apura las medidas de Pekín. Como lo promete periódicamente la irrupción de las cuasi monedas en las provincias argentinas, aumentar la circulación internacional del yuan es, antes que nada, un paliativo para sostener la actividad económica. No es sólo el comercio de bienes de consumo o regional lo que preocupa. El swap con Bielorrusia se enlaza con la financiación para la compra de plantas chinas de energía. El canje con Corea del Sur despeja la reticencia de los bancos locales a prestarles a sus pares coreanos que operan en China.

¿Querrá China ir más allá de favorecer el uso del yuan en el comercio? La cuenta de capitales permanece cerrada con candado, aunque la experiencia indica que si se abre la cuenta corriente, es imposible luego limitar su porosidad. Sin embargo, es sugestivo que el titular del banco central, el gobernador Zhou, no sólo abogue por un régimen monetario basado en los DEG. En un artículo menos difundido, pero revelador, Zhou enfatiza la naturaleza estructural de las tasas de ahorro y su consecuente rigidez. A buen entendedor, sobran palabras. Para que el mundo incorpore los yuanes como activo de reserva internacional, China debería incurrir en déficits sistemáticos de cuenta corriente. Debería destruir su tasa de ahorro para alimentar una generosa provisión. Lo que Zhou no ve posible (ni conveniente) en un horizonte cercano.

Dejá tu comentario