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Logró Zapatero la aprobación de moderada reforma laboral
Los dirigentes sindicales convocaron ayer a delegados en la plaza de toros de Vistalegre. Intelectuales y artistas manifestaron su apoyo a la huelga prevista para el 29 de setiembre.
Las centrales sindicales Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores definieron la reforma como una «regresión social muy clara».
El texto aprobado, que había sido reclamado por la Unión Europea, incluye el pacto entre el socialismo y los nacionalistas vascos para determinar las «causas económicas objetivas» por las que un empresario puede despedir al trabajador con 20 días de indemnización por año, frente a los 33 establecidos para despidos injustificados.
Las empresas podrán argumentar pérdidas «actuales o previstas», o la «disminución persistente de su nivel de ingresos» para apelar al procedimiento de excepción.
Indemnización
Con la nueva ley, asimismo, se generaliza el uso del contrato de fomento del empleo, por el que se recibe una indemnización de los citados 33 días por año trabajado, al incluir en ese segmento a trabajadores fijos de entre 31 y 45 años que antes estaban en el denominado contrato fijo ordinario, con 45 días de compensación.
La normativa, por otro lado, establece sanciones para los desocupados que rechacen cursos de formación en un tiempo que se reduce de 100 a 30 días, y facilita el despido por ausentismo.
También, mediante un Fondo de Garantía Salarial se prevé que se paguen 8 días de indemnizaciones de despido por «causas objetivas» tanto en contratos con remuneraciones por 45 días, así como otros de 33 y 20 días.
La reforma fue considerada por la mayoría de los grupos parlamentarios, incluido el conservador Partido Popular que lidera Mariano Rajoy, como inapropiada para la crisis que atraviesa a España desde principios de 2008, en la que el desempleo alto, cifrado en 3.908.578 personas, es su faceta más dramática.
La iniciativa es obviamente resistida por sindicatos que convocaron a la huelga, y que habían sido aliados de Zapatero en sus primeros seis años de gobierno. Las dos principales centrales realizaron un acto previo en Madrid a la huelga general. Se trata de «un paso atrás en materia de derechos, de calidad laboral», aseveró el jefe de Unión General de Trabajadores, Cándido Méndez. Junto con su colega de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández Toxo, en un acto con más de 16.000 representantes de sindicatos en Madrid, Méndez acusó además a Zapatero de abrazarse «con desesperación al discurso que rechazaba hace poco».
Pese a que encuestas anticipan que la convocatoria a la huelga tiene escaso consenso, Rodríguez Zapatero reconoció que los sindicatos tienen capacidad de movilización, mientras representantes de la cultura y el espectáculo del país, como el cantautor Joaquín Sabina, el actor Juan Diego, el poeta Benjamín Prado o la escritora Almudena Grandes respaldaron la huelga. Mediante un manifiesto, los artistas consideraron que se trata de llamar la atención a «todos los ciudadanos dispuestos a manifestar su oposición a una Europa gobernada por mercaderes, sin lugar para la política y espacios públicos del Estado».
Fuera de lugar
En cambio, el secretario general de confederación de empresarios española, José María Lacasa, valoró que un paro general está «fuera de lugar» en un contexto de dificultades económicas.
El Ejecutivo español aprobó en mayo un plan de ajuste que implicó, entre otras cosas, reducciones de salarios de trabajadores estatales y recortes en obra pública.
Acompañado luego por la reforma laboral, el llamado «plan de austeridad» significó también la suspensión de la revalorización de las pensiones.
A su vez, el Gobierno tiene intenciones de retrasar la edad de jubilación de 65 a 67 años. Otra medida pro mercado de un Zapatero que paga culpas por haber negado la crisis durante meses y demorado medidas que la agravaron.
Agencias ANSA, AFP y DPA

