25 de octubre 2017 - 00:00

“Lola Montes fue mucho más que la amante de un monarca”

La exótica bailarina del siglo XIX, que llevó al cine Max Ophüls, es objeto de un exhaustivo estudio.

Morató. La autora española, especialista en biografía de mujeres extraordinarias, consagró su nuevo libro a Lola Montes.
Morató. La autora española, especialista en biografía de mujeres extraordinarias, consagró su nuevo libro a Lola Montes.
"No fue una mera cortesana, ni una sicalíptica artista de vodevil, ni la pionera del striptease; fue una chica inteligente, muy avanzada para su tiempo, que decidió reinventarse para sobrevivir, dejó de ser la pobre divorciada irlandesa Elizabeth para convertirse en la bailarina española Lola Montes, amiga de Dumas, Balzac y George Sand, coleccionista de amantes, entre ellos un rey que la hizo condesa", dice la barcelonesa Cristina Morató sobre su libro "Divina Lola" (PJ / Penguin). Morató pasó del periodismo a las novelas biográficas publicando las exitosas "Viajeras intrépidas y aventureras", "Las reinas de África", "Cautivas en Arabia", "Divas rebeldes" y "Reinas malditas". En su breve primera visita a Buenos Aires dialogamos con ella.

Periodista: Tras haber escrito sobre exploradoras de territorios geográficos, ¿ahora eligió contar de una exploradora de terrenos sexuales?

Cristina Morató: No. Lola Montes, además de cortesana, y amante del rey Luis I de Baviera, y de haber tenido a Franz Liszt a sus píes, y llevado una vida marcada por el escándalo, si hubiera sido solo una cortesana al uso creo que no me habría atrapado tanto. Esta mujer no tiene nada que ver con las exploradoras que yo he recuperado, pero me fascinó su parte viajera y aventurera. Sobre todo cuando, en 1850, comienza una vida tremenda de viajes. Antes de morir, a los 40 años, había recorrido 127.000 kilómetros, es como si hubiese dado tres veces la vuelta al mundo.

P.: ¿Cuándo la encontró como personaje?

C.M.: Investigando para "Mujeres intrépidas y aventureras", el primero de mis libros, sobre viajeras de América Central, descubrí una tal Lola Montes, artista española que a lomo de mula había cruzado el itsmo de Panamá en 1852. Algo arriesgado. Muy pocas mujeres viajaban solas por esas latitudes. A partir de ahí me animé a profundizar en su vida, lo que me llevó su tiempo. Seguí sus pasos por París, Londres, San Francisco, Sacramento, Nevada, los pueblos mineros donde bailó su célebre danza de la araña, donde simulaba sensualmente buscar una araña que se había metido en su corsé. Estuve en Grass Valley, donde organizaba tertulias literarias y daba conciertos de guitarra española. La información más completa la guarda la Bradford Library de la Universidad de Berkeley. Se ha tergiversado mucho la historia de Lola; por ejemplo, se ha dicho que fue la pionera del striptease, lo que no es cierto. Gracias a documentos de la Bradford, y los archivos estatales de Baviera con la correspondencia entre el rey y ella, pude escribir la primera biografía seria que se publica en lengua española.

P.: Lo atrapante de Lola son sus máscaras. Es más actriz por la imagen que presenta que por su actuación. Es una falsa bailarina, una española falaz...

C.M.: Es una impostora. Es un regalo para un escritor. Se inventa un personaje. Deja de ser la irlandesa Elizabeth Rosanna Gilbert. Creo que como Elizabeth no habría hecho mucho en su vida, y habría llevado una vida penosa. A los 20 años era una chica hermosa con un matrimonio fallido, una divorciada en una sociedad como la Victoriana, donde eso la volvió una mujer marcada. ¿Qué habría sido de esa chica sola y sin dinero? No lo sabemos. Pero hizo lo mismo que Mata Hari, otra célebre impostora; se inventó un personaje para hacer realidad sus sueños, ganar dinero y sobrevivir. Cómo Elizabeth no habría trascendido, como Lola Montes tuvo reyes y emperadores a sus pies, colección de amantes, un rey de 60 años totalmente enamorado, que por ella tuvo que abdicar. Se inventó como bailarina española porque eso estaba de moda y su figura se lo permitía. Y fascinó como morena y ardiente andaluza, indócil y atractiva. Como Lola pudo viajar a América. Fue pionera en el Lejano Oeste, una de las primeras empresarias teatrales en Broadway. Fue autora del best seller "The arts of beauty, or secrets of a Lady's toilet, with hints to gentlemen on the art of fascinating". Una conferencista de éxito que ganó más que Dickens. Manejaba la prensa y sabía cómo ser noticia. Era culta y tenía contundentes ideas políticas. Y todo eso lo consiguió en veinte años como Lola Montes Fue una adelantada que quiso vivir sin depender de un hombre.

P.: Pero fueron los hombres la que la llevaron a ser Lola Montes...

C.M.: No le tocó muchas veces otra que depender de los hombres. Las artistas tenían sueldos miserables y debían buscar protectores que pagaran sus facturas. Era muy independiente pero necesitaba protectores porque siempre andaba con problemas de dinero. A mí me interesa la Lola que huyó de Munich y se reinventó. Resurgió de sus cenizas como el Ave Fénix cuando ya no tenía la protección del rey Luis, que la nombró condesa de Landsfeld. Se la permitió inmiscuirse en asuntos de Estado, surgió el rumor fatal de "Lola Montes, monarca de Baviera a la sombra", como si ella fuera quien mandaba, y por eso el rey debió abdicar. Era una mujer que no había nacido para ser un personaje secundario. Nunca se conformó con ser una amante al uso, se aburría. Su personalidad arrolladora se lo prohibía. A pesar de estar siempre enferma, por la malaria que había contraído en la India, era capaz de reinventarse cada vez que lo necesitaba. No era feminista pero mostró que una mujer independiente, inteligente, con imaginación, instinto artístico y fuerza de voluntad puede llegar a donde se lo proponga.

P.: ¿Cuál es su nueva aventura biográfica?

C.M.: Por el momento Lola me tiene totalmente ocupada, pero pienso seguir escribiendo sobre mujeres, descubriendo vidas fascinantes, y devolverles el lugar que les corresponde en los libros de historia.

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