12 de agosto 2014 - 00:00

“Londres enseña a ser buena bailarina y actriz a la vez”

Marianela Núñez en el Royal Ballet de Londres: “Ahora es muy difícil encontrar ballet clásico puro, pero la escuela inglesa se preocupa por mantener esa tradición”.
Marianela Núñez en el Royal Ballet de Londres: “Ahora es muy difícil encontrar ballet clásico puro, pero la escuela inglesa se preocupa por mantener esa tradición”.
La bailarina argentina Marianela Núñez, estrella del Royal Ballet de Londres, encabezará mañana una gala internacional destinada a celebrar en el Teatro Nacional Cervantes los 10 años de vida del Ballet Metropolitano de Buenos Aires dirigido por Leonardo Reale. La función, que contará también con la participación de Luis Ortigoza y Natalia Berrios (Teatro Municipal de Santiago, Chile), Sergio Neglia (Neglia Ballet, Estados Unidos), Agustina Galizzi y Roberto Rodríguez (Compañía Nacional de México), Julieta Paul (Teatro Argentino de La Plata), Karina Olmedo, Silvina Vaccarelli y Nahuel Prozzi (Teatro Colón), tendrá entrada libre y gratuita y será a beneficio del Hospital Garrahan. Dialogamos con Núñez:

Periodista: ¿Qué significa cada regreso a la Argentina en lo afectivo y profesional?

Marianela Núñez:
Es lindo volver donde comenzó todo y poder compartir lo que hago año tras año allá.

P.: ¿Qué bailará aquí?

M.N.:
El "Adagio de la rosa" ["La bella durmiente"] y "A Buenos Aires", de Gustavo Mollajoli, con Alejandro Parente. Esto mismo lo repetiré en mi ciudad natal, San Martín, el sábado, más el pas de deux del Cisne Negro [de "El lago de los cisnes"].

P.: ¿Qué trascendencia tienen para usted estas obras?

M.N.:
Ya estar haciendo una función es muy lindo. Estoy contenta de hacer el "Adagio", una pieza icónica, y "A Buenos Aires". Lo había hecho en Londres y en una gira en Brasil con Thiago Soares [su marido y colega en el RB], pero hacerlo aquí tiene otro significado.

P.: ¿Qué distingue al Royal Ballet de otras compañías?

M.N.
: Muchísimas cosas. Lo que más me fascina es la base teatral que tienen los ingleses, la manera en que consiguen mezclar el ballet y el teatro es extraordinario. Uno va a ver una función de ballet y no existe ese cliché de "Ah, es un bailarín actuando". Realmente somos actores, nos entrenan para eso. Si uno va a ver allá "Romeo y Julieta" se olvida de que es un ballet, siente que es la obra de teatro o que está en Verona viviendo toda la tragedia: desde la escenografía hasta los movimientos o la interacción de cada personaje, todo está en función del teatro.

P.: ¿Cuáles serían los otros rasgos distintivos?

M.N.:
Musicalidad, finura en todo, en el detalle, pureza. Ahora es muy difícil encontrar ballet clásico puro, y allá es increíble cómo nos entrenan para eso. Hay un cuidado total del detalle, pelucas, trajes, iluminación... estoy enamoradísima de todo eso.

P.: ¿Ese énfasis en la actuación la entusiasma?

M.N.:
Mucho, porque ahí todo tiene sentido. Incluso en un ballet como "La bella durmiente", que si bien no es muy dramático ni profundo, nos enseñan a enfocarlo de manera tal que es posible encontrar varias capas y meterse mucho mejor en la historia. El trabajo allí me ayudó a profundizar y a encontrar el drama en cada pieza.

P.: Su colega Ludmila Pagliero destaca que la formación inicial en Argentina, donde la inmigración propició la presencia de distintas escuelas, le aportó un entrenamiento en distintos estilos.

M.N.:
Es cierto. Yo ahora tengo el estilo inglés que es lo que más me gusta y lo que me fascina, y es mi prioridad, pero si vienen a montar obras de otros estilos al bailarín argentino le resulta más fácil adaptarse, porque fuimos entrenados así desde pequeños. Uno está abierto y se puede adaptar a lo que le entregan. Así uno no sólo puede entregar mucho más sino que absorbe mucho más, como una esponja, y le es fácil.

P.: ¿Qué experiencias de su formación argentina recuerda especialmente?

M.N.:
Tenemos que estar orgullosos de los maestros increíbles que tenemos acá. Yo tuve oportunidad de trabajar hasta los quince con Olga Ferri, Katty Gallo, Sara Rzeszotko, Raúl Candal, Graciela Sultanik... cuando llegué allá la gente se quedaba sorprendida de que a los quince años ya estuviera preparada para entrar a la compañía... no pude porque al ser menor no me podían dar el permiso de trabajo, pero ya estaba preparada para trabajar como profesional, y eso es muy raro a esa edad. Lo que yo llevé armado de acá fue gracias a mis maestros.

P.: Bueno, pero además en su caso hubo una precocidad especial...

M.N.:
Tuve esa suerte, y sí, hubo un poco de todo. También fue haber estado en el momento y lugar indicado con la persona indicada, gente como Maximiliano Guerra que vio desde chica que tenía ese talento y me llevó al escenario.

P.: ¿Fueron difíciles aquellos primeros tiempos en Londres?

M.N.:
Fueron difíciles justamente por esa transición: yo acá estaba bailando, pasé un año en el Ballet del Colón, tenía una vida de profesional, y una vez que uno está en el escenario y le toma el gustito es como darle un caramelo a un niño y después decirle que no. Fue complicado: tuve que volver a la escuela, a agarrarme de la barra, y la adaptación al idioma y a no tener a mi familia fue difícil, pero después de unos años le tomé el gusto y ya es mi lugar en el mundo. Soy feliz allá, y el respeto que me tienen, cómo me guiaron y cuidaron durante la carrera, es increíble. Ahora que pienso hacia atrás veo que me dieron todo de la manera correcta para crecer como artista.

P.: En un nivel de perfección técnica como se encuentra usted, ¿en el momento de salir al escenario eso constituye aún una preocupación o está completamente abocada a la interpretación?

M.N.:
Uno siempre se preocupa de que salga bien en ese momento porque pueden pasar cosas, y uno trabajó durante semanas y semanas y justo ahí no sale como en los ensayos, ese miedo siempre está. Pero eso lo trabajo en el estudio, y ya está incorporado. Tienen que estar las dos cosas al mismo nivel. En este momento de mi carrera sale automáticamente; cuando uno es más joven tiene que lucharlo un poco más.

Entrevista de Margarita Pollini

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