Les recortó el salario en un 28% y disminuyó otros beneficios, como el servicio de restaurante.
Ciudad de México - Los ámbitos del Congreso bicameral mexicano solían ser palacios de máximo lujo con viandas suculentas servidas por solícitos mozos de librea, y ahora adoptaron un perfil que remite más a un convento franciscano. En las instalaciones del Poder Legislativo la nueva mayoría de izquierda del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que entró en funciones el pasado día 1, impuso un régimen de estricta austeridad. Ello se traduce en el fin de lugares donde se rendía culto al derroche y los legisladores se paseaban como verdaderos príncipes, rodeados por guardaespaldas y auxiliares pendientes de cualquier capricho de sus jefes.
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Morena, que ganó el poder abrumadoramente en las elecciones del pasado 1 de julio de la mano de su carismático líder Andrés López Obrador, supo leer correctamente lo que la mayoría de la gente deseaba. Una de las cosas que más disgusta a los ciudadanos es el dispendio de sus representantes populares, según revelaron numerosos testimonios publicados por los medios. El año pasado, el Latinobarómetro 2017, una de las encuestas en América Latina más confiables, arrojó que la confianza de los mexicanos hacia los partidos políticos estaba en su peor nivel en los últimos 22 años. Solo el 9% de los ciudadanos confían en ellos.
Con esta pésima imagen pública, los líderes de Morena decidieron abolir los altos sueldos, los grandes beneficios y prestaciones que hasta ahora permitían a los legisladores llevar una vida digna de un jeque árabe, cumpliendo una promesa de López Obrador.
El martes, el bloque de Morena, que domina ampliamente ambas cámaras, presentó un proyecto de Ley de Austeridad Republicana que elimina las pensiones para ex presidentes, seguros de vida, gastos médicos privados y reducción de gastos excesivos para todo el sector gubernamental. En el caso de los legisladores, se redujeron los sueldos en 28%, en la Cámara Baja, se limitaron los gastos de telefonía, y energía eléctrica y se eliminó el servicio de restaurante.
El propio presidente de la Mesa Directiva del Senado, Martí Batres, se mostró llevando sus alimentos en pequeños contenedores plásticos. Incluso lanzó el llamado "TupperChallenge", un desafío para que sus colegas lleven su propia comida. Ahora sólo hay disponible agua, café y té.
Quedaron atrás los tiempos gloriosos de la tasas de café de primera y bocaditos en abundancia. "En esta novedosa 64 Legislatura, el que llega sin desayunar tendrá que arreglárselas como pueda", señaló el diario El Universal.
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