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Los 90 años de Van Riel son un estímulo para la memoria
El salón de la calle Florida, primera sede de Van Riel, que fue también la primera galería de arte del país destinada exclusivamente a este rubro. Arriba, una obra de Luis Felipe Noé, de la actual muestra “Noé-Astica-Riveiro-Stupía”.
Entretanto, Gabriela Van Riel prepara un libro con la historia de la galería fundada el 7 de junio de 1924, durante la década que un martinfierrista definió como los "últimos años felices de hombres felices". Si se observan las corrientes y contracorrientes del mercado del arte argentino, la galería es casi un milagro de permanencia en el tiempo que demandó la tenacidad de tres generaciones.
El fundador de la galería, Frans Van Riel (1879-1950), estudió en la escuela de Bellas Artes de Roma, llegó Buenos Aires en 1906 como escenógrafo de una compañía de teatro y, aunque la empresa quebró, él decidió quedarse. Trabajó como ilustrador del diario La Prensa, creó Augusta (1918), la primera revista dedicada al arte, y pintó cuadros históricos como "El cruce de los Andes" (que a doble página solía publicar la revista Billiken).
En esa Argentina próspera y con el peso en alza, plena ocupación y miles de inmigrantes de Europa arribando a nuestro puerto para realizar su sueño americano, Van Riel inauguró en la calle Florida 659 la primera galería de arte del país destinada exclusivamente a este rubro. El presidente Marcelo Torcuato de Alvear, que sentía la cultura como una cuestión personal y tenía trato directo con artistas e intelectuales, asistió al vernissage. Desde la retrospectiva, los "años felices" parecen casi fantásticos, más aún si se coteja la triste distancia que establecieron con los artistas los políticos que sucedieron a Alvear, quien no sólo fue su protector y amigo, sino que además supo apoyarlos con becas, premios nacionales y municipales y hasta con empleos públicos.
Con los años Van Riel se trasladó a la calle Talcahuano y luego a Juncal. Entre los recuerdos de la época "feliz" están las fotos de Frans van Riel y su hijo, Kicsi (su mujer) y Gabriela (nieta del fundador y hoy responsable de la galería), en las inmensas salas de la calle Florida con piso en damero de mármol blanco y negro. Allí se realizaron las primeras muestras de pintura europea, las de Figari, Pettoruti, Xul Solar, Del Prete, Spilimbergo, el grupo Madí, el movimiento informalista o Paparella. Entre esos documentos figura una foto de 1980, cuando con una fiesta memorable encabezada por Enio Iommi y Romero Brest (envueltos en serpentinas y papel picado), se cerró el local de Florida. Los artistas pintaron ese día las paredes de una galería tenía 800 metros cuadrados y supo albergar a la Asociación Amigos del Arte, el Instituto de Arte Moderno y la Asociación Ver y Estimar dirigida por Jorge Romero Brest.
Allí estuvo García Lorca, y después de los venissages o las conferencias -como la de Borges sobre la cábala-, partían todos en grupo a comer al Dorá. Jovencísimos, sonríen en las imágenes Tomás Maldonado, Raúl Loza, Líbero Badii, Emilio Renart, Clorindo Testa, Víctor Grippo, María Juana Heras Velazco, Alberto Heredia, Jorge Abot, Vecchi Logioio, Samuel Oliver o Alberto Collazo.
Entre los aciertos de la galería figura haber incorporado al espacio de Florida a artistas de Rosario, Córdoba y el Litoral; otro logro, fue la creación de Ediciones van Riel, que publicó "Horacio Butler" de Julio Payró, "Antiestética" de Noé, o el "Odiseo confinado", de Leónidas Lamborghini.
La tradición cultural necesita referentes que la sustenten. Mientras el pasado desvirtuado o ignorado- pierde su poder orientador, en medio de un presente que pretende abarcarlo todo y se apropia de todo porque nadie ofrece resistencia, el libro con las memorias de la hoy empequeñecida galería Van Riel, documentará la presencia de una Argentina que permanece casi en la sombra, pero que todavía perdura.


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