6 de agosto 2010 - 00:00

Los atractivos secretos que ofrece Río Gallegos

Un viaje al pasado ofrecen tanto el Museo de los Pioneros, donde se han reunido elementos de los primeros habitantes de la ciudad, como el Museo Padre Molina, donde se pueden ver restos de dinosaurios que poblaron la Patagonia en épocas remotas.
Un viaje al pasado ofrecen tanto el Museo de los Pioneros, donde se han reunido elementos de los primeros habitantes de la ciudad, como el Museo Padre Molina, donde se pueden ver restos de dinosaurios que poblaron la Patagonia en épocas remotas.
No ha sido pensada como destino turístico. Muchos sólo llegan a su aeropuerto internacional para salir, a partir de allí, a recorrer las zonas más famosas de la Patagonia. Pero, acaso por eso mismo, resulta interesante aventurarse a descubrir la ciudad de Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz, sede de un territorio de esforzados pioneros a 2.636 kilómetros de la Capital

Federal. Una ciudad que algunos han hermanado con Chicago al denominarla también «La ciudad del viento».

Ahora, en invierno, los momentos de sol son breves y el frío intenso; cuando no hay nieve en las calles, hay escarcha.

En cambio, en verano, la luz del sol ilumina el paisaje agreste hasta más allá de las once de la noche.

Por haberse desplegado como centro urbano, gubernativo provincial, industrial y comercial, Río Gallegos tiene bancos, hoteles de diversos niveles, restoranes con gastronomía internacional y regional, variados museos, centros educativos y de entretenimiento, y un confort que se extiende por la ciudad permitiendo superar las temperaturas muchas veces polares. Junto a la avenida costanera hay un polo de desarrollo edilicio con casas de estilo californiano, cuyos precios, en varios casos, no bajan del medio millón de dólares.

El visitante puede iniciar su recorrido por el Complejo Cultural de Río Gallegos (Ramón y Cajal 10), donde siempre hay actividades y exposiciones. Pasar luego al Museo Regional Padre Molina (Ramón y Cajal 51) y ver sus salas de paleontología (con una extraordinaria serie de restos de dinosaurios), geología, antropología y de ciencias.

Junto a la central Plaza San Martín se encuentra el Museo de Arte Eduardo Minnicelli, único de ese género en la provincia de Santa Cruz, y a pocas cuadras (El cano y Alberdi), merece visitarse la casa más antigua de la ciudad, el Museo de los Pioneros; andar por ella es hacer un viaje al pasado, descubrir los desafíos que enfrentaron los médicos que se afincaron allí con sus familias a fines del siglo XIX, saber de los ganaderos y peones que iban a consultarlos, o los que los visitaban porque cerca estaba el puerto pesquero, y de donde salía en exportación carne congelada (es interesante ver los restos de las instalaciones del Frigorífico Swift, y conocer la historia), lana, pieles de ovejas, y carbón proveniente de Río Turbio.

Una serie de imperdibles excursiones lleva fuera de la ciudad, por caso, a Punta Loyola, donde se practica pesca deportiva, a la Isla Deseada, que es un refugio natural de pingüinos, cormoranes, gaviotas y otras especies.

A su vez, a 130 kilómetros, en la boca del Estrecho de Magallanes, está el Cabo Vírgenes y el faro del Puerto de Hambre.

Quienes deseen hacer «turismo rural o agroturismo» cuentan, entre otras propuestas, con las estancias Truchaike, Monte Dinero y Hill Station, que dan hospedaje, tienen un museo con objetos de sus fundadores, proponen colaborar en tareas de campo y realizar pesca deportiva de truchas. Algunos operadores turísticos de Río Gallegos ofrecen la posibilidad de sobrevolar la región en avión Piper o Cessna atravesando la estepa patagónica, la zona de lagos y volcanes, y el Estrecho de Magallanes.

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