24 de noviembre 2021 - 00:00

Los bonos argentinos volvieron a caer con fuerza y el riesgo-país ya roza los 1.800 puntos

Financieramente, el Gobierno se encuentra en el peor momento de su relación con el mercado de capitales desde la reestructuración de deuda soberana privada con emisión internacional de agosto del año pasado. Y, para algunos analistas, la situación es aún peor que aquel momento en el que parecía, luego de haber llegado a un acuerdo con los acreedores, que todas serían buenas relaciones con el mundo financiero. No pudo ser. Y según el panorama acumulado a seis ruedas operativas de las elecciones dentro del país y siete si se cuenta la jornada del lunes con cotizaciones a nivel mundial; todos los papeles que huelan argentina están de capa caída, a precio de remate, y casi sin inversores importantes interesados. En síntesis, una fuerte falta de confianza afecta hoy las acciones y títulos públicos del país, acumulando pérdidas que se miden en fortunas para aquellos que apostaron en un despegue poselectoral.

Lo curioso es que para muchos analistas el resultado de las legislativas del domingo 14 de noviembre fue parecido a los que los mercados esperaban: una derrota del oficialismo que limite cualquier intento radicalizador, pero sin una situación de catástrofe electoral que provoque potenciales inestabilidades institucionales sobre el Poder Ejecutivo.

Lo que los operadores financieros querían antes de las elecciones era que luego de ellas hubiera quién tomara decisiones económicas, y no un marco de peligrosa acefalia por una derrota estrepitosa. Y que además quién detentara esa capacidad decisoria no fueran las fuerzas extremas de la coalición gobernante, sino el centro cercano a Alberto Fernández. Y que se garantizara la continuidad de Martín Guzmán. Todo eso ocurrió. Y al comienzo de las operatorias del lunes 15 poselectoral, todo parecía encaminarse. Más luego del anuncio del domingo poselectoral de la decisión de enviar al Congreso una ley que incluya los términos del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, con el correr de las horas desde ese lunes 15 hasta el cierre de los mercados de ayer, todo fue cuesta abajo.

Riesgo-país

El dato más significativo fue el cierre del riesgo-país, con una cotización cercana a los 1.800 puntos básicos. Para entender de que se trata este número, si Argentina quisiera hoy colocar deuda soberana en divisas en cualquier mercado internacional, la tasa de interés que se le cobraría al país sería de más de 20% anual en dólares; un porcentaje sólo reservado para países en las puertas del infierno de algún default. Son además los niveles máximos desde el cierre de las negociaciones de deuda con los acreedores y un costo que Argentina no vivía desde los días del 2006, cuando el único que “ayudaba” al país a un costo de 15% anual en dólares era Hugo Chávez con la compra de algunos bonos emitidos durante el kirchnerismo.

Otro dato que muestra la situación deprimente de la Argentina ente los mercados, es la situación de los bonos Globales del canje emitidos en dólares bajo ley extranjera que retrocedieron ayer hasta 4,7%, llegando a los valores mínimos desde su emisión en agosto del año pasado. Titulos públicos como el GD35 y el GD46 se pagaban ayer a u$s30 dólares, cuando el Valor Presente Neto de corte al momento del apretón de manos con los bonistas había sido de 54,8%. Por su parte, los bonos emitidos en dólares pero bajo ley argentina acumulan una caída de hasta 40% en el mercado secundario, respecto de su precio inicial. En este caso, el AL29 perdió 1,8% 4,7%, mientras que el AL35 bajó 1,6 por ciento. Según la visión del mercado, los bonos de la deuda argentina tienen hoy un valor de mercado similar a lo que cotizaban a fines del 2001. Una manera de decir que el país retrocedió 20 años en su relación con el mercado de deuda soberana.

Para los analistas la salida de la situación puede ser mucho menos traumática que aquel final del gobierno de Fernando de la Rúa. La reconciliación del oficialismo con el mercado comenzaría con el anuncio del acuerdo con el FMI, con un gesto simbólico persona y explícito de Cristina Fernández de Kirchner que aclare sin dudas que apoya el Facilidades Extendidas, y que se muestre a la clase dirigente argentina y el público en general que el proyecto de ley que el Ejecutivo enviará la primer semana de diciembre al Congreso incluye metas creíbles de un sendero serio de equilibrio fiscal, estabilidad monetaria, lucha contra la inflación y política cambiaria creíble. La “buena noticia” para la coalición gobernante es que la falta de credibilidad es compartida con el resto de la clase política.

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