10 de noviembre 2015 - 00:00

Los gallos de Cynthia Cohen, metáforas de la condición humana

El breve “resplandor” que ostentan los gallos de riña Cohen antes de ser victimizados suscita perplejidad: el espléndido animal ignora su destino.
El breve “resplandor” que ostentan los gallos de riña Cohen antes de ser victimizados suscita perplejidad: el espléndido animal ignora su destino.
Con la estética provocativa del Pop y el formato de los carteles publicitarios, Cynthia Cohen presenta una serie de pinturas en el nuevo espacio PRISMA Kunsthalle de La Boca. La muestra se llama "El resplandor" y sus inesperados protagonistas son cinco gallos de riña. Retratados con habilidad, los animales van y vienen por las telas de Cohen casi desde los inicios de su carrera. Ellos expresan, sugieren o demandan, cuestiones relativas a la naturaleza humana. No obstante, una genuina historia de vida cruza la exposición. El galerista Alberto Sendrós explica la presencia de los gallos en el texto del catálogo.

"Mi padre es gallero", dice Sendrós. "Nací en una casa en cuyo fondo había un galpón/ stud con jaulas numeradas y con una enorme valla circular en su centro". Relata entonces los combates de entrenamiento que se realizaban los sábados para cebar el instinto de los animales, todavía sin derramar sangre y sin muertes, con los picos cubiertos para evitar heridas. El galerista aclara que las riñas verdaderas se libraban los domingos, lejos, en otra parte. "Yo muy rara vez entraba al galpón. No me gustaban ni los gallos ni las riñas. Y no descubrí hasta muchos años después su importancia como tradición argentina y las infinitas atenciones que habían merecido en nuestro cine, literatura, teatro".

Aquel niño que miraba la violencia de las riñas con desconfianza cuenta hoy que Cynthia Cohen le mostró "un gallo de gallinero". Lo cierto es que hoy decidió exhibir la estetización extrema de unos gallos convertidos en superestrellas. Cohen pintó las poses airosas, los colores radiantes y el brillo del plumaje con los cortes definidos por cada stud. Pero más allá del transitorio glamour -pues al inicio de la riña los gallos ya están desplumados- los retratados fueron observados con mirada analítica. La artista rescata la arrogancia y el coraje del animal, sus actitudes recuerdan a la gente que, sin razón alguna, se planta sacando pecho y dominando el escenario. En su texto "Por qué miramos a los animales", John Berger sostiene que la teoría darwiniana de la evolución se remonta al origen del propio hombre. "Los animales mediaban entre el hombre y su origen porque eran al mismo tiempo parecidos y diferentes a él". Sendrós, por su parte, señala: "La valentía, la nobleza de morir dando pelea, la vergüenza de la cobardía... quedan expuestas a simple vista". Algunas de estas capacidades y cualidades de los animales -como la posibilidad de expresar alegría, tristeza o cierta sagacidad- si se cotejan con las del hombre sólo se diferencian, según Aristóteles, "cuantitativamente".

Desde la dimensión crítica, la riña de los gallos cumple, al igual que el sacrificio de cualquier animal, la función de proteger al hombre de su propia violencia, la aplaca y la desvía al provocar una satisfacción parcial del instinto y calmar los deseos sangrientos. El breve "resplandor" que ostentan los gallos de Cohen antes de ser victimizados suscita perplejidad: el espléndido animal ignora su destino.

El texto de Berger describe la progresiva marginación impuesta en las sociedades postindustriales al animal, limitado a los parques, reservas, zoológicos, utilizado como simple materia prima o considerado doméstico, como simple marioneta decorativa.

Al hablar de sus pinturas, la artista explica que están ligadas al diseño, que son "obras cartel", visualmente muy fuertes y capaces de generar impacto. Añade entonces que sigue sus impulsos. "Hice un águila en el 2005 relacionada con una situación de descarga, pero cuando retomé la figura del águila en 2011, se había transformado en un ave de defensa", concluye.

Finalmente, la elocuente muestra reclama por sí misma un espacio para pensar, sentir y además, esperar esa revelación demorada pero inminente que promete el hecho estético.

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