Tampoco pudo ir Alex de la Iglesia, que está filmando en Rosario un documental sobre Lionel Messi. Su comedia satírica "Las brujas de Zugarramurdi", sobre hombres tontos y mujeres malas, fue una de las dos grandes ganadoras, con 8 Goyas: dirección artística, producción, efectos especiales, vestuario, montaje, sonido, maquillaje y, sobre todo, mejor actriz de reparto Terele Pávez, gloriosa actriz de 74 años ovacionada de pie por toda la sala. "Las brujas..." tenía 10 nominaciones, y solo perdió dos, e injustamente. También fue injusto que no estuviera candidateada en los rubros de mejor director y mejor film, pero así ocurrió.
La otra gran ganadora fue la comedia sentimental "Vivir es fácil con los ojos cerrados", de David Trueba, con 6 Goyas: mejor film, director, guión, música, revelación femenina Natalia de Molina, y, especialmente, mejor actor Javier Cámara. Al fin un Goya para Cámara, y no uno, sino tres (guión, dirección y film) para Trueba, nueve veces nominado. Recién la décima fue la vencida.
La película toma su título de la canción que John Lennon compuso en 1966 mientras estaba filmando en Almería, y refiere la aventura de un profesor de secundaria que en épocas del generalísimo enseñaba inglés usando las canciones de los Beatles. Un transgresor, para aquella época. Bien, el personaje era real, y estaba allí en la sala, un viejito de 89 años llamado Juan Carrión. A él dedicaron sus premios Cámara y Trueba.
Trueba aludió, sin nombrarlo, al impopular ministro de Cultura José Ignacio Wert, ausente por miedo a los abucheos: "Yo percibo que la gente nos quiere. De vez en cuando hay algún insulto, pero ¿qué sería de la vida si no nos insultara la gente que nos debe insultar?" Ya antes había comentado Mariano Barroso, Goya a la mejor adaptación por "Todas las mujeres": "Si el ministro de Defensa no fuera al desfile anual de las Fuerzas Armadas, seguramente su jefe le despediría. Y esta noche están aquí las fuerzas armadas del cine. Wert debería dimitir". Y antes aún Gracia Querejeta, directora de "15 años y un día": "Puedo entender que no le apetezca pasar por el trago de los abucheos, pero como ministro tiene que estar ahí. Ya sé que no es lo mismo, pero yo pienso que no voy a ganar e igual tengo que estar en la gala".
De hecho, su película no ganó nada. Pero el gran chasco fue para las tres que se suponía iban a pelear el premio mayor: "La herida" (sobre 6 nominaciones, ganó solo actriz Maria Alvarez y director debutante), "Caníbal" (sobre 8, apenas el premio a la fotografía), y "La gran familia española" (sobre 15, solo mejor canción y actor de reparto).
A señalar, el discurso de González Macho, presidente de la Academia, que tras enumerar los muchos males del sector (cierre de 400 salas, mantenimiento del 21% de IVA, aumento de piratería sin que el gobierno intervenga, etc.)
Otra ironía, pero triste. Pedro Solis, autor del mejor corto de animación, dedicó el premio a su hijo, agregando "ójala nunca me hubiera inspirado esta historia". El corto se llama "Cuerdas", y es sobre una criatura en silla de ruedas que ve cómo juegan los demás niños.
Ya para terminar. Solo dos veces la sala se puso de pie: ante Terelé Pávez, y ante el venerable Jaime de Armiñán, 86 años, Goya de Honor a la Trayectoria, por "Mi querida señorita", "El amor del capitán Brando", "El nido", y otras delicias. "Me alegro de veros a todos buenos", dijo don Jaime, y pasó a evocar deliciosamente su vida en la Paris de la posguerra, hasta desembocar con la mayor naturalidad en un hermoso elogio de la jota aragonesa. Habilidades de narrador, que pocos lucieron esa noche. La verdad, los chistes del conductor oficial fueron bastante básicos, los esquicios grabados para intercalar entre premio y premio fueron malos y encima demasiados, y un numerito musical a la americana lo único bueno que tuvo fueron las piernas de las bailarinas (unas actrices que ni siquiera iban al compás).
Vale decir, el Goya es uno de los mayores premios del cine de habla hispana, recibirlo es una honra impagable, pero, sacando unos pocos momentos, la ceremonia de premiación sigue siendo un plomazo.
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