15 de febrero 2011 - 00:00

Los libros de fotografía difunden un arte en alza

En la mayoría de los libros predomina un tono dramático, como en «La mirada» de Sara Facio sobre los funerales de Perón. Pero también los hay con estética más alegre como «Las aventuras de Guille y Belinda...» de Alessandra Sanguinetti).
En la mayoría de los libros predomina un tono dramático, como en «La mirada» de Sara Facio sobre los funerales de Perón. Pero también los hay con estética más alegre como «Las aventuras de Guille y Belinda...» de Alessandra Sanguinetti).
La fotografía tiene en la Argentina una larga tradición, pero el interés del público masivo y de los coleccionistas -que hasta ayer se contaban con los dedos de una mano y hoy son centenares- recién despertó en esta última década con la difusión de los museos y las numerosas exhibiciones presentadas a lo largo y a lo ancho del país. Espectadores atentos comenzaron a distinguir las diferencias entre las copias vintage y las mas actuales, y cuestiones mas complejas como la fotografia polaroid, analógica, estenopeica y digital. De este modo y con genuino interés el público presta atención a los distintos encuadres, a las instantáneas, poses o puestas en escena al igual que las del cine, con montajes, actores y extras, que utilizan algunos artistas como Marcos López.

A la labor didáctica de los Festivales de la Luz, las escuelas y galerías especializadas, se sumó el gran aporte de los libros. En un principio fue la editorial La Azotea, fundada por Cristina Orive y Sara Facio, esta última, una auténtica precursora en este campo, creadora de la Fotogalería del Teatro San Martín y la Coleccion de Fotografia del Museo Nacional de Bellas Artes que hoy tiene a su cargo.

Desde sus inicios en el año 2007, la serie de libros de la Colección «Fotógrafos Argentinos» disfruta de gran demanda. Creada en 2007 por Darío Lanis y Gabriel Díaz con el sello Dilan Editores, tiene un ritmo prolífico y un criterio amplio en la selección, abarcando así diferentes trayectorias y géneros fotograficos, como se puede ver en sus últimos cuatro nuevos títulos, «La Mirada» de Sara Facio con texto de María Moreno; «Desapariciones» de Helen Zout con texto de Osvaldo Bayer; «Salteños» de Florencia Blanco con texto de Christian Ferrer y «Geovany no quiere ser Rambo» de Alfredo Srur con texto de Cristian Alarcón. Actualmente los editores de esta coleccion trabajan en el lanzamiento de 11 nuevos títulos: «Tierra» de Daniel Muchiut; «Muertes menores» de Gabriel Díaz; «(argentina)» de Eduardo Gil; «Territorio» de Marcos Zimmermann; «Interiores» de David Fernández; «Salamone» de Esteban Pastorino; «Chaco» de Guadalupe Miles; «Secuelas» de Fernando Gutiérrez; «El museo del amor» de Eduardo Carrera; «Diana» de Marcos Adandia, y «Estados de sitio» de Gabriel Valansi.

Si la selección de estos fotógrafos, todos activos, se puede considerar correcta, la de los primeros no pudo ser mas acertada y algunos de los 11 títulos publicados ya se convirtieron en clásicos, entre ellos, «Presagio» (Dani Yako), «El jugador» (Marcos López), «Los Restos» (Juan Travnik), «Intervalos Intermitentes» (Res), «Mujeres presas» (Adriana Lestido), «Las aventuras de Guille y Belinda y el enigmático significado de sus sueños» (Alessandra Sanguinetti), y «La ausencia» (Santiago Porter).

No es de extrañar, entonces, que a fines del año 2010, cuando se presentaron los últimos libros, el auditorio del Malba estuviera colmado y algunos fotógrafos firmaran sus publicaciones rodeados de admiradores, como las estrellas del rock o del cine.

En la mayor parte de los libros predomina un tono dramático que alcanza su mayor expresión en la serie que tomó Lestido a las mujeres en prisión, algunas junto a sus pequeños hijos, al igual que las miradas particularmente intensas que captura la cámara de Facio durante los funerales de Perón. Aunque los textos no pertenecen a críticos de arte, sino a pensadores, escritores o periodistas, gran parte de las descripciones enseñan cómo y qué se debe mirar en las fotos. Al hablar de la imagen que ilustra la portada del texto de Facio, Moreno observa: «Los muchachos peronistas adquirieron a la distancia un sentido trágico. Se trata del rostro de tres muchachos y una chica. La probable diferencia de clases, la evidente de género, esta atenuada por la democrática campera, el cabello largo. Hay un efecto banda que cruza el pecho del muchacho ubicado en el centro de la imagen: algo funciona como una profecía en su mezcla de harapo, banda presidencial y luto. Sobre el hombro del muchacho se apoya una mano con una alianza -era un período que favorecía la alianza de clases en torno de un proyecto nacional-; viene de afuera del grupo, sugiriendo el continuo del cuerpo común de la movilización.»

Por su parte, Sanguinetti elabora una estética diferente, presenta la alegría y la sensibilidad juguetona de dos adolescentes, tan vívida y natural como un amor familiar. Los espectadores que siguieron las intimidades y se internaron en el universo cargado de secretos de Guille y Belinda, aprendieron no solo a conocer sino también a querer esos dulces personajes que flotan en el río como Ofelia muerta, entre las flores.

A los encantos de la imagen en estos últimos tiempos, los artistas han sumado los cromatismos de la pintura y hasta las medidas de los grandes cuadros que pueblan los museos. Es decir: si bien es verdad que la fotografía continúa cumpliendo con sus fines utilitarios o documentales, en la actualidad ingresó por la puerta grande al mundo del arte y a los museos, con un nuevo status que nadie discute. Los precios millonarios alcanzados por los fotógrafos parecen legitimar y confirmar que el lugar que hoy ocupan en el escenario del arte, va más allá del deslumbramiento, acaso pasajero, que suscitan las nuevas tecnologías.

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