24 de septiembre 2010 - 00:00

Los límites de la producción

Los límites de la producción
Con la campaña 2010/11 ya totalmente lanzada, no son pocos los agricultores que, además de hacer cálculos sobre las inversiones directas de producción, comenzaron a analizar mucho más detalladamente los costos «tranqueras afuera». Y no es para menos: si bien la ampliación de las fronteras agropecuarias mediante la tecnología sigue incorporando nuevas tierras a los cultivos y a la producción ganadera, el creciente costo de los fletes saca de escala a muchas zonas imposibilitadas de competir con las regiones centrales, mucho más cercanas a los puertos. Por caso, una soja a Rosario desde Santiago del Estero puede alcanzar un costo de flete del 15%-20%, mientras que en el sorgo el porcentaje puede superar el 50%.

En ese caso, una alternativa sería «transformar» el grano convirtiéndolo en carne (suplementación ganadera, feed lot, etc.), leche, cerdos, o directamente procesándolo.

Sin embargo, las opciones no son tan fáciles. Los traslados de mercadería, aun para aprovecharla en la región, son caros por la falta de caminos, por el costo del gasoil (en varias zonas similar al de la nafta especial), y por la complejidad de las comunicaciones, entre otras cosas.

Además, en el caso de intentarse el procesamiento, el escenario empeora en muchas zonas por la falta de energía y de infraestructura general.

El hecho es que, mientras en los 90 el tema del «costo argentino» se había puesto sobre el tapete y era una prioridad en todos los reclamos, en lo que va de esta década volvió a quedar postergado, tanto en las demandas del sector privado como, en general, entre los objetivos de los sectores públicos, nacionales y provinciales, lo que determinó un nuevo retroceso en la materia y un deterioro de muchos de los indicadores, incluso de los que habían registrado ciertos avances en los 90.

Más aún, mientras en la década pasada el desafío de bajar «el costo argentino» era para mejorar la competitividad de los productos locales en terceros mercados y frente a otros competidores internacionales, ahora el tema de alerta son las zonas potencialmente productivas (gracias a la tecnología), que no pueden entrar al mercado a competir debido a los crecientes costos que implica la falta y/o deterioro de la infraestructura mínima.

En tal sentido, caminos, ferrocarriles, energía, comunicaciones, almacenamiento son sólo algunos de los ítems que presentan déficits marcados, tanto más graves cuanto mayor es la distancia a los puertos.

El hecho encarece la producción, le resta competitividad y, en los casos más graves, impide directamente su desarrollo.

A pesar de la falta de actualización en buena parte de los indicadores oficiales de estos rubros, varios trabajos privados, especialmente los de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y de la Fundación Producir Conservando, muestran claramente la gravedad de la situación, terminal para algunas regiones. Por caso:

  • En la actualidad, más del 80% de la cosecha se transporta por camión (a pesar de ser el sistema más caro, se convirtió casi en el único), pero menos de 100.000 kilómetros de los casi 600.000 que tiene la red vial del país están pavimentados (61.000 kilómetros), o consolidados (38.000 kilómetros). El transporte de carga con camiones destroza las rutas.

  • Aunque se está aumentando muy lentamente la red ferroviaria, apenas llega a 20.000 kilómetros operativos, de los más de 44.000 kilómetros que alcanzó en 1948, cuando fue estatizada.

  • El ferrocarril transporta apenas el 15% de la cosecha, y el 2% las barcazas.

  • La cosecha de 90 millones de toneladas requirió de más de 2 millones de viajes de camión y 200.000 vagones.

  • Una cosecha superior a los 140 millones de toneladas requeriría 3,1 millones de viajes de camión y 330.000 vagones.

  • El país cuenta con sólo 2.000 kilómetros de autopistas (1.000 kilómetros están en San Luis).

  • La flota camionera está nuevamente obsoleta y no llega a las 400.000 unidades. Según Producir Conservando, apenas 140.000 son graneleros.c Salvo en las áreas troncales, la mayor parte del resto del territorio no tiene acceso a energía eléctrica de línea.

  • Se estima que la capacidad de almacenamiento (aun con el actual volumen de cosecha) tiene un déficit de alrededor de 25 millones de toneladas, mucho más marcado cuanto más se aleja de las zonas centrales.

  • La alternativa del silo-bolsa tiene un costo promedio de u$s 3-4 por tonelada y, en general, hay más pérdidas, tanto en volumen como en la calidad de los granos guardados en las bolsas. Es una opción de corto plazo.

  • No hay red de frío, excepto en algunas de las grandes ciudades.

  • Muchas veces falta combustible en los picos de demanda, y los precios en muchas zonas productoras son mayores que en las grandes ciudades. El gasoil llega a costar casi igual que la nafta.

    Conclusión

    La Argentina de hoy muestra un profundo déficit de infraestructura, especialmente en la orientada hacia las actividades productivas, y la perspectiva es de agravamiento.

    Sin especular con un salto productivo repentino, por cambios en las expectativas (lo que podría ocurrir, por ejemplo, con un nuevo sostenido incremento en los precios internacionales de los granos, o con un cambio político interno), la propia superación tecnológica marca un crecimiento automático, vertical, en los rindes, y horizontal en las zonas.

    Esto amplió ya las fronteras agropecuarias a provincias del centro y noroeste (Santiago del Estero, Salta, Tucumán, etc.), todas ellas, en general, a más de 1.000 kilómetros de los principales puertos y con déficits de infraestructura más marcados aún que en las zonas centrales.

    El desafío, por lo tanto, es la inmediata definición de una estrategia en la política de obras públicas y privadas que apunte al centro del problema productivo y que no sólo integre al interior, sino que permita que los productos locales recuperen su competitividad, hoy perdida por los mayores costos que provocan la falta de obras y su mantenimiento.
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