En ese caso, una alternativa sería «transformar» el grano convirtiéndolo en carne (suplementación ganadera, feed lot, etc.), leche, cerdos, o directamente procesándolo.
Sin embargo, las opciones no son tan fáciles. Los traslados de mercadería, aun para aprovecharla en la región, son caros por la falta de caminos, por el costo del gasoil (en varias zonas similar al de la nafta especial), y por la complejidad de las comunicaciones, entre otras cosas.
Además, en el caso de intentarse el procesamiento, el escenario empeora en muchas zonas por la falta de energía y de infraestructura general.
El hecho es que, mientras en los 90 el tema del «costo argentino» se había puesto sobre el tapete y era una prioridad en todos los reclamos, en lo que va de esta década volvió a quedar postergado, tanto en las demandas del sector privado como, en general, entre los objetivos de los sectores públicos, nacionales y provinciales, lo que determinó un nuevo retroceso en la materia y un deterioro de muchos de los indicadores, incluso de los que habían registrado ciertos avances en los 90.
Más aún, mientras en la década pasada el desafío de bajar «el costo argentino» era para mejorar la competitividad de los productos locales en terceros mercados y frente a otros competidores internacionales, ahora el tema de alerta son las zonas potencialmente productivas (gracias a la tecnología), que no pueden entrar al mercado a competir debido a los crecientes costos que implica la falta y/o deterioro de la infraestructura mínima.
En tal sentido, caminos, ferrocarriles, energía, comunicaciones, almacenamiento son sólo algunos de los ítems que presentan déficits marcados, tanto más graves cuanto mayor es la distancia a los puertos.
El hecho encarece la producción, le resta competitividad y, en los casos más graves, impide directamente su desarrollo.
A pesar de la falta de actualización en buena parte de los indicadores oficiales de estos rubros, varios trabajos privados, especialmente los de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y de la Fundación Producir Conservando, muestran claramente la gravedad de la situación, terminal para algunas regiones. Por caso:
Conclusión
La Argentina de hoy muestra un profundo déficit de infraestructura, especialmente en la orientada hacia las actividades productivas, y la perspectiva es de agravamiento.
Sin especular con un salto productivo repentino, por cambios en las expectativas (lo que podría ocurrir, por ejemplo, con un nuevo sostenido incremento en los precios internacionales de los granos, o con un cambio político interno), la propia superación tecnológica marca un crecimiento automático, vertical, en los rindes, y horizontal en las zonas.
Esto amplió ya las fronteras agropecuarias a provincias del centro y noroeste (Santiago del Estero, Salta, Tucumán, etc.), todas ellas, en general, a más de 1.000 kilómetros de los principales puertos y con déficits de infraestructura más marcados aún que en las zonas centrales.
El desafío, por lo tanto, es la inmediata definición de una estrategia en la política de obras públicas y privadas que apunte al centro del problema productivo y que no sólo integre al interior, sino que permita que los productos locales recuperen su competitividad, hoy perdida por los mayores costos que provocan la falta de obras y su mantenimiento.



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