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Los museos son hoy focos culturales por excelencia
El Museo Caraffa de Córdoba, cuyas salas fueron reacondicionadas al mejor nivel internacional; además, se generaron una gran cantidad de libros catálogo que son muy buenas cartas de presentación de los artistas.
Corresponde ahora ocuparnos de otras dos voces griegas relacionadas con los museos: pinakotheké, pinacoteca, y thesaurós, tesoro. En la Acrópolis de Atenas, antigua fortaleza convertida en santuario bajo el gobierno de Pericles (siglo V a. C.), donde se alzaba, entre otros templos, el Partenón -cuyas ruinas subsisten-, había un edificio dedicado a albergar una importante colección de pinturas con temas históricos y mitológicos, además de estandartes y trofeos: era la Pinacoteca (en griego: depósito de pinturas).
Desde el origen hasta el día de hoy los museos han modificado sus funciones pero nunca perdieron su esencia a pesar que vemos que hasta hace muy poco se habían corrido de su objeto fundamental. En este sentido, el Museo Nacional de Bellas Artes cumplió su centenario en el marco de la transformación copernicana que vienen experimentando desde la década del 70 las instituciones de su especie, y que las lleva a entrar en el siglo XXI como paradigma de la acción cultural en todas las latitudes del mundo. Se trata de una verdadera revolución, iniciada hace veinte años, que desde entonces ha ido creciendo y extendiéndose, y que, sin duda, no ha terminado. De ella participa, y quiere hacerlo a fondo, ese Museo, como la necesaria y obligada manera de actualizar su presencia en la vida creadora de los argentinos, lo que también implica, desde luego, un homenaje debido a sus fundadores y animadores.
Pero también se busca, de este modo, afianzar la decisión histórica que impulsó el establecimiento del Museo Nacional de Bellas Artes en 1895. Es que quienes lucharon por la fundación del Museo deseaban aportar con él, en la medida de las concepciones de la época, un centro educativo y, a la vez, un organismo creador de cultura.
El gusto por el coleccionismo data de antiguo, como lo demuestran los ajuares funerarios egipcios y los tesoros griegos. Fueron los príncipes helenísticos, entre ellos Atalo de Pérgamo (siglo III a.C.), los primeros en reunir numerosas obras de arte y tenerlas en exposición en sus palacios. Los botines de guerra permitieron a Roma formar notables colecciones.
Pero el sentido político, y los fines sociales del museo público de arte, terminaron por diluirse en la Europa de la segunda mitad del XIX, hasta hacerlo retrogradar a los tiempos de las galerías particulares.
Los conservadores (ése era su título, entonces) de los museos se creyeron dueños absolutos de lo conservado, desinteresándose por estimular la mayor afluencia posible de visitantes. El museo de arte devino, de este modo, en santuario laico al que sólo asistían los conocedores y los artistas, quienes iban a solazarse con el pasado, en una cotidiana y exclusiva peregrinación a las fuentes.
Salvo en ciertos museos, las colecciones estaban expuestas sin eficiencia técnica en materia de iluminación, distribución y recorrido. Telas y esculturas se acumulaban como en un depósito. Theodor Adorno supuso, con razón, que entre un museo y un mausoleo no había tan sólo una diferencia fonética.
La informática trastoca nuestros comportamientos mentales, económicos y sociales; varía nuestras formas de urbanización; impone una cultura planetaria de la imagen visual y marca el advenimiento de una civilización de masas, por así denominarla.
Verdad es que los museos se hallaban retrasados ante tales fenómenos. Como entre las dos contiendas mundiales, la anárquica renovación de los años 60 también ocurrió fuera del museo, aun en la calle. Pero las instituciones de arte reaccionaron con presteza, al abrirse a las formas y tendencias estéticas de la hora, y producir un nuevo tipo de acercamiento a los espectadores, que puede resumirse así: en lugar de esperar a los visitantes, el museo salió a buscarlos. Este cambio de actitud condujo a lo que hoy se denomina musealización, una característica central de los tiempos presentes.
Pero la musealización también ha sido, y es posible en virtud de los hábitos sociales traídos por el avance de la tecnología y de la ciencia. Sin ellos, quizás habrían sido ineficaces las trasformaciones museísticas. Puede decirse, entonces, que hubo una coincidencia: la oferta museal encontró su demanda humana, la demanda humana encontró su oferta museal.
Si las catedrales fueron los museos de la Edad Media tardía, los museos se convirtieron en las catedrales de la Edad Contemporánea en el último cuarto del siglo XX. No sólo crecieron en número los repositorios de arte en naciones de Europa, América y los demás continentes, como es el caso, sobre todo, del Japón. También creció la cantidad de museos de ciencia, historia, industria, artesanía, transportes, periodismo, y se agregaron nuevos temas, hasta entonces no tocados. Solamente en Francfort, entre 1980 y 1990, se habilitaron doce museos.
Pero aquí es preciso destacar que la concurrencia abrumadora a las instituciones de arte obedece en buena medida a un hecho elemental: las cámaras de televisión han pormenorizado hasta el detalle los acervos de grandes y pequeños museos, las obras de artistas consagrados de todos los tiempos, pero únicamente los museos contienen esos acervos y esas obras, y pueden entonces satisfacer las expectativas creadas por la televisión, consistentes en observar sin intermediarios, por uno mismo.
El museo de arte es hoy, pues, el foco cultural por excelencia. El antiguo depósito frío y autoritario ha devenido en espacio caliente y democrático. El museo de arte, en fin, es un medio de comunicación de masas.
En este sentido, vemos como el Centro Cultural de la Recoleta, supo delinear ésta premisa de realizar un centro de comunicación cultural masivo realizando muestras de un gran contenido con un criterio rector, digno de reconocer por su espléndido nivel.
Tampoco nos deberíamos olvidar del MACLA, el Museo de la Plata donde éste año ha realizado cuantiosas exposiciones al mando de López Osornio, o en Córdoba el reciente reciclado Museo Caraffa, donde además de reacondicionar sus salas al mejor nivel internacional han generado una gran cantidad de libros catálogos ayudando a los artistas que tengan una muy buena carta de presentación de sus trabajos, pero además y como funcionalidad final difundiendo el arte para todos.


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