1 de agosto 2014 - 00:00

“Los músicos de cualquier parte pueden hacer jazz”

Ligado a nuestro país desde hace 30 años, el saxofonista austríaco Karlheinz Miklin vuelve a Buenos Aires para brindar dos conciertos con su Quinteto Argentina, en Thelonius y el Cultural San Martín.
Ligado a nuestro país desde hace 30 años, el saxofonista austríaco Karlheinz Miklin vuelve a Buenos Aires para brindar dos conciertos con su Quinteto Argentina, en Thelonius y el Cultural San Martín.
Hace 30 años que el saxofonista austríaco Karlheinz Miklin tocó por primera vez en Argentina. Se relaciono con músicos de por aquí y se hizo un habitué. Formó el Quinteto Argentina, con el que lleva grabados ya 10 discos, con distintas formaciones. Pero antes, todavía en Europa, había trabajado con el grupo Los Argentinos. Es uno de los grandes músicos de jazz europeos y volverá una vez más a nuestro país para hacer un par de conciertos (en Thelonious el 28/8 y en el Centro Cultural San Martín el 2/9) junto a Gustavo Bergalli en trompeta, Marcelo Mayor en guitarra, Alejandro Herrera en contrabajo, Quintino Cinalli en batería y Mario Gusso en percusión. Dialogamos con él.

Periodista: Usted estudió y se doctoró en historia y literatura. ¿Qué terminó decidiéndolo por la música?

Karlheinz Miklin:
La verdad es que empecé a tocar música folklórica y para bailes con sólo 15 años. Estudiaba piano en el conservatorio de Klagenfurt, batería y saxo, y tocaba el bajo de modo autodidacta. En 1964, fui a Graz a estudiar literatura e historia y al año siguiente abrieron allí un instituto de jazz. Pude entrar en 1966. De modo que por esa época hice los dos estudios al mismo tiempo, aunque todavía no pensaba que sería músico. Cuando en 1970 terminé la universidad con un master, elegí el tema para mi tesis de doctorado; y podría haber tenido un trabajo en la facultad. Concretamente, las dos cosas convivieron únicamente durante mis estudios y por un año más, en el que tuve que dar clase para no perder mi grado académico. Después, jamás volví sobre la historia ni sobre la literatura.

P.: Otro aspecto curioso en su vida es que, muy tempranamente, se relacionó con músicos argentinos.

K.M.:
Tiene que ver con lo anterior. Estaba yo en esa encrucijada entre mis deseos cuando a fines de los '70 recibí la oferta de integrarme a Los Argentinos, que eran precisamente cuatro compatriotas suyos que tocaban música bailable en Europa. Acepté y estuve con ellos por tres años. Aquella fue una experiencia muy buena. Los Argentinos eran buenos músicos de jazz, aunque tocaran sobre todo temas bailables. Con ellos conocí el lunfardo, lo que tiempo después me hizo cometer errores gruesos con algunas chicas en Buenos Aires.

P.: Siendo usted alguien académicamente muy formado, ¿se atreve a definir el jazz?

K.M.:
No lo crea. Aunque tengo un grado universitario y me recibí en una escuela de artes (ahora universidad), no siento que sea alguien formado en el jazz. Los estudios en esta música comenzaron en los 60, por lo que inclusive los profesores eran debutantes en estos asuntos. En tal sentido, no tendría una definición del jazz mejor que la que podría encontrar en los libros. Para mí, es una música improvisada que tiene su origen en la música africana y afroamericana en unión con la música europea. En lo personal, ha sido el mejor camino para expresarme, de un modo en el que no puedo hacerlo con las palabras. Conozco músicos de jazz de muchos lugares del mundo; y le diría que es la única música que puede ser tocada junto a cualquiera que pertenezca a otro lenguaje, otra cultura u otra raza. Los músicos de cualquier parte pueden tocar jazz, aunque no estoy tan seguro de que todas las músicas puedan ser "jazzeadas". La música de América Latina tiene un ritmo muy fuerte y se ha fusionado con el jazz desde hace décadas. Eso no pasa de igual modo, por ejemplo, con la música de mi país.

P.: Seguramente ha sabido de la muerte del contrabajista Jorge "Negro" González. ¿Qué recuerdos conserva de él y de su ya legendario lugar Jazz & Pop?

K.M.:
Por supuesto, supe con mucho dolor que Jorge había fallecido. Hay poca gente en el mundo a la que haya respetado tanto como al Negro. El viejo Jazz & Pop está en mi memoria para siempre; y el nuevo fue otra vez el verdadero hogar para los músicos. Pero también perdí a otros amigos. Cacho Tejera, que fue el alma de la banda (y del bus de la banda) por dos décadas. Pocho Lapouble, que era mi amigo íntimo y uno de los mejores músicos con los que he trabajado. Toqué mucho con los grandes pianistas Baby López Furst y Horacio Larumbe. Recuerdo al periodista Nano Herrera, que me introdujo en lo mejor del jazz argentino en el 84; y fue por él que nació el grupo. Como ve, tengo mucho en mí de su país.

Entrevista de Ricardo Salton

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