24 de julio 2009 - 00:00

“Los que quedamos”: cumbre de consagrados

La muestra, ideada por Enio Iommi, reúne a 11 artistas que cobraron protagonismo en los años 50 y 60, cada uno con una obra de sus inicios y otra actual.
La muestra, ideada por Enio Iommi, reúne a 11 artistas que cobraron protagonismo en los años 50 y 60, cada uno con una obra de sus inicios y otra actual.
Una propuesta de Enio Iommi al galerista Jacques Martínez se concretó en la exposición «Los que quedamos». El galerista señala que la muestra es una «prueba de que la juventud necesaria es la mental», y se incluye entre «los que quedan» al recordar que los expuso en diferentes etapas, de allí también su orgullo de reunirlos. Cada uno eligió una pieza de sus inicios y otra más reciente, un conjunto de 22 obras que demuestran la idea de ruptura de estos 11 artistas que cobraron protagonismo entre los años 50 y 60.

Empecemos por María Juana Heras Velazco con el yeso de 1950 «Homenaje a Pettoruti», y el hierro «Muro Blanco» (2009), ambas obras constituyen un verdadero puente entre aquella figuración de talante cubista y estos dos cubos macizos atravesados por un puente que les otorga liviandad y que remata en un hermoso poema de Hugo Mujica.

Dalila Puzzovio, asociada a la época del Di Tella, eligió «Corona para habitantes no humanos», yeso ortopédico, vinilo, una reconstrucción del original realizada entre 1964 1998 que no ha perdido vigencia; una pionera si consideramos algunas obras que acabamos de ver en la Bienal de Venecia en las que se emplean prótesis y siliconas asociadas con la muerte. Las fotos recientes, scotch print intervenido, imágenes sugerentes que están muy lejos de esas obras contestatarias.

Martín Blazsko, que se integró al movimiento Madí en sus comienzos, aprendió de su fundador, Carmelo Arden Quin, la claridad, frialdad y rigor de ejecución. Explora en los 40 las relaciones entre la masa y el espacio, real, dinámico. Así lo expresa en «Ritmos Centrípedos», bronce (1949). «Ímpetu» bronce», (2001) lo encuentra en la búsqueda constante de una obra que se eleva y exige monumentalidad.

Charlie Squirru presenta «Cerebros Clonados», esmalte sobre tela (2004), serie de «retratos» y un collage de 1963, «La Sister Sádica», muy duchampiano en la combinación de elementos.

Eduardo Mc Entyre, con «Variante de un tema sobre verde» (1969), cuya geometría fue calificada por Rafael Squirru como «espiritual», desarrolla sus planteos a partir de la creación junto a Miguel Angel Vidal de lo que se llamó Arte Generativo. Este término acuñado por el destacado crítico y coleccionista Ignacio Pirovano, es un lenguaje visual de gran pureza, de luminosidad interior, de búsqueda y de realización constante. La obra «Ritmos sobre rojo», acrílico sobre tela (2006 ), así lo confirma.

Jorge Demirjián eligió «De carne somos» (1965), una figuración tremendista, violenta del hombre amordazado, para pasar a una figuración de carácter irónico en «Salónica» (2004).

En Alejandro Puente se combinan la estructura matemática y, como lo señaló en un prólogo Guillermo Whitelow, «el misterioso encanto de la simbología andina». La obra de 1964 «Pintura», témpera sobre papel, pertenece a una geometría sensible, depurada, en un plano frontal. «Interior 7» corresponde a 2004, una síntesis arquitectural de refinado cromatismo.

El color es protagonista en Felipe Pino, a veces, agresivo, desenfadado, usado con total libertad, eligió «Hipoglucemia» (1975) y «Para la Historia» (2007), ambas obras demuestran la vitalidad de su trazo.

Miguel Ocampo expone «Sin Título» (19659 y «Perdiéndose en las esquinas» (2008), óleos sobre tela. Cada vez que uno se enfrenta a su obra admira su afán en la búsqueda del color justo, su no complacencia, sus cambios, siempre sutiles, su técnica minuciosa, el humanismo que de ellas se desprende y también su refinamiento compositivo.

El siempre joven y arriesgado Clorindo Testa presenta «El Pajarero» (1951), sobre la que confiesa ser el paso inicial cuando se reconoce como pintor y el dibujo de 2009, acrílico sobre papel, lo muestra con el espíritu avasallante de una obra que se identifica: es «un Testa».

En cuanto al autor de esta reunión de amigos, Enio Iommi, presenta «La Humanidad Rota» (2003), una figura femenina adolescente, triciclo, regadera, sí, todo desmembrado, fragmentado, una construcción con deshechos que es en realidad su visión del mundo y una obra de 1960 que el calificaría como demasiado esteticista pero que significó un quiebre en la escultura argentina, una estructura de metal que prescinde de la masa y penetra en el espacio.

(Av. de Mayo 1130. 4° G, hasta el 21 de agosto).

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