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Lucila Gandolfo rinde homenaje a viejas glorias de la canción
Bien acompañada por el pianista Pablo Bronzini, Lucila Gandolfo es una cantante sólida, con técnica lírica, que se luce con un repertorio de tangos, foxtrots, cuplés, etcétera.
Antes de entrar en materia, sólo algunos datos sobre la actriz y cantante Lucila Gandolfo. Estudió comedia musical en el Boston Conservatory. Hizo un posgrado en teatro musical en la Royal Academy of Music de Londres. Fue parte del elenco de "Master Class" junto a Norma Aleandro, que luego la convocó para ser parte de su puesta de "Cinco mujeres con el mismo vestido". Fue Mme. Giry en "El Fantasma de la Ópera" en la avenida Corrientes e integró los staffs de varias obras con música: "Broadway II", "Nine", "Pericon.com.ar", etc. Tiene además una sólida trayectoria en el teatro de texto y acumula algunos unipersonales en su currículo.
Con ese bagaje llega ahora al espacio de Clásica y Moderna, para un ciclo que arrancó a modo de presentación y que tendrá una serie de fechas en el mes de julio.
Podemos decir que "Madre, comprame un negro" es el nombre de un recital de canciones. Pero no se trata sencillamente de eso. Es, a la vez, el repaso de una época, en las primeras décadas del siglo pasado, de nuestro país y de España. Se suceden entonces tangos, cuplés, foxtrots, charlestons, valses, shimmys. Se rememoran los nombres de colegas cantoras de antaño como Consuelo Bello "La Fornarina", María Yáñez "La Bella Dorita", Azucena Maizani, Mercedes Simone y alguna otra. Se apela al humor en la relectura contemporánea de textos que, por aquella época, eran a veces piezas de fuerte dramatismo. Se recuerda un modo de amar, de relacionarse, de soñar, y reaparece la ingenuidad de una sexualidad, sugerida o no tanto, pero siempre cargada de tabúes.
Lucila Gandolfo es una cantante sólida, con técnica lírica, que acompaña sus interpretaciones con su gestualidad de actriz. Nos hace escuchar títulos como "La llave", "Pero yo sé, "Celosa", "Japonesita", "La vaselina", "Cantando", "Usted sabe, señor juez", el charleston que da nombre al espectáculo, o hasta alguna recreación de antiguas publicidades. Siempre está el humor, la acidez, el desgarramiento frente al amor no correspondido, los deseos que no necesariamente se cumplen.
Con discreción, prácticamente sin abandonar el respetuoso lugar de pianista acompañante, pero con gran eficacia, Pablo Bronzini es el complemento ideal de una muy buena cantante con la que vale la pena encontrarse.


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