Aunque todavía no hay nada cerrado oficialmente, se espera que esta semana una delegación de funcionarios brasileños, encabezada por el ministro de Hacienda, Guido Mantega, desembarque en Buenos Aires. El objetivo es cerrar el acuerdo crediticio por u$s 5.000 millones, que le daría un fuerte alivio a la Argentina.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Aún no terminó de cerrarse si esta facilidad tendrá relación exclusivamente con la posibilidad de contar con crédito vinculado al comercio exterior o si, en realidad, va más allá. Desde la Casa Rosada no descartan que su funcionamiento sea similar al «swap» que el Gobierno firmó en abril con China por u$s 10.000 millones. Representaría, por lo tanto, una línea crediticia contingente: el Central podría contar con los fondos en caso de una crisis que impacte negativamente en el valor de las reservas.
Por supuesto, no puede soslayarse la búsqueda de un impacto electoral en este anuncio. El Gobierno mostraría un mayor acercamiento a Brasil, tal como reclaman empresarios y la clase media. Aunque esto no represente explícitamente un alejamiento de Venezuela, al menos estaría mostrando que la dependencia financiera no pasa ya por los bolsillos o el humor de Hugo Chávez, sino por una relación cada vez más estrecha con Brasil.
Desde el Palacio de Hacienda agregaron que los u$s 5.000 millones en danza incluyen a los u$s 1.500 millones que el Gobierno ya había firmado con Brasil en el marco de los convenios de ALADI para comercio exterior, cuando aumentó la cuota de financiamiento que originalmente era de u$s 120 millones.
En forma paralela, se volvió a especular con la posibilidad de negociar en el futuro un nuevo «swap», pero con el Tesoro norteamericano. Esta idea, que comenzó a esbozarse no bien se acordó la línea crediticia con China, podría retomarse luego de las elecciones legislativas. Sin embargo, cualquier intento en esta dirección choca con una barrera infranqueable: la falta de un acuerdo formal con el FMI.
Dejá tu comentario