24 de abril 2009 - 00:00

Lula rechazó ser el mediador ante Obama

Lula da Silva, el mayor aliado de Barack Obama en la región, no se ocupará de acercar a la Argentina a la administración norteamericana, ni redoblará esfuerzos para que el país tenga una mejor relación con el FMI. Como lo viene haciendo en los foros internacionales que comparte con Cristina de Kirchner, se limitará a pedir la reforma del organismo financiero internacional.
Esto quedó ayer en claro en la reunión que ambos presidentes mantuvieron en la Casa de Gobierno, en el despacho de Cristina y que se convirtió en el sexto encuentro bilateral en menos de un mes. El capítulo de la buena relación que el brasileño mantiene con Obama, con quien ya tuvo dos encuentros privados, y a la vez la mayor distancia que hay entre la Argentina y la administración demócrata, fue uno de los primeros en ser tratados. Paradójicamente fue un tema en el que los dos presidentes estuvieron de acuerdo. El visitante dejó en claro que no quiere tener entre sus funciones la de ser interlocutor entre la Argentina y Obama. Cristina, por su parte, aclaró que confía en las fuentes oficiales argentinas, y que esperará resultados del canciller Jorge Taiana y del embajador ante los Estados Unidos, Héctor Timerman.
«Ningún país, por menor que sea, tenga un millón de habitantes o 200 millones precisa de intermediarios», dijo Lula sobre esta posibilidad luego de la reunión con la presidente argentina; que por otro lado, bendijo esta posición.
Con el fondo
De manera similar se pronunciaron los dos jefes de Estado sobre la relación que la Argentina mantiene y mantendrá con el FMI. Sobre este punto, Lula reconoció que los contactos de Brasil con el Fondo son de buenos para arriba, exactamente lo contrario que la situación de la Argentina. Sin embargo, Cristina de Kirchner explicó al visitante que la idea es tener un vínculo «serio» con el organismo, aceptar las críticas mutuas y esperar a que el FMI tenga una reformulación interna importante para que cambie su forma de tratar a los países en desarrollo, para luego evaluar un acercamiento. Obviamente, esto será después del 28 de junio. En el contacto con Lula, el tema INDEC quedó fuera de agenda.
El encuentro formó parte de un cronograma de reuniones semestrales donde los dos principales socios comerciales de la unión aduanera discuten su agenda bilateral.
Los mandatarios hablaron también del capítulo más complejo en estos días: la decisión local de cerrar el mercado interno a algunas importaciones brasileñas, señal que provocó muchas quejas de parte de los industriales paulistas. Concretamente, el titular de la poderosa FIESP, Paulo Skaf, habló con Lula antes que éste desembarque en Buenos Aires para quejarse por problemas que tienen los fabricantes de electrodomésticos, autopartes y textiles para ingresar en el mercado argentino. Cristina escuchó la queja, reconoció la existencia de las licencias no automáticas, pero se amparó en las consecuencias de la crisis para justificar la medida proteccionista coyuntural. Luego, en la conferencia de prensa, blanqueó la discusión afirmando que «la crisis internacional obliga a todos los países a disponer de medidas que tienen que ver, no con la protección o el proteccionismo como una deformación del intercambio comercial, sino para dar respuesta concreta a sus sociedades».
La Argentina ha defendido su decisión argumentando que busca balancear políticas monetarias y fiscales internas de Brasil que han beneficiado a su industria doméstica. Debe recordarse que el intercambio comercial bilateral de 2008 cerró para la Argentina con un déficit de 4.000 millones de dólares.
Ambos presidentes hablaron también de la potencial asociación binacional en el negocio aeronáutico, con la firma brasileña Embraer como «inductor». Recientemente, el Gobierno argentino anunció que compraría aviones a la firma con sede en el país vecino, en una operación que contará con financiamiento brasileño, y Lula dijo que le gustaría que algunas partes de las máquinas sean construidas en la Argentina. Se discutió también avanzar en el proyecto del todoterreno militar Gaúcho, una idea que se viene postergando desde hace un año, y que podría acelerarse en las próximas semanas.

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