17 de septiembre 2010 - 00:51

Lula será el más popular pero no es marciano

La figura de Luiz Inácio Lula da Silva concita una imagen positiva superior al 70% en Brasil, a la vez que es admirada por analistas y políticos del exterior que lo mencionan como un ejemplo para seguir. Le endilgan dotes de un gobernante que, sin resignar sus principios, pudo adaptarse a las circunstancias, con miras de estadista.

Sin duda que la gestión de Lula suma logros significativos que sustentan elevados niveles de popularidad. Por ejemplo, en el plano interno, de la mano de políticas de tipo «universal» dirigidas a pobres e indigentes, supo cambiar el mapa político de Brasil, haciendo fuerte al Partido de los Trabajadores (PT) allí donde durante décadas reinaron «coroneles» de currículum impresentable (sin que los políticos que emergieron al amparo del lulismo merezcan un monumento).

Hasta que llegaron Lula y su programa de la Bolsa Familia, el Estado era, en el mejor de los casos, un ente desconocido para muchos nordestinos. La economía de estados como Pernambuco o Alagoas sintió el impacto positivo.

En cuanto a la economía en general, tras años de ralenti, Brasil crece y su industria lo aprovecha. El progreso social, dicen las estadísticas, es una realidad, y en el plano externo, asoma como más cercana la aspiración de Itamaraty de sentarse a la mesa de las potencias. El tiempo aclarará el panorama. En tanto, Lula lo hizo.

Lo que suele ser pasado por alto por los aduladores de Lula son decisiones, medidas y actitudes que lo muestran parecido a gobernantes que son denostados. Por caso, el tendal de hechos de corrupción que lo salpicaron de cerca, o el cúmulo de decisiones del linaje más pragmático que existe en la política, que es el brasileño. Fenómenos como borocotización, compra de bancadas opositoras, tráfico de influencias, coimas y alianzas contranatura acompañan de punta a punta a importantes referentes de ambos mandatos de Lula.

Ayer renunció la jefa de la Casa Civil, Erenice Guerra, por supuestamente conseguir buenos contratos para la consultora de su hijo. Es tan sólo el último episodio de una saga que incluye el caso de José Dirceu, ex guerrillero, primer jefe de Gabinete del Gobierno socialista, presidente del PT durante siete años, mentor y negociador del lulismo. El hoy consultor de empresas y asesor político cayó en junio de 2005 acusado de ser el arquitecto del esquema del «mensalão», que consistía en coimear mensualmente a diputados de la «base aliada» del Parlamento, en el que el PT sigue siendo débil.

Pasó el tiempo, y tal necesidad de contar con votos parlamentarios llevó al lulismo a salvar el año pasado el puesto de José Sarney como presidente del Senado. Un aluvión de denuncias cayó sobre el ex presidente y referente histórico del centrista PMDB. Éste es un partido con extensión territorial, bancas, cuadros... y sin candidato presidencial. A diferencia del «mensalão», la segunda contabilidad creada por Sarney apenas tuvo costos políticos para un Lula que ya navegaba en 2009 por las nubes de la popularidad. El PT restó los votos necesarios para desplazar a Sarney con deshonra, y el PMDB continuó apoyando las medidas de Lula. Hoy, el candidato a vice de Dilma Rousseff es Michel Temer, hombre clave del PMDB.

Las alianzas electorales y parlamentarias incoherentes desde los planos ideológico e histórico fueron un sello de la era Lula. En un momento, llegó a coquetear con el caudillo de Bahia Antonio Carlos Magalhães. No había en el nordeste brasileño mayor ícono del caudillismo de derecha que había sido afín a la dictadura militar. El acercamiento se frustró y Magalhães (fallecido en 2007) terminó ofendiendo Lula con improperios.

Sólo por mencionar otra de las figuras estelares del lulismo, en marzo de 2006 el presidente debió resignar a su ministro de Hacienda, Antonio Palocci, acusado de dejarse tentar por lobbistas y de ejercer un turbio manejo del aparato estatal para perjudicar a quienes lo denunciaban. Beneficiado por la Justicia, que no halló irregularidades en su gestión, el ex alcalde de Ribeirao Presto y ex titular de Economía regresaría el año próximo de la mano de Rousseff. Le habría destinado un cargo maldito para la política brasileña: la Jefatura de la Casa Civil.

La lista de afectados por denuncias es mucho más extensa. La principal prensa paulista, que no quiere nada al mandatario del PT, se llegó a meter con sus hijos. «El negoción de Lulita», tituló Veja sobre Fabio en 2005, dando cuentas de un asombroso éxito empresarial. Folha de S. Paulo puso el foco en Sandro, a quien acusó de ser un ñoqui.

Cada una de estas denuncias merecerá un análisis profundo, para separar los datos relevantes de la hojarasca mediática y la revancha política. Pero en cualquier caso, conviene no ser derrochón con los elogios si se quiere realizar un análisis matizado.

Barack Obama lo dijo durante la breve luna de miel de su relación con el brasileño: «Me encanta este tipo. Es el presidente más popular del planeta». Probablemente lo sea, pero extraterrestre no es.

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