Macri, el campo y un mundo que sólo le reclama una certeza

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• EL FRENO A LA BAJA DE RETENCIONES PUEDE SER LÓGICO, PERO EXTEMPORÁNEO
La crisis hace que el Gobierno se tropiece y cambie de rumbo en temas ya demasiado clave. La mística interna en peligro. Michetti y la UCR.

Mauricio Macri partió a Sudáfrica el 26 de julio pasado para participar de la Cumbre de los Brics. Al día siguiente, su vicepresidenta, Gabriela Michetti, firmó el decreto por el que se modificó el régimen de asignaciones familiares. Dos días después, el sábado, Michetti entraba al predio de la Sociedad Rural para dar, en representación del Presidente, su mensaje ante todos los productores reunidos en la ceremonia de inauguración (nunca se entenderá el nombre de ese acto ya que en realidad se trata del cierre) de la muestra del campo más importante de la Argentina y seguro de Latinoamérica también. El escenario estaba este año recargado: desde un costado miraban la escena embelesados los ministros de Agricultura de los países del G-20 que se habían quedado en el país para ver ese espectáculo de toros reproductores campeones y anuncios de inversiones récord para garantizar una campaña 2018-2019 que dejara atrás la mufa de las pérdidas que dejó (para el campo y la recaudación) la seguía que asoló el país este año.

Era todo fiesta, incluso para Michetti que, con discurso leído, estuvo a la altura de las circunstancias. Ese día prometió al campo que el Gobierno seguiría a su lado. No era para menos: le hablaba al sector que el año próximo le tiene que garantizar al Gobierno ingresos por exportaciones de alrededor de u$s30.000 millones. Puede ser incluso superior de acuerdo con cómo evolucionen los precios internacionales. El Presidente seguía en Sudáfrica en su tramo de agenda privada y visita a una reserva de animales.

Ayer se comprobó que esos días en el poder no fueron una fiesta para Michetti. Macri dio marcha atrás con el decreto de asignaciones familiares que ella había firmado en medio de fuertes tensiones, de nuevo también con el radicalismo, por el impacto que esta medida estaba teniendo en los ingresos de familias en algunas provincias. Y ayer el Gobierno se desdijo de mucho de lo que le hizo garantizar a Michetti en la Rural. Se lo había criticado al Presidente por quedarse descansando el fin de semana en África en lugar de cumplir con el rito clave (se insiste, mucho más este año con tanta necesidad de dólares) de presidir la apertura de la Rural; un acto que deleita a los hombres del campo a los que se pedirá bastante este año y el que viene. Pero a la vista de la marcha atrás con la reducción de las retenciones a las exportaciones de harinas y aceite de soja y la suspensión de reintegros a las exportaciones, algunas voces maliciosas comenzaron a pensar que esa ausencia estuvo meticulosamente programada.

Para Macri, lo haya pensado o no, el tema es clave. La situación de la economía en el mundo golpea a la Argentina, pero, como siempre, es una gripe que en estas tierras impacta como neumonía. Y la traducción de esa multiplicación del riesgo local no es un problema económico sino político. El mundo financiero sigue esperando, como el primer día, que Cambiemos le demuestre que puede hacer lo que dice que va a hacer. Con la economía, la política y ahora también la corrupción. En ese juego, sólo Macri puede demostrar que no tiene interferencias para ejercer el poder a pleno. Para estas tares no hay vicepresidente que valga.

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