2 de septiembre 2009 - 00:00

Macri levanta intervención del PRO en Buenos Aires

Mauricio Macri se mostró ayer con su ministro de Salud, Jorge Lemus, para anunciar un plan de combate contra el dengue.
Mauricio Macri se mostró ayer con su ministro de Salud, Jorge Lemus, para anunciar un plan de combate contra el dengue.
Acto en el conurbano, llamado a elecciones internas y el regreso indeseado del primo Jorge. El cóctel que prepara Mauricio Macri para poner fin a la intervención del PRO en la provincia de Buenos Aires apunta a reforzar el vínculo con su principal socio bonaerense, Francisco De Narváez, quien podría convertirse en el gran elector del nuevo jefe macrista en el principal distrito electoral del país.

La cúpula macrista se viene reuniendo todos los jueves para definir el futuro del PRO, intervenido desde marzo con el principal objetivo de garantizar el cierre de la lista de candidatos que, con De Narváez y Felipe Solá a la cabeza, derrotó a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires. En esos encuentros, celebrados en escenarios rotativos como la jefatura de Gobierno porteño y las oficinas del diputado electo Jorge Triaca Jr., Jorge Macri reflotó su ambición de ser ungido nuevamente titular bonaerense del partido. Desplazado por el interventor José Torello, el primo reclama una reivindicación pública tras las versiones de sus prácticas non sanctas y su presunta obstaculización para cerrar un frente electoral en la provincia.

Pero los armadores de Macri a nivel nacional resisten el regreso de Jorge Macri como jefe máximo del PRO. En la última reunión, el presidente del bloque macrista en la Cámara de Diputados, Federico Pinedo, fue el encargado de oponerse a la resurrección política del primo. Intervenir el partido con el pretexto de normalizar su funcionamiento para luego volver a designar al mismo dirigente que motivó la intervención suena a contrasentido, no sólo para Pinedo sino también para el jefe de Gobierno porteño y también para De Narváez.

Señal

La intervención del PRO, estipulada en un principio por un lapso de seis meses, había sido motivada por «el adelantamiento de las elecciones nacionales, el proceso electoral bonaerense y a raíz de las desinteligencias de PRO disidente». El desplazamiento del primo Jorge de la conducción del partido generó el nacimiento del macrismo disidente, que amagó con sumarse al kirchnerismo en plena campaña electoral. El 23 de setiembre debería finalizar la intervención de Torello y comenzar un proceso de transición que culminará con la elección de las nuevas autoridades. La normalización del partido también es una señal del proyecto pesidencial del jefe de Gobierno capitalino.

Además del autopostulado Macri primo, el ala del ministro de Hacienda porteño, Néstor Grindetti, impulsa a los bonaerenses Gladys González, Christina Gribaudo y Ramiro Tagliaferro. González es diputada electa y cuenta con el aval del jefe de Gabinete macrista, Horacio Rodríguez Larreta. Gribaudo, vicepresidente de la Comisión de Agricultura en la Cámara baja, es el principal nexo de PRO con Solá y el responsable, junto con Mariano Rodríguez Larreta, del desembarco de Luciano Miguens en el partido. Tagliaferro, oriundo de Morón, legislador provincial y esposo de la ministra de Desarrollo Social, María Eugenia Vidal, quiere convertirse en el primer intendente PRO de la provincia de Buenos Aires.

En medio de esta danza de nombres, los macristas de paladar negro coinciden en que De Narváez será el gran elector del sucesor de Torello una vez que se levante la intervención. «Francisco es nuestro candidato a gobernador 2011 y su opinión va a ser determinante para Mauricio», susurran en el PRO. A Solá le reservan, como mínimo, la jefatura de un megabloque de peronistas disidentes y macristas. Pinedo ya brindó su acuerdo para entregarle al ex gobernador de Buenos Aires el bastón de mando en la Cámara de Diputados.

La pax macrista se rubricará a fin de mes con un acto en el conurbano, con globos y banderas amarillas, donde Macri anunciaría el llamado a elecciones internas en su partido para elegir nuevas autoridades. Un gesto para desmarcarse de la eterna y hueca ronda de «diálogo» sobre reforma política de la Casa Rosada.

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