Mauricio Macri recibirá hoy a la cúpula de la UCR en reunión bilateral con asado en Olivos. Habrá catarsis y se propondrán estrategias electorales de cara a los comicios de mitad de mandato de octubre próximo, aunque por debajo de ese convite suda un objetivo más fino: sondear a su socio de Cambiemos para frenar el denominado radicalismo "blue".
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El término es el que apareció en noviembre de 2014, tras una cumbre radical en San Fernando y con el centenario partido aún en el ya olvidado Frente Amplio Unen. Eran tiempos en los que la Unión Cívica Radical se encontraba lejos de lo que hoy es Cambiemos.
Sin embargo, tras esa reunión en San Fernando apareció el radicalismo "blue": era el real, el que mantenía fuerza en las provincias en las que podían darse triunfos locales después de años en los que el partido perdió territorio, cuando mandatarios radicales se sumaron al viaje de la Concertación K de Néstor Kirchner.
Los acuerdos de ese radicalismo "blue" fueron muy simples: cerrar consensos con el macrismo y el massismo ya que las provincias tendrían para las elecciones de 2015 una "autonomía concertada". La UCR no sólo se potenció, sino que siguió unida tras otra cumbre más virulenta, la de Gualeguaychú -marzo de 2015-, cuando el partido aceptó participar de las PASO dentro de Cambiemos y con Ernesto Sanz como precandidato presidencial. Hoy, el mendocino es un asesor de Macri sin cargo oficial.
El final de ese radicalismo dependía, como al dólar en ese momento, de hasta dónde se le escapaba el "blue" a la conducción partidaria. Después de un año de Gobierno y una reciente homogeneización en cargos ministeriales premium, llegó la hora de direccionar la lupa hacia los socios de Cambiemos, sin necesidad de exigir trifulcas locales en distritos donde el radicalismo arregló, en especial, con el serpenteante Sergio Massa.
La necesidad de esta homogeneización llevó a Macri a pedir la presencia en el asado de hoy de los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza), Ricardo Colombi (Corrientes) y Gerardo Morales (Jujuy). Éstos se sumarán al buró conformado por el titular del partido e intendente de Santa Fe, José Corral; los jefes legislativos Mario Negri (Córdoba) y Ángel Rozas (Mendoza); la presidenta de la Convención Nacional, Lilia Puig de Stubrin, y Sanz.
Macri sabe que una acumulación de poder de cada gobernador radical erosionará el "panel de control" que tanto gusta al PRO. Tampoco quiere una liguilla de mandatarios provinciales que emule las épocas del menemismo, donde los caciques del peronismo eran un factor de equilibrio.
A los radicales les preocupa no sólo el plumeo de las listas, sino también las intensiones de sumar a justicialistas que brama con sus dardos el peronista con témpera PRO y titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, cuyo cargo es seguido con extrema atención por la UCR.
"Hay que distinguir la necesidad de consensos amplios, de la construcción política a la hora de las elecciones. Ni -el senador nacional del FpV, Omar- Perotti, ni -el exministro del Interior y de Transporte K Florencio- Randazzo, ni -el gobernador de Salta, Juan Manuel- Urtubey van a estar en las listas de Cambiemos porque no lo quiere. Está bueno porque, con matices, apoyaron al Gobierno anterior y nosotros tenemos que representar un cambio", manifestó Corral ayer.
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