30 de julio 2009 - 00:00

Madrinazgos, apologías y rechazos

Mirtha Legrand, Mauricio Macri y Hernán Lombardi junto con los anfitriones Pepe Cibrián y Ángel Mahler en el corte de cintas del Multiespacio Los Ángeles.
Mirtha Legrand, Mauricio Macri y Hernán Lombardi junto con los anfitriones Pepe Cibrián y Ángel Mahler en el corte de cintas del Multiespacio Los Ángeles.
La elogiada actriz de «Piaf», Elena Roger, asistió el lunes a un preestreno de «30 días» en el Multiespacio Los Ángeles y recibió un confuso homenaje del dueño de casa y autor de la obra Pepe Cibrián. A la hora de los aplausos, Cibrián subió a escena para compartirlos con los actores y su músico Angel Mahler. Después de subrayar el talento de los protagonistas de su obra, el director se refirió a «esa vanidad» que hace que «estemos pendientes de una buena crítica en un diario de gran tirada y no nos importe si esa misma crítica sale en uno de pueblo». Y relacionó esa «singularidad» -de la gente del espectáculo hay que entender- con la presencia en la sala de Elena Roger, «una persona que es grande pero no porque haya triunfado en Londres y haya ganado un premio, sino que es fantástica desde que la parió su madre», destacando también que él se siente parte («la siento medio parida por mí»), en referencia a las veces que la dirigió en el pasado. Después de tantas pariciones, le hizo señas a Roger para que se sumara al elenco en el escenario, pero ella --para sorpresa de muchos-- declinó la invitación diciendo «Es tu noche, no la mía». Cibrián insistió varias veces, y a todas ellas, Roger respondió «Es tu noche». «Es tu noche», y se quedó sentada en su butaca.

En el reportaje que este diario le hizo a Cibrián, él también había mencionado a Julia Calvo: «además de Elena Roger, también está Julia Calvo, que empezó conmigo haciendo «Calígula» y después fue la protagonista joven de «George Sand», en el Metropolitan. De golpe todo el mundo habla del triunfo de Elena Roger en Londres y ya sabemos que en nuestro país siempre se privilegia lo foráneo».

Pero también ocurrieron otras cosas singulares ayer: Mirtha Legrand, que estuvo en el hall como madrina de la sala, llamó la atención por otra negativa: no quiso acercarse a descubrir la placa recordatoria de Ana María Campoy que preside la entrada a la sala. El comentario generalizado señalaba que era por razones físicas, ya que prefería no subir la veintena de escalones que llevan a la entrada. Sin embargo, no faltó quien aludiera a algunos «viejos rencores» que la habrían distanciado de quien fue su amiga. En ese apiñado hall, hubo quienes recordaron enseguida un viejo «Almorzando» en el que la «Chiqui» y la Campoy habían intercambiado ciertas acusaciones, aunque de inmediato se encontraron con la respuesta de otros, indignados: «Ese programa nunca existió. Es una de los tantas leyendas urbanas de la televisión, tan poco sólidas como el de aquel otro programa con María Amuchástegui».

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