21 de junio 2010 - 00:00

Madsen: “En muchas películas de guerra el héroe es irreal”

Ole Christian Madsen, director de «Flame y Citron», sobre dos controvertidos miembros de la Resistencia antinazi danesa que actuaban a plena luz del día.
Ole Christian Madsen, director de «Flame y Citron», sobre dos controvertidos miembros de la Resistencia antinazi danesa que actuaban a plena luz del día.
Alto, con cierto aire de director antiguo gracias a su gorra, el danés Ole Christian Madsen vino a filmar una comedia de amor y fútbol, «Superclásico», con una pareja danesa y otra argentina, y de paso a presentar su drama de guerra y odio, «Flame y Citron», que se estrena este jueves. Dialogamos con él sobre ambos films.

Periodista: ¿Quiénes fueron, exactamente, Flame y Citron?

Ole Christian Madsen: Dos miembros de la Resistencia antinazi que actuaban a plena luz del día, tan populares y fantasmales que al menor ruido de bomba la gente decía «Debe ser Flame». Los niños no jugaban a indios y vaqueros, sino a Flame y Citron. Los nazis les achacaban cerca de mil asesinatos, y ofrecían por ellos una altísima recompensa. Pero después de la guerra fueron olvidados.

P.: ¿Cómo es eso?

O.C. M.: Como varios otros países, Dinamarca rehizo su historia oficial. Y ellos no encajaban en el modelo de historia oficial que muchos daneses querían. Le explico. Más que ocupado, Dinamarca fue aliado nazi, colaboró políticamente, cerró fronteras, practicó la censura, rechazó a refugiados, nuestra policía se encargaba de arrestar a los antinazis. Duele decirlo, pero fue así. Después de la guerra se creó la imagen de una resistencia masiva, pero los verdaderos miembros de la Resistencia apenas fueron unos 1500 hombres, cuanto mucho. El problema es que fueron muy violentos. Mataban a los colaboracionistas, pero éstos eran civiles desarmados. ¿Eso era algo heroico? Alguien debía hacerlo. A veces también mataban inocentes, porque en caso de duda elegían matar y listo. Eso no encajaba en la imagen que los daneses querían mostrar de sí mismos. Para colmo, en 1946 un escritor famoso dijo que eran todos psicópatas y punto.

P.: Alguno habrá habido.

O.C.M.: Se investigó poco, taparon mucho de ambos lados, hubo muy pocos juicios. Nadie supo exactamente qué muertes fueron justas o injustas, quiénes culpables o inocentes, ni tampoco quiénes mataban por plata. Muchas familias nunca supieron qué hizo el padre en la guerra. Ni el gobierno. Además se enfrentaban la Holger Danske, a la que pertenecían Flame y Citron, y los comunistas, que se decían conservadores para que los ingleses les dieran armas. Pero, tras la guerra, ninguno de ellos tuvo la menor influencia. Simplemente, los viejos políticos que regalaron el país se reacomodaron y siguieron gobernando. Con el tiempo se descubrió, por ejemplo, que un ministro de la posguerra había mandado matar gente cuando, en los 40, era miembro del Partido Nazi danés.

P.: ¿Al final la única persona decente era la Sirenita?

O.C.M.
: Algo así. Las muertes fueron mucho más violentas de lo que muestro. Engañados, emboscados, el fundamentalismo de Flame y Citron se convirtió en una trágica mentira. Creo que son héroes, pero mi idea es mostrar héroes de carne y hueso, controversiales, que cometen errores. En las películas de guerra los héroes no parecen reales. Algo interesante, los alemanes respetaban a Flame. Porque hablaba alemán, lo creían líder, y jamás mostró miedo. En verdad era un soldado raso.

P.: ¿Y qué fue de la espía doble de la que se enamoró?

O.C.M.: Ella los delató. En archivos de Estocolmo apareció un recibo por el dinero cobrado. Luego pasó a trabajar para la Inteligencia del ejército aliado, lo que la hizo intocable. La Resistencia no logró permiso para vengarse. Después conoció a una cantante americana, Diane Miller, ambas bisexuales, y se fueron a Mallorca, paraíso de ex nazis. Murió pobre, abandonada, alcohólica. En cambio a una amiga suya, espía sueca, la mató la Resistencia. Pero ningún killer quería matarla, porque se había acostado con casi todos, y todos tenían buenos recuerdos de ella. Fue la única muerte que tuvo Suecia en la II Guerra, a veces nos la reprochan.

P.: Hablando de Suecia, ¿qué hace usted en la Bombonera?

O.C.M.: Ruedo «Superclásico», así, con ese título en castellano. ¡Aparece Boca! Y el otro equipo. Pero no es de fútbol, sino de amor. Una comedia, quizá con final feliz. Forma trío con mis anteriores «Kiras Reason. A Love Story» y «Prague», ambas sobre parejas en crisis. Por el argumento, que mezcla dos pasiones, Buenos Aires es una buena opción, vine acá muchas veces, me gusta, tenemos mentalidades parecidas, pese a esos clisés que hablan de latinos emocionales y nórdicos reservados, y los técnicos son muy buenos, siempre de buen ánimo, lo que me hace ser más amable. Hay algo más: mi club favorito, el Brondby, tiene los mismos colores que Boca, y los hinchas también son de clase trabajadora. Y su rival tiene los mismos colores que River, e igual fama de club de «millonarios».

P.: ¿Intérpretes?

O.C.M.: Paprika Steen, Anders Berthelsen, que acá se vieron bastante, y los argentinos Sebastián Estevánez y Dafne Schilling, actriz nueva.

P.: Supongo que también actúan algunos futbolistas.

O.C.M.: Si, Estevánez, que hace de nueve. Fue una negociación difícil. Primero no podíamos mostrar a los jugadores, y yo quería especialmente a Palermo, soy fanático suyo. Por suerte nos permitieron filmar un superclásico. ¿Sabe? Dos semanas atrás la TV danesa estrenó un documental sobre los hinchas de Boca. Se titula «Soñadores».

Entrevista de Paraná Sendrós

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