17 de marzo 2010 - 00:00

Mal precedente para glifosato

La aplicación del herbicida glifosato fue limitada por una decisión judicial en la zona de la localidad santafesina de San Jorge, pero la medida podría tener acatamiento en otras poblaciones de esa provincia.

El fallo correspondió a la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial (Sala II) de los Tribunales de la capital de Santa Fe. Se trata del herbicida más utilizado en el cultivo de la soja que es resistente a sus efectos, mientras que en cambio elimina las malezas.

Si bien el fallo prohíbe utilizar ese agroquímico en un radio de 800 metros de la población de la localidad de San Jorge, en el sudoeste provincial, se estima que será replicada en toda la provincia. En las últimas horas, distintos distritos presentaron recursos de amparo ante la limitación judicial.

Esta prohibición encuentra al cultivo a las puertas de su cosecha, mientras que el glifosato fue aprobado en la Argentina hace más de 20 años.

La medida judicial también dispone que el Gobierno de la provincia y la Universidad Nacional del Litoral se encarguen de confeccionar los estudios que demuestran certeramente que esos químicos no perjudican la salud de las personas o cualquier ser vivo que se someta a su accionar.

Esto significa que fue invertida la carga de la prueba, ya que, hasta ahora, quienes se manifestaban en contra del producto debían realizar las tareas de comprobación.

Se trata de un fallo inédito para la Justicia argentina, porque limita su aplicación en un radio determinado y porque se tiene que demostrar que es inocuo para la salud.

Guillermo Cal, director ejecutivo de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), que agrupa a empresas que comercializan el agroquímico, consideró que el glifosato es un producto que tiene una toxicidad muy baja.

«No se volatiliza y rápidamente se degrada en el medio ambiente. Establecer una distancia es de mínima importancia porque, en la práctica, es mínimo el riesgo», dijo.

Por su parte, Rodolfo Páramo, médico pediatra de la localidad de Malabrigo inició, hace varios años, una campaña para denunciar lo que provoca el herbicida en las personas.

«Lamentablemente, ya tenemos otro cultivo, que es el maíz, al que se autorizó en el año 2007 y que requiere los mismos agroquímicos que la soja», señaló.

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