30 de mayo 2017 - 00:08

Malcorra: una salida (sin crisis) que se anticipaba

Mas allá de algunos cuestionamientos que se le hicieron a la canciller, el recambio tiene su explicación en una situación personal que se conocía desde hace meses. El equilibrio entre Pompeo y Peña.

Despedida. Mauricio Macri dio una conferencia de prensa en la Casa Rosada para anunciar la salida de Susana Malcorra y allí mismo la abrazó.
Despedida. Mauricio Macri dio una conferencia de prensa en la Casa Rosada para anunciar la salida de Susana Malcorra y allí mismo la abrazó.
La renuncia de Susana Malcorra a la Cancillería ayer no fue un hecho sorpresivo o apurado por Mauricio Macri. El proceso de salida de la funcionaria estuvo precedido por una ola de rumores sobre su permanencia que poco se acercaron a la realidad de lo que sucedía en la vida privada de la canciller.

Todo ese proceso, de todas formas, fue acompañado por ruidos concretos y verificables que el tiempo se encargará de analizar. Uno de ellos es el fracaso que experimentó el Gobierno en varias de las negociaciones que se llevaron adelante en la gira a China por no anticiparse a conflictos que debieron solucionarse antes, como por ejemplo habilitaciones pendientes para las represas de Santa Cruz. Ese "terreno minado" que dejó Cristina de Kirchner sigue siendo una prioridad para los chinos que debe solucionarse.

Ni las críticas sobre el trato a Venezuela, tema en el que se acusa al Gobierno de actuar con demasiada piedad hacia Nicolás Maduro en medio de los asesinatos de opositores cometidos por las milicias bolivarianas, ni las quejas se escucharon dentro y fuera del Gobierno por la fallida campaña de Malcorra por presidir la ONU, deben ser excluidos de esa lista a la hora del balance, pero ninguno de esos temas terminaron por definir la situación.



En realidad, en ese balance, Macri debe agradecerle a Malcorra tanto como lo que puede tener el Gobierno para cuestionarle. La Canciller le aceleró la apertura de la agenda internacional cuando el Presidente recién estaba organizando la asunción y necesitaba mostrarle al mundo un giro absoluto desde la cerrazón diplomática que protagonizó el kirchnerismo. La visita de Barack Obama a la Argentina puede considerarse casi un regalo diplomático de bienvenida tejido en los pasillos de las Naciones Unidas. Y aunque no hubo éxitos concretos en la gira a Oriente, puede considerarse un acierto el haber colocado a Macri en ese momento en una China aperturista en lo comercial, mientras Latinoamérica estallaba por la crisis brasileña y Donald Trump proponía cerrar los Estados Unidos al mundo.

La interna diplomática que corría en paralelo a esos razonamientos, además, sirvió más para definir la sucesión de Malcorra que para apurar su salida. Podría decirse que tanto Fulvio Pompeo como Marcos Peña quedaron conformes ayer con todo el proceso.

"Nuestra canciller nos abandona, no del equipo, pero sí como canciller por temas personales", le dijo Macri ayer en la despedida que organizó en tono de conferencia de prensa junto a Marcos Peña. En esos términos, la salida fue procesada con anticipación al punto que el Gobierno festejaba haber anunciado el cambio casi sin crisis y hasta poniendo sobre el mesa el nombre del sucesor, Jorge Faurie, en el mismo acto.

La situación personal de la que habló el Presidente tiene su explicación en Madrid, donde viven y trabajan el marido y el hijo de la canciller. La partida de Malcorra no se explica en la voluntad de reunificar una familia que vive dividida, un problema en sí mismo, sino en una enfermedad que sufre su esposo y de la que se encuentra recuperado. Malcorra ayer lo explicó de alguna forma: "Es un momento complejo, porque tomo una decisión que tiene tensiones entre el orgullo de representar a la Argentina y mis responsabilidades familiares. Hace muchos años que con mi familia, que vive en Madrid, estamos separados y los años acumulan la distancia", dijo.

De hecho una anécdota vivida por este cronista en septiembre del año pasado en Nueva York confirma esas explicaciones de la canciller. En ese momento Macri había viajado a esa ciudad para participar de su primera Asamblea Anual de las Naciones Unidas. Malcorra aceptó dialogar con periodistas en las oficinas de la delegación argentina ante la ONU, en un piso 25 frente al edificio principal del organismo. Hacia el final de la charla le pregunté como manejaba los conflictos que implicaban una doble vida entre la familia en Madrid y sus funciones en Buenos Aires y el mundo. La canciller comenzó a explicar sobre el trabajo de su marido en Italia y luego en Madrid y comenzó a llorar. Reconoció allí la enfermedad de su esposo, que ya por entonces estaba en vías de solución y lo difícil que les resultaba una vida alejados. Por una cuestión respeto esencial a su privacidad, ese off the record no fue relatado en su momento, pero ya anticipaba que la situación de la canciller tendría un cambio en algún momento.

Encuesta

¿Cómo cree que fue la gestión de Malcorra al frente de la Cancillería?