6 de julio 2015 - 15:58

Malón criollo disputa plazas para la misa de Ñu Guazú

• CRISTINA VIAJARÁ EL DOMINGO PARA LA ÚLTIMA MISA DEL PAPA EN PARAGUAY

Horacio Cartes
Horacio Cartes
El Gobierno se declaró en estado de movilización desde el viernes para ocupar un nuevo retablo: el del campo grande Ñu Guazú, en Paraguay, donde el papa Francisco rezará la última misa de su visita a la región, que comenzó ayer. Cristina de Kirchner le comunicó el viernes al presidente del Paraguay, Horacio Cartes, la aceptación de la invitación a concurrir a esa celebración, a la que asistirán, además, otros mandatarios de la región.

Como en otras oportunidades de contacto papal el Gobierno, como todos los protagonistas de la política, intentan moverse en el filo del proselitismo. El escenario papal -como el de las copas de fútbol- permite altísima visibilidad ante públicos que exceden en calidad y cantidad al de la política. Exagerar en gestos de exhibición abre flancos a la crítica, pero la adhesión personal e institucional de la Presidente hacia Francisco permite márgenes de despliegue que no tienen otros colegas de la región. Tabaré Vázquez y Dilma Rousseff aceptaron la invitación de Cartes, pero ni ellos ni Michelle Bachelet (que no ha confirmado aún asistencia) han manifestado ni la fe personal de Cristina de Kirchner ni sus agendas están tan ligadas a la feligresía de sus países como ocurre en la Argentina. Por eso, la noticia del viaje del próximo domingo movilizó a todo el oficialismo que necesita, después de los resultados electorales de ayer, algún oxígeno que le permita recuperar aire en la campaña electoral.

No se conocerá la integración de la delegación que prevé, hasta ahora, la presencia del canciller Héctor Timerman, su secretario de Culto Guillermo Oliveri y el embajador en el Vaticano Eduardo Valdés. Todo lo demás está para debatirse. Por ejemplo, si irá o no Carlos Zannini, quien como secretario presidencial tiene asiento fijo en todos los viajes oficiales. Ocurre que además es candidato a vicepresidente y tampoco es un hombre identificado con el ala pía del Gobierno, como otros amigos del papa Bergoglio que son viajeros frecuentes a Roma, como el diputado Julián Domínguez, quien disputará unas primarias para la gobernación bonaerense con otro feligrés cercano a Francisco como Aníbal Fernández, quien tendría como candidato tanto derecho como Valdés, que está en una lista como postulante a mercodiputado.

Por esas razones la estética de la delegación se filtrará según el formato de la campaña oficial. Por ejemplo, si viaja Zannini, ¿por qué no lo haría Daniel Scioli, quien encabeza la fórmula presidencial? El gobernador mantiene una relación estrecha con Francisco, pero se ha cuidado de no exagerar su presencia en el Vaticano, en donde han estado en los últimos 40 días su mujer Karina Rabolini y su hermano José, que ocupa hoy un lugar más gravitante que nunca en su equipo de campaña. Hasta ahora no figura en su agenda un viaje al Paraguay. Scioli estuvo con el Papa en Río de Janeiro en la cumbre de la juventud de julio de 2013, invitado por el Gobierno de Brasil. También estuvo allí Cristina de Kirchner, acompañada por el entonces primer candidato a diputado Martín Insaurralde, experiencia que el Gobierno revisará por los efectos que tuvo en el proceso electoral de ese año; perdió las elecciones frente a Sergio Massa en una campaña en la que se usaron afiches del lomense junto al Papa.

Tampoco tiene confirmación la presencia en la delegación criolla del laico José María del Carril, un laico argentino que conduce en todo el mundo el programa Scholas Occurrentes, que es la niña de los ojos del Papa y que se ha subido a otros viajes papales del Gobierno. También es esperable que se suba al avión Carlos Tomada, ministro y desde anoche legislador porteño electo, quien la semana pasada dedicó una jornada en la Cancillería a exponer ante los embajadores acreditados en el país sobre el concepto de trabajo digno del papa Francisco, uno de los temas que tratará éste en sus sermones en lugares pobrísimos como el de Ñu Guazú.

Este viaje del Papa tiene una corriente subterránea a la que no es ajena la Argentina, en particular en el tramo de Bolivia, país al que estaba invitada también la Presidente pero que descartó con el argumento de que su salud no le permite someterse a la altura (lo mismo se usó para rechazar la invitación de Rafael Correa a Ecuador). La razón verdadera de esa resignación es que el Papa hablará en Bolivia del conflicto con Chile por la salida al mar. Para eso el rector de la UCA Víctor Fernández -íntimo asesor del Papa- organizó hace dos meses una reunión de expertos que reflotaron un plan de la universidad de Lovaina para superar ese entuerto. La Argentina quiere estar lo más lejos posible de ese asunto para mantener equilibrio en las relaciones con ese país.

El Papa ha argumentado ante sus consejeros que éste es el primer viaje a América Latina que ha elegido hacer él (el de Río estaba organizado para Benedicto XVI) y que ha decidido hacerlo a tres países que perdieron guerras (Ecuador ante Perú, Bolivia ante Chile, Paraguay contra la Triple Alianza) para dar una señal de pacifismo en la región y afirmar su idea de que desde la periferia se entiende mejor el centro. Por eso este viaje habrá sermones en castellano, no en italiano -como en otros viajes- y también tiene programados hacer algunos en quechua y el guaraní. Una prueba de capacidad idiomática.

La movilización vernácula no se limita al Gobierno. La Iglesia organizó viajes a Paraguay de curas villeros con habitantes de esos barrios de la Capital Federal, en micros auspiciados por el Gobierno de Mauricio Macri a través de los funcionarios del área de Culto y que coordina el diputado nacional Jorge Triaca.

El Papa tiene entre los sindicalistas uno de los padrones más fieles, pero hasta ahora el único movimiento que se ha registrado es el que promueve el gastronómico Dante Camaño. Organiza en estas horas la presencia del conjunto musical de la parroquia de San Ignacio para que interprete en Asunción, con la presencia de Francisco, una versión del Stabat Mater de Gustavo Fedel. Una exquisitez la de estos gastronómicos.

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