En un departamento de clase alta en el corazón de París, Pierre Arthens, el crítico de gastronomía más renombrado del mundo, está a punto de morir. Admirado por algunos y odiado por la mayoría, ha destruido y ensalzado de la manera que se le dio la gana la reputación de los más diversos chefs. Un comentario suyo bastaba para mutar el destino del cocinero más prestigioso. Ahora, en la cama donde espera su fin, trata de descubrir en medio de tantos placeres gastronómicos deglutidos, cuál fue ese sabor único que lo hizo feliz. Así se sumerge en las pobladas galerías de su memoria gustativa, rememorando todo tipo de delicias culinarias y volviendo a los paraísos de su infancia. Así va pasando por las carnes, pescados, verduras, el pan, los helados, y cada sabor (como lo enseñara Marcel Proust) evoca circunstancias, momentos, una etapa de la vida, lleva a recordar escenas con familiares y amigos. Y como suele ocurrir en estos casos, son muchos los que piensan en ese hombre que está muriendo, en su legado teórico y su herencia pecuniaria.
Así, la portera Reneé ve al crítico como encarnación de la diferencia social. Laura, la hija, se ha acostumbrado a no esperar nada de ese padre que no tuvo. O, entre otros, el lamento de Rick, el gato que fue su real compañero y al único al que Arthens reverenciaba, y que se siente muriendo junto a su amo.
La trama se desarrolla pasando a saltos de los momentos íntimos del crítico gastronómico a los retratos que hacen de él y de sí mismos los diversos personajes que están o se acercan a ese edificio de la calle Grenelle sabiendo del próximo resonante deceso.
La búsqueda que realiza el crítico del sabor que lo hizo feliz tiene que ver con el título original de la novela "Une gourmandise", que algunos tradujeron como "Una golosina", y sería más ajustado titular "Un manjar". Un manjar que remite a Proust pero también al Rosebud de "El ciudadano" de Orson Welles, en el enorme placer de algo humilde que se esconde en un borroso secreto. La versión española de libro optó por bautizarlo como "Rapsodia gourmet", quizá refiriendo al bello estilo narrativo logrado por la escritora Muriel Barbery (autora de "La elegancia del erizo"). "Rapsodia gourmet" es un libro contra la soberbia, pero también a favor de esa soledad donde "Dios, es decir el placer bruto, sin concesiones, surge de lo más hondo de nosotros mismos, que sólo tiene que ver con nuestro propio goce y a éste regresa; Dios, es decir esa región misteriosa de nuestra intimidad en la que nos pertenecemos por completo a nosotros mismos en el apoteosis de un deseo auténtico y de un placer puro", según piensa el agónico protagonista.
El premio Meilleur Livre de Littérature Gourmande (Mejor libro de literatura gastronómica), resulta un chiste si se piensa en la profundidad buscada por la autora, y es tan válido como si hubiera ganado el premio al Mejor Recorrido Poético por una Célebre Tradición Francesa.
| M.S. |



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