30 de julio 2013 - 00:00

Manning, entre la mayor traición y el heroísmo

Fort Meade - Bradley Manning sonríe. Poco antes de enviar cientos de miles de documentos confidenciales a WikiLeaks, el joven soldado estadounidense, en aquel 2010 todavía analista de inteligencia en Irak, se colocó ante un espejo y se hizo un autorretrato, visiblemente para inmortalizar aquel momento que cambiaría su vida. ¿Constituye esta fotografía la prueba de que tenía malévolas intenciones y que con sus filtraciones a la plataforma de Julian Assange quería dañar conscientemente a su Estados Unidos?

Para el fiscal del caso, Ashden Fein, no cabe duda alguna de ello, según afirmó el jueves pasado durante su alegato final en el juicio que se le sigue en Fort Meade. Es más, recordó: en 2010, Manning concluyó el escrito que poco tiempo después cambiaría su vida despidiéndose en un tono bastante alegre: "Have a good day", que tengan un buen día, escribió al término de su e-mail a WikiLeaks. Éstos no son más que algunos retazos de las más de 160 pruebas presentadas en el juicio militar que se le sigue desde hace dos meses.

Según la fiscalía, tanto la foto como el mensaje demuestran sin lugar a dudas que el joven se sentía, cuanto menos, orgulloso de sus filtraciones. "Lo único que le interesaba era darse a conocer", sostuvo Fein. Y continuó: ganarse el favor de Julian Assange, la estrella en el mundo de los informantes. "Está claro que Manning acumuló toda la información posible para agradarle", dijo el fiscal.

Pero los pecados de Manning a juicio de la acusación no se quedan ahí: Assange asesoró una y otra vez al soldado, dándole consejos sobre cómo protegerse y esconderse.

Al igual que el también informante Edward Snowden, Assange es requerido por Estados Unidos como traidor. Algo que hace que ambos sigan de cerca lo que pasa en el juicio de Manning.

Para Estados Unidos, las revelaciones del joven soldado no causaron daños sólo a nivel diplomático y para la seguridad del país. Según Fein, los perjuicios son incluso cuantificables: 3,2 millones de dólares es lo que cuestan las informaciones que filtró, una cifra calculada en lo que habría pagado por ellas un servicio secreto extranjero.

El soldado de cara aniñada siguió el proceso casi sin pronunciar palabra. Como en audiencias previas, apenas mostró reacciones. Mientras la defensa intentó hasta el último minuto reducir la condena de Manning mediante recursos, la fiscalía se esforzó por lograr que el informante acabe sus días tras las rejas. Hace ya más de tres años que el analista de inteligencia fue arrestado en su base en Irak; desde entonces ha permanecido encarcelado.

Independientemente de cómo falle la jueza del caso, Denise Lind, para un numeroso grupo de defensores de la libertad de información Manning es ya un héroe. Así lo hicieron constar en un anuncio a toda página pagado la semana pasada en el diario The New York Times, en el que, bajo el lema "somos Bradley Manning", artistas e intelectuales como Noam Chomsky o Russel Brand, pero también meros ciudadanos, pidieron la liberación del joven soldado y donaciones para pagar sus gastos legales.

Agencia DPA

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