El último fin de semana Moro también repuso en el Teatro de la Comedia "Jesucristo", un intenso monólogo a cargo de Mariano Mazzei inspirado en textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Dialogamos con él:
Periodista: ¿Tan fuerte es su identificación con la obra de Storni?
Mariano Moro: Soy un enamorado de sus poemas. Pero, más allá de mi sensibilidad como artista, ante una Alfonsina que comunica sus deseos, dificultades, sentimientos y emotividad con toda el alma, resulta imposible no identificarse. Victoria representa a una Alfonsina ideal, tal como ella quería verse bella y esbelta como una diosa romana-. No era una mujer fea. Pero se veía así porque tenía un ideal de belleza muy alto. Esto contrasta con esa Alfonsina que se frustra, que sufre desengaños amorosos, que se enferma y piensa que todo el mundo la rechaza. En sus poemas se la ve en permanente confrontación, hace lo que nadie esperaba de una mujer: ser madre soltera, proveerse el sustento y meterse en el mundo literario, exclusivamente masculino. Ella tenía debilidad por los hombres. Los amparaba, los veneraba y a la vez los desafiaba, insultaba y... odiaba.
P.: Y se atrevió a derribar varios tabúes en relación a la muerte, la maternidad, el deseo femenino, la moral.
M.M.: Sí, dijo cosas impropias para su época. Hay un poema que me encanta en el que ella viaja en subte y ve a un hombre que le gusta y lo quiere tocar. Y se pregunta si el hombre se dará cuenta de que quiere tocarlo.
P.: Ella misma se definió como una loba en uno de sus poemas. Cuesta imaginarla rodeada de sirenitas como se la describe en la canción "Alfonsina y el mar".
M.M.: Hay gente que piensa que ella escribió esa letra. Pero hay una devaluación entre su último poema "Voy a dormir" que es perfecto y los versos de esa canción que ya no son tan buenos. El que nunca leyó a Alfonsina y venga a ver el espectáculo, va a conocer lo esencial de su obra; es lo que a mí me interesa. Por supuesto, también está la niña que juega con los versos y quiere mostrar lo inteligente que es, la feminista, la rebelde y demás. Pero todo eso tiene valor porque ella fue una gran artista y dejó una obra muy valiosa. Aun enferma nunca perdió su ambición artística y consiguió convertir su muerte en una obra de arte. Antes de matarse envía un poema a La Nación sabiendo que va a ser el último que escriba. Y ese poema es luminoso.
P.: Háblenos de "Jesucristo" es un buen momento para reestrenar la obra, ahora que tenemos Papa argentino.
M.M.: Fue pura coincidencia. Ya habíamos reservado la sala. Más allá de este momento en particular la figura de Jesucristo es única y lo que ha representado en la historia del mundo la vuelve aún más fascinante. En los primeros volantes de la obra yo presenté a Jesús como "un dios para leprosos, esclavos y prostitutas". Tiene esa dualidad de ser tremendamente humano y a la vez ser Dios. Yo vengo de una familia muy atea y anticlerical pero siempre creí en los sentimientos religiosos. Después de preparar esta obra empecé a sentirme cristiano y todavía no se me pasó.
P.: ¿Acepta todos los dogmas?
M.M.: Como intelectual pongo en duda todo, y sin embargo puedo sentir, por momentos, la divinidad de Jesús a través de un hombre torturado que dice: "Háganmelo a mí y no a los demás". Presenté a Jesús como el maestro que fue y el acento de su prédica está puesto en "el otro": en no hacerle daño, en cuidarlo, en no desamparar a quienes dependen de uno y en ocuparse siempre de los que sufren. ¿Qué puede tener más vigencia? Hoy la religión es importante porque te hace reflexionar sobre cosas que tendemos a negar, cosas tan básicas como la enfermedad, la muerte y el sufrimiento de los demás y la destrucción de nuestro planeta. Cristo es el ejemplo ideal para que uno se replantee lo que está haciendo, sin andar defenestrando lo que hacen los demás. Desde el punto de vista teatral, la vida de Cristo también tiene una dimensión trágica muy potente.
P.: ¿Qué clase de público fue a ver la obra?
M.M.: Primero vino el público de teatro que no es creyente. Los católicos tardaron en venir por prevención, temían que la obra los disgustara, pero felizmente les gustó mucho. Tuve la satisfacción de que protestantes, testigos de jehová, católicos y cristianos por su cuenta me dijeran lo que yo quería oír: "Ese es el Jesucristo en el que yo creo".
P.: ¿Diría lo mismo de la película de Zeffirelli o de la más reciente de Mel Gibson?
M.M.: La de Gibson me gustó, pese a que rechazo la sangre y la violencia. Es muy ajustada a lo que se cuenta del calvario en los Evangelios. Realismo puro. No está mal pero yo quise hacer otra cosa. En cuanto a la película de Zeffirelli, que siempre pasan en Pascua, me resultó muy fría. Visualmente es muy hermosa pero el protagonista es inexpresivo. Y eso que se volvió loco diciendo que era Cristo. Pero sólo él se lo creyó.
| Entrevista de Patricia Espinosa |


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