28 de junio 2012 - 00:00

Marilú Marini: esperando a Genet

Marilú Marini: «Genet fue un poeta marginal que identificó el mal con lo sublime. Cuando Sartre lo consagró en su libro se sintió vacío».
Marilú Marini: «Genet fue un poeta marginal que identificó el mal con lo sublime. Cuando Sartre lo consagró en su libro se sintió vacío».
Además de haber participado en varias puestas de «Las criadas», Marilú Marini conoció personalmente a su autor, Jean Genet, fallecido en 1986. La actriz acaba de llegar de Francia, su país de residencia desde 1975, y se encuentra ensayando una nueva versión de la obra de Genet junto a Paola Barrientos («Estado de ira», «Un tranvía llamado deseo») y Victoria Almeida («Espejos circulares», «En el cuarto de al lado»). La dirección es de Ciro Zorzoli.

Marini tendrá a su cargo el papel de «Madame», el mismo que hasta hace pocos meses interpretó en París, bajo las órdenes de Jacques Vincey. «Estoy en pleno trabajo de extirpación, luchando con el francés y con la Señora parisina que todavía se me infiltra en los ensayos», confiesa la actriz.

En abril fue condecorada por el Ministro de Cultura francés, Frédéric Mitterrand, con la medalla de «Commandeur des Arts et des Lettres». Para el año próximo la espera un nuevo proyecto en Francia. Será dirigida por Pierre Maillet en una adaptación teatral de la famosa trilogía («Flesh», «Trash» y «Heat») del cineasta estadounidense Paul Morrisey. El estreno de «Las criadas» está previsto para el 18 de julio, en el Teatro Presidente Alvear. Dialogamos con ella:

Periodista: No es la primera vez que desempeña un mismo papel en dos lenguas diferentes, como lo hizo en «Días felices» de Samuel Beckett. ¿Cómo vive su bilingüismo?

Marilú Marini: Héctor Bianciotti, que murió hace poco en París, como escritor también pasó del español al francés, y él decía que cambiar de lengua era modificar la manera de ser y de sentir. También dijo algo muy bello: «Uno puede estar desesperado en una lengua y apenas triste en otra». Y es cierto, cada lenguaje, cada cultura expresa los sentimientos y ordena el mundo de una manera distinta. Yo siento que al cambiar de lengua cambio de cuerpo; porque el lenguaje es algo muy concreto, con una palabra podemos acariciar y con una palabra podemos destruir.

P.: En este caso Genet logró unir lo vulgar y lo sublime, la risa y el sufrimiento, el sueño y las miserias mundanas.

M.M.: Genet fue un gran poeta, con un uso del francés muy lírico y barroco y a la vez plagado de construcciones que sintácticamente son incorrectas, pero que dicen mucho más. Es como si hubiese marginalizado la lengua clásica. Fue un poeta marginal que identificó el mal con lo sublime, que ratificó su homosexualidad en los años 40 y la enarboló como estandarte. Siempre enalteció y reivindicó lo marginal, lo excluido, y defendió muchas causas sociales. Yo lo admiro enormemente y tuve la suerte de conocerlo.

P.: Por eso entró en crisis cuando Sartre le dedicó el monumental ensayo «San Genet, comediante y mártir». Genet lo acusó de haberlo convertido en una estatua.

M.M.: Exactamente. Después de eso Genet se sintió vacío y no pudo escribir. Volvió a hacerlo por amor, cuando tuvo esa relación tan fuerte con Abdalah, el joven equilibrista al que luego le dedicó «Le funanbule», un texto maravilloso.

P.: ¿En qué circunstancias conoció usted a Genet?

M.M.: El había escrito un guión de cine, «La nuit venue», sobre un inmigrante magrebí que llegaba por error a Paris. Se había inspirado en su último compañero Mohamed El-Katrani, al que había conocido en Tánger, y quería que yo hiciera varios papeles en esa película. Pero finalmente no se hizo porque él quería dirigirla y ya estaba muy cansado. Después se terminó aislando. Había quedado muy mal desde el suicidio de Abdalah y se sentía culpable, por haberlo presionado para que su número de funambulismo fuera cada vez más riesgoso. Recuerdo a Genet como una persona extremadamente maliciosa y con muchísimo humor. El mismo humor que uno encuentra en el texto de «Las criadas». La ironía está tan presente en Clara y Solange como en los textos de la señora.

P.: Las criadas ritualizan la muerte de su patrona aprovechando las salidas nocturnas de ésta y disfrazándose con sus vestidos. Pero su demencial representación empieza a fallar. ¿Qué rescataría usted de esta nueva versión?

M.M.: Es una puesta más carnal y lo que ha hecho Ciro Zorzoli es desparramar una tierra fértil donde nosotras podemos hacer florecer nuestra locura. Porque en el texto hay mucha locura. La obra también habla de la simbiosis de estas dos hermanas que tienen una relación tan intrincada que no se sabe donde termina una y empieza la otra. Por eso que tienen que inventar a la señora en su cabeza, más allá de que esta señora existe seguramente en la realidad., porque necesitan que aparezca un tercero que las separe.

P.: Las hermanas se odian y a la vez se necesitan y también aman y odian a su patrona sin que esto implique un cuestionamiento social.

M.M.:
Así es. Genet no quería que se leyera la obra como una lucha de poder entre una clase dominante y otra subordinada. La obra abarca muchos más que eso, ofrece múltiples lecturas. Es una tragedia, pero no pide un tratamiento trágico, tiene algo de policial, tiene humor, es salvaje. Apela a lo más oscuro de nosotros y lo más oscuro está erotizado. También hay una enorme erotización de la muerte, como algo deseado. Con Paola Barrientos y Vicky Almeida somos tres actrices muy distintas, pero de la misma familia. No quiero parecer pedante, pero creo que podemos brindarle a la obra una locura muy fuerte y beneficiosa. No se trata de una locura psicológica, sino de una locura violenta y poética que habla al inconsciente. Es esa locura que aparece en nuestros sueños y hace que nos despertemos sobresaltados. Es la locura de Shakespeare escribiendo a Calibán, cuando Calibán odia y ama a Próspero al mismo tiempo, como les sucede a Clara y Solange con la Señora.

Entrevista de Patricia Espinosa