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Marilyn-JFK: nada que no se sepa

Si bien se la conoce de memoria, se la ha leído, oído, visto montones de veces, pero como le ocurre a los chicos con los cuentos uno quiere escuchar otra vez la love story de la Estrella y el Presidente, de la mujer aniñada y el casanova, de la bomba sexy y el líder carismático, que además concluye en enigmáticas tragedias, en asesinatos que se convierten en titulares en todo el mundo, y que provocan de modo constate, a pesar del paso del tiempo, artículos, novelas, cuentos, ensayos, documentales. Son los ritos a que los mitos están acostumbrados.
«Es una historia que conoce todo el mundo pero no conoce nadie en realidad», sostiene de partida François Forestier, para agregar: «para arrojar un poco de luz sobre tanta oscuridad hacia falta una documentación sólida, un editor paciente y un defecto fundamental. Ser mal pensado. Y yo lo soy». Forestier trabajó con documentos desclasificados del FBI y la CIA, archivos varios, entrevistas a testigos directos, cosa que no se diferencia de lo que ya han hecho muchos otros.
Forestier, que trabaja en «Le Nouvel Observateur», sabe como periodista presentar la información de modo atractivo aunque se archiconocida. Tiene esa calidad del escritor popular francés que hace creer que el punto de vista es novedoso, y cada vez que pueda no cesa de desmitificar a los protagonistas, sabiendo que bajar del mito ayuda a mantener el mito.
Ha publicado un par de novelas policiales que tiene la cualidad de atrapar dosificando la intriga. Ha escrito las biografias de Howard Hughes, «el hombre de los secretos», Aristóteles Onassis, «el hombre que lo quería todo» y Martin Luther King, «el visionario». Y esta especializado en las crónicas de cine. Pero se dice que sus primeros 100 mil euros los consiguió como «negro literario», como «ghostwriter» de cantantes, de gángsters y de «autores» que no tenían idea de como se escribe pero sabían que querían ser. Todo eso lo empleó para dar atractivo a esta historia que comienza como un thriller en Dallas, el 22 de noviembre de 1963 cuando «la bala penetra en el cráneo de John Fitzgerald Kennedy» y sigue con los elementos sórdidos que son tradición en la novela negra. Usa la estratagema de las biografías de a cada tanto dar datos que pueden sorprender.
Marilyn, además de atragantarse con pastillas milagrosas, era una chica sucia que sólo se bañaba con sus amantes, que como eran incontables, debía ser varias veces al día. JFK, del que ella -que se soñaba Primera Dama- decía entre suspiros «es el demócrata más penetrante», era un egocéntrico obsesivo sexual al que era fácil manipular. Usa el recurso del «escritor fantasma» haciendo hablar a personas que esta vez no conoció. Finalmente logra que el relato tenga una visualidad cinematográfica. No hay nada de nuevo en la conclusión: los protagonistas fueron asesinados, hubo una conjura, fueron víctimas de la CIA, el FBI o la Mafia. Para leer una gran obra sobre el tema, dirigirse a «América» de James Ellroy, con ésta se pasa un buen momento, como con una remake de calidad.
M.S.


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