25 de enero 2011 - 00:00

Marjak, sin prejuicios, entre Picasso y Matisse

«Llevando los peces a nadar», uno de los retratos de grandes dimensiones y colores restallantes y humor infalible, herederos de la fuerza de Picasso y el afán ornamental de Matisse.
«Llevando los peces a nadar», uno de los retratos de grandes dimensiones y colores restallantes y humor infalible, herederos de la fuerza de Picasso y el afán ornamental de Matisse.
Punta del Este - En el Espacio Tierra Negra de José Ignacio, la artista Anna Lisa Marjak inaugura esta tarde la muestra «Expresionismo Pop en Retratos de Mujeres». Se trata de una breve serie de retratos de grandes dimensiones que colocan la pintura en el papel protagónico del escenario del arte. Marjak renueva el uso de colores restallantes, la poderosa energía de sus pinceladas libres y, sobre todo, el humor infalible y cargado de ironía que caracteriza su obra.

Sus pinturas son herederas de la fuerza de Picasso, presente en los contornos negros que subrayan las formas, y testimonian también el afán ornamental de Matisse. Hay unas pinturas en especial, denominadas «Acariciando la piraña» y «Llevando los peces a nadar», que contienen una clara referencia visual a las peceras del francés. Su influencia se advierte además en la resolución de los fondos, en las bandas de colores, en los lunares y en un decorativo trillage. Marjak se apropia sin prejuicios de algunos rasgos estilísticos de ambos (Picasso y Matisse), los simplifica y los utiliza como elementos expresivos.

Si bien estos dos artistas fueron abusados por las generaciones pasadas, y sobre todo Picasso (basta recordar los ojos grandes de la pintura argentina), en los años 80 un crítico italiano por demás ingenioso decretó que ellos, al igual que todos los habitantes de la historia del arte, debían poner sus obras a disposición de sus discípulos transvanguardistas. Cuando Marjak comenzó su carrera, «lo nuevo» pasaba al olvido, y el arte del pasado se convertía en yacimiento inagotable.

Llamado

Tres veces en la vida nuestra artista había escuchado el llamado del arte, mejor dicho de la vieja y noble pintura. La primera vez, cuando una compañera de estudios le confesó «voy a ser pintora», y esa frase quedó resonando. Es obvio: la determinación de dedicarse a la pintura le había resultado tentadora. No obstante, por esas cuestiones extrañas del destino, comenzó sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, una carrera que nunca le llegó a interesar. Tenía 19 años cuando llegó a Nueva York, a la casa de su madre, la escritora Luisa Valenzuela, y cuando se sumergió en los museos la deslumbró el surrealismo. Al regresar a México comenzó a pintar, a hacer collages, «más que nada a tomar contacto con la materia. Me ensucié las manos con la pintura», observa con placer.

En Buenos Aires concurrió a la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y al taller de Carlos Gorriarena, pero allí no encontró lo que buscaba. Cuenta que tenía 24 años cuando ingresó en la New York Studio School y confiesa que nunca logró su cometido: adquirir una formación académica. «Terminé mal con mis maestros. Me fui de la Escuela. Teníamos modelo en vivo, que es lo que hasta hoy me interesa y ellos me pedían que analizara cuestiones espaciales». Finalmente, el tercer llamado llegó cuando unos artistas chilenos y argentinos le ofrecieron un taller y decidió a pintar sola, aunque reconoce que el contacto con sus pares le resultó enriquecedor. Entonces sí, descubrió las enseñanzas de los museos, el genio de Picasso, el de los expresionistas alemanes y también el de Clemente, ese transvanguardista italiano que en ese entonces conquistaba a los neoyorquinos.

Con esta exhibición se cumple el séptimo año consecutivo que Marjak muestra en Punta del Este las voluptuosas pinturas que realiza en el Uruguay. Todo un récord. Este verano ha vuelto con sus extrañas y honestas mujeres, personajes que observan al espectador con la mirada un tanto extraviada, esforzando sus ojos para enfocar la realidad de la vida.

Marjak comparte la exposición en Tierra Negra con Juan Pablo Lacroze, y para llegar hay que ir a Las Garzas y Los Tordos, frente a Popeye, al lado de Bajo el Alma, en José Ignacio.

* Enviada especial

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