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Marta Minujín: arte efímero como expresión de lo vital
El «Partenón de Libros», una de las obras emblemáticas de Marta Minujín, cuya retrospectiva recientemente inaugurada en el Malba hace especial mención a su lúcida creación de los 70: la Academia del Fracaso.
Por eso, es muy relevante relatar los orígenes y el espacio significativo que tiene vigencia hasta el día de hoy. Marta Minujín es una artista pionera que no cesa de aportar su testimonio sobre la contingencia comunitaria y plural del arte, como inseparable de la vida. Si recordamos sus happenings, sus ambientaciones, sus monumentos efímeros de mitos populares, veremos como la clave de su obra ha sido lo efímero, lo transitorio: en suma, lo vital.
La vasta obra de Marta Minujín (1941), quien irrumpe como un meteoro en el escenario del arte argentino, y una de las más reconocidas internacionalmente, sólo puede ser abarcada y entendida como una apasionada contemporánea. Si quisiéramos dividir la obra de Minujín, podríamos separar cuatro instancias: los happenings y las perfomances; las ambientaciones y las instalaciones; el trabajo sobre monumentos y figuras célebres; y la desmitificación del arte.
Participa junto a otros artistas en la muestra «El hombre antes del hombre», en 1962, cuando en Buenos Aires surgen las primeras manifestaciones del Pop Art. A diferencia del estadounidense, ese Pop es más bien una etapa de tránsito hacia nuevos discursos estéticos.
Minujín es líder de las nuevas corrientes que hallaron estímulo y espacio privilegiados con Jorge Romero Brest, con quien realizó Happenings y Ambientaciones (1963-70), que hoy son hitos del arte argentino. Sus Colchones multicolores (1964), y sus Laberintos, como La Menesunda y El Batacazo (ambas de 1965), fueron símbolo de una época.
Minujín ha integrado la interrelación humana y social, desde distintas perspectivas: el humor, la ironía, la crítica, el sarcasmo, la representación diferente, como en el Obelisco acostado, en la Bienal de San Pablo (1978), o la repetición de los Hércules, en la Bienal de Venecia (1987), con el autor de esta nota como curador.
En 1975, Minujín está de nuevo en Buenos Aires. Organiza en el CAYC su Academia del Fracaso, con la colaboración del futurólogo Agustín Merello. La idea central sostiene que el fracaso es un fenómeno humano y, por lo tanto, un problema mundial que debe ser analizado y explotado de todas las maneras posibles. La Argentina posee, por su idiosincrasia y sus características socioculturales, millones de fracasos con distintos tipos de personalidad. Vio Marta en el proceso un elemento inspirador y, a la vez, un modo de expresarse y crear. La Academia del Fracaso, similar a las manifestaciones futuristas y dadaístas que traducían el sentir de la humanidad en las primeras décadas del siglo, se adelanta al tercer milenio y define conceptos que están en el aire. Pensó que esta vez tocaba a la Argentina lanzar un indicio, un anuncio, una configuración estética precursora, donde la convergencia de artistas, filósofos, científicos, profesionales y personas de la calle demolieran pautas momificadas, con el objeto de revalorizar el fracaso. En esta experiencia, todos podían darse a sí mismos la oportunidad de analizar y exteriorizar aspectos escondidos de su ser.
Durante los diez días del plenario de la Academia y a través de diversos temas, se procuró dilucidar cuáles eran las funciones del fracaso, partiendo de la base de su insospechable, funcionalidad. Mediante un procedimiento análogo al topping y el cracking, que transforma el petróleo en esencias de alto nivel volátil, intentó sentar una metodología que rescatase la energía sedimentada en los fracasos, para convertirla en una potencia útil.
Los fracasos fueron divididos en tres sectores: 1) Los que siguen obsesionados por el éxito y necesitan de los demás para juzgarse a sí mismos. Cuando les llega el fracaso, se asustan, porque lo viven como si fuese una condena por alguna acción errónea, cuyo defecto no habían advertido. 2) Los que, para salvarse del fracaso, cuestionan las pautas y convenciones de la sociedad. Viven el fracaso como la repulsión social de pujantes estilos de vida. 3) Los que han trascendido e, indiferentes al reconocimiento social, desarrollan una búsqueda exasperada, empujando las fronteras del saber, de la estética, de la comprensión de todo lo cual se enorgullecerá la sociedad que por el momento los ignora.
La exposición es muy abarcativa y el diseño expositivo presenta un formato afín a la vorágine de Marta un poco «alocada». Sin embargo demuestra a Minujín un diálogo con su tiempo que está vigente hasta el día de hoy. Resalta una sensibilidad «única» de esta artista a la que podríamos llamar renacentista ya que, es pintora, dibujante, escultora, pero por sobre todas las cosas, es una gran pensadora.
Como alguna vez lo expresara el gran crítico de arte argentino Aldo Pellegrini, «con la más reciente aventura de de arte de hoy, aquella en la que los artistas buscan revelar lo insólito y lo maravilloso, recurriendo a los materiales más vulgares y tradicionalmente antiartísticos, ampliando así el espacio del arte, que resulta propiedad de todos los objetos y de todos los materiales».
Para finalizar y resaltar la importancia de esta artista es importante recalcar el rol social y de compromiso que ella siempre tuvo. Como exponemos más abajo, fueron creaciones donde el público y las realidades socio-políticas jugaron un rol fundamental en su quehacer artístico. En los años 70 y 90 se destacan sus réplicas de monumentos célebres y sus esculturas fragmentadas. En el primer caso, el mencionado Obelisco Acostado; el Obelisco de Pan Dulce, en La Rural, 1979; la Torre de Pan de James Joyce, Rosc, Dublin, 1980; el Carlos Gardel de Fuego, en Medellín, 1981; la Venus de Queso, en México,1981; y el Partenón de Libros, en la avenida 9 de Julio, Buenos Aires, 1983. Fue un homenaje al fin de la dictadura militar. Jugaban con lo transitorio y lo instantáneo, integrando la gran metáfora en el arte de Minujín, como tiempo y espacio de la humanidad.
La activa participación social y la consumición masiva forman la base de sus audaces creaciones, tanto las efímeras -que llenan veinte años de su producción- como las permanentes, que desarrolló en los 80 y 90.


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