18 de septiembre 2013 - 00:00

Martínez: explorar la exasperación de la realidad

Guillermo Martínez regresa al cuento con “Una felicidad repulsiva”: “El elemento que me interesa”,  dice “tanto al leer como al escribir, es lo que llamo el suspenso, que tiene que ver con la inminencia de algo extraño que va a emerger”.
Guillermo Martínez regresa al cuento con “Una felicidad repulsiva”: “El elemento que me interesa”, dice “tanto al leer como al escribir, es lo que llamo el suspenso, que tiene que ver con la inminencia de algo extraño que va a emerger”.
El premio literario que ganó con su segunda novela, "Crímenes imperceptibles", que fue llevada al cine por Alex de la Iglesia como "Los crímenes de Oxford" y protagonizada por Elijah Wood y John Hurt (y esto llevó a que el libro fuera traducido a 37 idiomas), hizo que el prestigioso matemático argentino Guillermo Martínez, doctorado en Oxford, abandonara su catedra en la UBA y se dedicara enteramente a la literatura. Ahora con su nuevo libro, "Una felicidad repulsiva", que acaba de publicar Planeta, Martínez ha vuelto a sus orígenes (y a una fuerte tradición de la literatura argentina), el cuento. Sobre éste libro y su otras obra dialogamos con él autor de "Yo también tuve una novia bisexual".

Periodista:¿ Después de cinco novelas vuelve a sus inicios, los cuentos de su ópera prima, "Infierno grande", con los que ganó hace unos 25 años ganó el Premio del Fondo nacional de las Artes?

Guillermo Martínez
: Es mi origen y, a la vez, siempre ha sido mi manera de imaginar las historias. Cuando pienso en historias, que al principio son pequeñas anotaciones que quedan en lista de espera y todavía no se si van a ser cuentos o novelas. De hecho de mis cinco novelas, cuatro en principio eran ideas para cuentos. Únicamente "Crímenes imperceptibles" la pensé al comienzo como una nouvelle, pero las demás eran cuentos. "La muerte lenta de Luciana B." iba a ser el último cuento para cerrar "Una felicidad repulsiva", mi nuevo libro. "Yo también tuve una novia bisexual" lo empecé como un relato largo para cerrar un libro de cuentos, y ambas se convirtieron en novelas. Casi me pasa lo mismo con "Una madre protectora", último relato de "Una felicidad repulsiva", que tiene cierto aliento de nouvelle, pero me decidí a cerrarlo en las 60 páginas.

P.: ¿De qué tratan estos nuevos cuentos?

G.M.:
Tienen que ver con distintos mundos que me interesan, que están desde mi primer libro, y se instalan en un borde de lo real que apunta hacia un costado ya sea siniestro, fantástico, algo así como una exasperación de lo real. Hay algunos registros que ya se presentaban inicialmente, el tema sexual, el cuento familiar, los relatos de horror. En fín, son todas posibles derivaciones de una situación que en principio puede parecer cotidiana o anodina y que por la tensión, la acumulación, el suspenso, derivan hacia formas más extrañas, ya sea directamente el género cuasi fantástico de "Una felicidad repulsiva", o bien hacia el horror de la pesadilla, como en "Un gato muerto", o a ese otro horror amparado por las instituciones de la justicia y médicas en el cuento "Una madre protectora".

P.: Pareciera que la unidad de los 11 cuentos de "Una felicidad repulsiva" es lo fantástico y que todos encierran un secreto, un enigma central.

G.M.:
El elemento que me interesa, tanto al leer como al escribir, es lo que llamo el suspenso, que tiene que ver con la inminencia de algo extraño que va a emerger, y que va a ser devastador en algún sentido. Esta especie de amenaza o de peligro inminente aparece en todos los cuentos. Por ejemplo en "Dejávu, o los reinos de la posición horizontal", el chico que visita a la familia y luego va a ver a su abuela, y hay una especie de torsión de su vida en un instante, o en "Unos ojos fatigados" donde el horror está instalado desde un principio.

P.: En la literatura fantástica argentina, de forma manifiesta en Cortázar, lo fantástico aparece en un ámbito familiar, algo que se da en varios de sus cuentos, con una presencia dominante o lateral de la madre.

G.M.
: En "Una madre protectora" aparece en todos sus posibles esplendores y peligros de una madre desquiciada. El borde de locura que puede aparecer durante el embarazo en "Un gato muerto". Los padres muchas veces en el afán de proteger a los hijos pueden atravesar o quebrar límites o fronteras de su psiquismo o de lo social. La relación que se da con los hijos no necesariuamente puede encuadrarse siempre dentro de lo normal. En esos dos casos afloran dos posibilidades. El asesinato casi como defensa del hijo, y algo así como el asesinato metafórico del hijo en un intento de sobreprotección. En el fondo la enfermedad mental de la madre, que no se nombra, es lo que se llama síndrome puerperal, el intento después del parto de volver metafóricamente el hijo al útero, la sobreprotección tiene que ver con eso. Yo desarrollé en esa línea toda la locura de la mujer. Están esas dos variantes, más la tercer que sería la de "Lo que toda niña debe ver", que es ese intento de la madre de hacer todo lo que hay que hacer para educar bien a la hija.

P.: ¿Cómo siente que se integra a la tradición de la literatura fantástica argentina, dónde están Arlt, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Mujica Láinez, entre muchos otros?

G.M.:
Siempre me consideré por formación un cuentista. Y mi pasado como matemático me hace preferir esas formas más cerradas, más exigentes, más rigurosas. Cuando empiezo una historia siempre pienso en el final y con ese momento de transición que hace que un relato sea un cuento y se cierre sobre sí mismo. Siempre escribo con una sensación de unidad, aún si es una novela no me gusta que proliferen las historias secundarias. Su muchas están contadas en primera personas es porquer me gusta dar el acorde biográfico, una sensación de que aquello que cuento podría haberme pasado o podría haber sido yo testigo directo, un recurso de verosimilitud que en general funciona muy bien. Me siento dentro de esa tradición de la literatura fantástica argentina, donde lo fantástico aparece para iluminar algo de lo real, y se convierte en parte de lo real. El énfasis del cuento no es la aparición del elemento fantástico sino el juego que hay entre ese elemento fantástico de para iluminar alguna zona de lo real. Es asomarse al abismo de lo fantástico sin salir de lo real. Ese el momento que más me interesa desde el punto de vista literario. Es el paso detenido ante un precipicio al que uno se ha asomado, es el ensanchamiento de lo real a través de lo fantástico.En el cuento "El aleph" de Borges está la creación de un objeto fantástico, pero lo fundamental dentro de esa creación es que él encuentra, entre todas las imágenes que ve, las cartas de su amada Beatriz Viterbo, que la revelan como una mujer carnal, muestran la relación carnal que ella tiene con su primo. De algún modo el elemento fantástico es el nexo que le falta como para cerrar la historia inicial, que era una historia de amor, de despecho, de resignación. Está la creación del mundo fantástico pero casi como una luz que ilumina esa parte de la realidad que él no puede ver.

P.: ¿Qué le significó "Crímenes de Oxford", la película basada en su novela "Crímenes imperceptibles" con la que ganó el Premio Planeta?

G.M.
: Varias cosas. Me dio un público más amplio, fuera del cerco de los círculos literarios. Me dio la posibilidad de publicar en otros países. La novela se publicó en 37 idiomas. Y en muchos de esos países se publicaron otras novelas mías. "La muerte lenta de Luciana B." está ya en 20 idiomas, "Acerca de Roderer" en 15. En general los editores de otros países esperan de mí la repetición de la novela policial. Quisieran que continuara en esa vía del policial quizá incluso asociada a la matemática. No descarto en algún momento hacer otra novela policial, pero no está en mí proyecto más cercano. Desde un punto de vista económico, me dio la posibilidad de dedicarme enteramente a la literatura. Hace 8 años que dejé de dictar clases de álgebra y lógica en la facultad, y fue gracias al éxito de esa novela.

P.: ¿Ahora que está escribiendo?

G.M.:
Una novela que tengo empezada hace muchos años, que tiene una cierta relación con todas las que he escrito, y quizá más con "Acerca de Roderer". Es toda la vida del protagonista desde su infancia. En cuanto a ensayos, luego de "Gödel (para todos)" que escribí con Gustavo Piñeiro, estamos pensando un libro sobre las formas del azar, las configuraciones que aparecen con mayor frecuencia.

Entrevista de Máximo Soto

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