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Más datos implican a la CIA en represión de los opositores
Esta foto del 29 de mayo de 2007 ilustra cuán cercanos llegaron los lazos entre gobiernos como el de Tony Blair y el régimen de Muamar el Gadafi tras el sorpresivo giro prooccidental de éste.
Cientos de documentos fueron aparentemente encontrados el viernes por la organización humanitaria Human Rights Watch (HRW) y por algunos periodistas, y el fin de semana fueron reproducidos en parte por medios, como el estadounidense The New York Times y los británicos The Independent, The Sunday Telegraph y BBC.
La cadena pública británica dio cuenta ayer de una paradoja asombrosa: entre los militantes antigadafistas entregados por la CIA norteamericana al régimen libio entre 2002 y 2004 se encuentra uno identificado por HRW como Abdel Hakim Belhaj, mencionado en los documentos como Abdulá al-Sadiq, quien se desempeña ahora como jefe militar de las fuerzas rebeldes en Trípoli.
Según uno de los documentos hallados en oficinas del exjefe de Inteligencia de Gadafi Musa Kusa, la CIA secuestró a Belhaj en el sudeste asiático en 2004 y lo envió a Trípoli. Este antigadafista había intentado derrocar al excéntrico coronel en 2000 y era considerado por la CIA como un islamista peligroso. De hecho, uno de los motivos de la alianza de Washington y Londres con el dictador libio, tras décadas de belicosidad, fue la represión de éste a los ultraislamistas y a la organización terrorista Al Qaeda en particular.
Cartas de la CIA y del servicio británico de Inteligencia exterior MI6 demuestran un trato hasta cálido con Kusa, quien, según los antigadafistas, cometió un sinfín de atrocidades. Luego pasó a ser ministro de Relaciones Exteriores de Gadafi, puesto desde el que consolidó la relación con líderes como Tony Blair y otros gobernantes occidentales. En marzo pasado, a poco de iniciada la revuelta, Kusa se fugó a Londres.
La BBC, que citó a una agencia de noticias, dijo que Belhaj reconoció haber sido capturado por la CIA, pero que no guarda rencor contra sus antiguos enemigos.
Los documentos reflejan que la colaboración de los servicios de Inteligencia británico y estadounidense no se limitaron a enviarle hombres a Gadafi. «No era sólo secuestrar a presuntos militantes islámicos y entregarlos a la inteligencia de Libia. La CIA también envió las preguntas que quería formular y, de acuerdo con los archivos, es muy claro que (sus agentes) estaban presentes en algunos de los mismos interrogatorios», dijo Peter Bouckaert, responsable de HRW.
La llegada de Belhaj a Trípoli generó un memorando que felicita a Musa, con fecha 18 de marzo de 2004, y con la dirección de «London SE1».
Otra de las cartas enviadas por la CIA a Kusa, firmada por un tal Steve (probablemente Stephen Kappes, ex número 2 de la agencia), está encabezada por un «querido Musa». Allí se celebra la cooperación de ambos servicios secretos y se le pide al libio que reciba a dos agentes para que presencien interrogatorios a «terroristas que recientemente enviamos a tu país».
Los textos encontrados alumbran también una fluida relación entre el ex primer ministro laborista británico Tony Blair y Gadafi, que excedió las cuestiones de Estado. Según los documentos, Blair ayudó al hijo del coronel Saif al Islam, hoy principal estratega de los leales al régimen, en su doctorado en la London School of Economics. Por caso, le sugirió ejemplos que «podrían ayudarlo con sus estudios». También se da cuenta del particular interés de funcionarios de Blair por concretar un encuentro en la famosa carpa beduina de Gadafi.
El MI6 también habría ayudado a Gadafi hasta a redactar un discurso, en plenas negociaciones para que el rais abandone el programa de armas de destrucción masiva. Esa decisión, tomada meses después de la invasión estadounidense a Irak y en plena guerra de Afganistán, fue esencial para la recomposición de las relaciones.
Otro pilar del reencuentro fue el acuerdo por el atentado de 1988 a una aeronave con 270 personas a bordo sobre la ciudad escocesa de Lockerbie. El pacto incluyó millonarias indemnizaciones de Libia a las familias de las víctimas. Al respecto, los documentos hallados dan cuenta de la amenaza por parte de Gadafi de «terribles consecuencias» si no se lograba la liberación de Abdel Basit al Megrahi, el único condenado por los atentados. Al Megrahi fue indultado hace dos años por supuestos motivos de salud y voló de Londres a Trípoli.
Según The Wall Street Journal, que también difundió ayer parte del contenido de los documentos, la cooperación fue de tal intensidad que la CIA llegó a tener una presencia regular en territorio libio.
Agencia DPA y Ámbito Financiero


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