Más lejos Israel y los palestinos

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Ramalá y Jerusalén - Las apuestas del Gobierno de Barack Obama en materia de política internacional también tropiezan con la realidad en Medio Oriente. El principal aliado de Occidente en el campo palestino, el presidente Mahmud Abás, se encuentra inmerso en una tormenta política luego de haber aplazado el debate sobre el Informe Goldstone en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que acusa tanto a Israel como a Hamás de haber cometido crímenes de guerra durante la última guerra en la Franja de Gaza.

En un discurso difundido por los principales medios de la zona, el líder palestino trató ayer de rebatir las duras críticas que debilitaron su figura en momentos que las negociaciones con el Gobierno de Benjamín Netanyahu se encuentran en un punto muerto.

El pasado 2 de octubre, el Consejo de DD.HH. de la ONU decidió aplazar hasta su sesión de marzo una resolución sobre ese documento a petición de varios de copatrocinadores, entre los cuales Abás negó ayer que se encontrara la Autoridad Palestina (AP).

Las conclusiones de ese documento, elaborado por el juez sudafricano Richard Goldstone sobre la guerra que libraron Israel y el movimiento terrorista Hamás entre diciembre y enero pasados en Gaza, habla de graves crímenes de guerra contra la población civil y recomendaba a la ONU que obligara a las partes a abrir investigaciones y castigar a los responsables.

La retirada de la solicitud a la ONU, promovida por varios países, causó a Abás y a la AP un grave daño político y duras críticas por parte de la sociedad palestina, que fueron aprovechadas por Hamás para desacreditar a sus rivales de Al Fatah.

Abás aseguró que mantuvo contactos de alto nivel para lograr el mayor apoyo posible a una resolución consensuada y que contara con el peso de países árabes, musulmanes y no alineados, aunque no obstante, el proyecto fue total o parcialmente rechazado por algunos países que expresaron reservas al documento. «Pedimos algunos arreglos porque pensamos que cualquier reserva debilitaría nuestro borrador de resolución», apostilló. Esta nueva crisis entre las facciones palestinas se suma a la difícil tarea de la Administración de Obama en Israel, que no logra obtener concesiones del Gobierno de Netanyahu para continuar con las estancadas negociaciones que tienen como fin la convivencia de dos Estados.

El enviado de EE.UU. a Medio Oriente, George Mitchell, se fue ayer de Jerusalén con las manos vacías tras haberse entrevistado por segunda vez con el primer ministro israelí.

Abás, que se había reunido el viernes con el enviado norteamericano en Cisjordania, exige que Israel detenga la construcción en asentamientos. Esta condición es rechazada por el actual Gobierno conservador en Israel, que, al contrario, autorizó recientemente nuevas edificaciones.

Agencias EFE, AFP y DPA

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