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Más que la sensatez, decidió la crisis
«El principal motivo es de tipo técnico-presupuestario y no el deseo de complacer a los rusos», estima Joseph Henrotin, del Centro de Análisis y de Previsión de Riesgos Internacionales (CAPRI) de París.
Se debe sobre todo «a las dudas recurrentes de algunos sectores militares estadounidenses sobre la eficacia real de estos misiles y de su costo en este período de crisis», agrega este experto.
Según The Wall Street Journal, que anticipó la decisión presidencial, los expertos estadounidenses concluyeron principalmente que la amenaza estratégica de los cohetes iraníes de largo alcance (más de 5.000 km), capaces de golpear el territorio de Estados Unidos no era, después de todo, inminente.
En época del presidente George W. Bush, Washington, para justificar el despliegue en Europa Oriental del «tercer pilar» de su escudo antimisiles, aseguraba que el tiempo apremiaba al estimar que Teherán podía dotarse de este tipo de armas tan pronto como 2015. Aparentemente, los militares rusos, que negaban obstinadamente que los iraníes estuvieran tan avanzados, habían evaluado mejor la situación.
Agencias AFP, Reuters y EFE


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