La mejor novela policial actual va más allá de atrapar al lector con un enigma interesante, una intriga creciente, un certero final y una prosa cuidada. La mejor novela policial de la última década ha buscado profundizar las enseñanzas de la novela negra estadounidense. Aquello que para Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Horace McCoy o Jim Thompson era el escenario de fondo de sus historias, un escenario que denunciaba las tramas del poder que estaban involucradas en el crimen, hoy es la clara denuncia, que es protagonista del relato y sirve para señalar delitos políticos del pasado reciente, y problemas sociales concretos, con una libertad narrativa que permite ahondar en temas que se consideraba trasgresivos.
El caso más emblemático es el de la serie "Millenium" del sueco Stieg Larsson, que lleva vendidos 70 millones de ejemplares en el mundo. En ese sector se encuentran las novelas policiales del chino Qiu Xialong, cuyo académico padre fue víctima de los guardias rojos durante la Revolución Cultural de 1966, y él, que había viajado a Estados Unidos para terminar una tesis sobre el premio Nobel T.S. Eliot, al conocer la masacre de la plaza Tiananmen ocurrida en 1988, decidió quedarse a vivir en St. Louis, Missouri, en cuya universidad dicta clases.
Esta novela, la quinta publicada en español de la serie del inspector jefe Chen Cao, del Departamento de Policía de Shangai, esta dedicada "a los lagos y los ríos contaminados de China", porque "El crimen del lago" no sólo será el hallazgo del cadáver del director de una de la empresas agroquímicas que envenenan el lago Tai, que era famoso por sus agua cristalinas. Del crimen de ese funcionario se acusa a un activista de la defensa del medio ambiente. El moralista "poli" Cao, poeta al que el Partido obligó a convertirse en policía cuando se graduó en la universidad, se dedicara a intentar salvar al activista aunque para ello tenga que enfrentarse con "los altos cargos", la nomenklatura, los privilegiados de la China actual.
Xialong hace descubrir un Shangai de altos edificios, con McDonalds, sucursales de bancos de todo el mundo, donde se bebe agua mineral francesa y vinos argentinos, y gadgets digitales que aún no llegaron al resto del mundo. Es la China de una impensada vorágine capitalista, una sociedad competitiva donde lo que vale es el dinero que se tiene, donde hay crisis de crecimiento, donde crece la corrupción y la omnipresencia del Partido, donde -denuncia el escritor- la única realidad es el desarrollo, destruya lo que se destruya.
Atravesar las novelas de Qiu Xialong provoca al lector, junto a una visión critica de la China actual, el goce de detenerse a imaginar los sabores de las comidas que describe con placer de "gourmet incorregible", enfrentar versos y proverbios como el que dedica a Shanshan, una progresista ingeniera nietzschiana que "agacha la cabeza como una tímida flor de loto mecida por una brisa fresca" y lo seduce tanto que le dice "es más provechoso escucharla hablar un día que leer durante diez años", y que lo involucra en una investigación que comprometera al inspector jefe Chen Cao políticamente. "El crimen del lago" engancha al lector por varios lados.
| M.S. |



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