30 de junio 2009 - 00:00

Master class de Lavandera con obras conocidas

A pocos días de dedicarle un recital al iconoclasta Karlheinz Stockhausen, Horacio Lavandera ofreció un concierto con un programa integrado por obras muy conocidas del repertorio internacional.
A pocos días de dedicarle un recital al iconoclasta Karlheinz Stockhausen, Horacio Lavandera ofreció un concierto con un programa integrado por obras muy conocidas del repertorio internacional.
Horacio Lavandera (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Schubert, J. Strauss y Bizet. (Auditorio Pilar Golf).

A Horacio Lavandera le atraen los contrastes rotundos. La semana pasada inauguró el ciclo de actividades del Centro de Experimentación del Teatro Colón (en el Teatro del Globo) con un recital dedicado a Karlheinz Stockhausen, uno de los compositores más iconoclastas de nuestro tiempo. A pocos días de ese hecho poco habitual para la música de Buenos Aires, Lavandera ofreció un agradable programa con obras muy conocidas del gran repertorio internacional, incluyendo versiones de Alfred Schulz Evler y Alfred Grunfeld de obras de Johann Strauss y de Vladimir Horowitz sobre la «Carmen» de Bizet. Otro dato curioso: uno de los bises fue la marcha de John Philip Sousa, «Estrellas y bandas por siempre», y el segundo, una rapsodia húngara de Franz Liszt en su propia versión para piano.

Lo significativo en este ir y venir de lo más anticonvencional de la música a lo más aceptado por las mayorías es la extraordinaria habilidad de Lavandera para pasar de un estilo a otro, de un compositor a otro, con la misma calidad sonora, potencia expresiva y respeto absoluto por cada obra.

La levedad con que encaró la Sonata para piano N° 11, en La Mayor, K. 331 de Mozart resultó ejemplar. Lavandera desarrolla con sutil elegancia las variaciones del primer movimiento, que no pierde glamour cuando llega el «Menuetto» central y que se convierte en lúdica exposición en «Alla turca». Todo el encanto y la liviandad mozartiana que tuvo la sonoridad y la consistencia de un clave se tranformó en fragor espiritual para la «Patética» de Beethoven que vino después. Se puede hablar de honda madurez expresiva de Lavandera cuando aborda con total pasión dramática la Sonata en Do menor, contrastada y profunda, con un «Adagio cantabile» magistral.

Los dos impromptus de Schubert del op. 90 (N°s. 3 y 4) fueron el cautivante preludia a su fraseo soberbio en piezas llenas de dificultades técnicas. «Arabesques sobre temas de «El bello Danubio azul» y «Soirée de Vienne», paráfrasis de concierto sobre temas de «El Murciélago», Op. 56 de Johann Strauss y las magníficas «Variaciones sobre un tema de Carmen» por Horowitz cerraron el concierto de manera regocijante por la interpretación virtuosística de Lavandera de obras de sutil pianismo y también endiabladas exigencias, que la digitación cristalina del pianista hacen brillar.

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