Londres - La primera ministra británica, Theresa May, admitió estar "irritada" por las continuas especulaciones sobre su estabilidad en el cargo, a seis meses del Brexit, más las conjuras internas de "halcones" de su partido.
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May, entrevistada por el programa Panorama de la BBC, aclaró: "El debate debería contemplar no mi futuro, sino el de los británicos y del Reino Unido". Para quienes la conocen entienden en esas palabras una sola cosa: que la conservadora está furiosa y que perdió la paciencia. Aludió con todas las letras a la reciente reunión de unos 50 parlamentarios conservadores, de su propio partido, que se oponen al plan oficial para el Brexit y discutieron sobre cómo y cuándo podrían obligarla a renunciar.
Pero las preocupaciones para la inquilina de Downing Street no llegan solo desde el interior de su formación conservadora y de los defensores de un Brexit más duro y puro. Desde la trinchera europeísta, con intenciones diametralmente opuestas, se movilizan los sostenedores de la realización de una nueva consulta popular acerca del Brexit. Un camino excluido por May, que considera que representaría el colapso definitivo de los conservadores y del país entero.
Pero algunos todavía esperan poder imponer la consulta. La plataforma "People's Vote Uk" convocó a una gran marcha el próximo 20 de octubre con una convocatoria central en Londres, con el alcalde laborista de la capital británica, Sadiq Khan, a la cabeza.
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