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“Me puse a dirigir porque tenía muchas cosas para decir”
Sandrine Bonnaire: «Me gusta el tango y ahora también estoy aprendiendo guitarra. ¡Nos vinimos mi directora y yo, cada una con su guitarra!».
Periodista: ¿Qué la impulsó a trabajar en la Argentina, 20 años atrás?
Sandrine Bonnaire: Lo primero, el libro: una adaptación de «La peste», de Albert Camus. Sentía curiosidad por ver cómo lo abordaba alguien fuera de Francia. Luis Puenzo le dio muy buenos aportes, pero creo que a cierta altura tanta producción internacional le jugó en contra. Para mí tampoco fue fácil, era mi segunda película en inglés y me sentía limitada por el idioma. Pero me gustó que estuvieran y me ayudaran Robert Duvall, William Hurt, y Raúl Juliá, que fue un gran actor. Otro buen recuerdo es que aproveché a tener clases matutinas de tango. Lástima que después en Francia no encontré un buen partenaire. Me gusta el tango, y ahora también estoy aprendiendo guitarra. ¡Nos vinimos mi directora y yo, cada una con su guitarra!
P.: Habla de Caroline Bottaro, con quien hizo «Jugadora». ¡Al fin interpreta a una doméstica feliz!
S.B.: Claro, porque la más famosa que hice fue la del drama «La ceremonia», resentida, obsesionada por mostrarse digna y recta, bueno, ya sabe lo que pasa. Fue un personaje muy bueno para mi carrera, gracias a Chabrol. El me convenció de hacerlo. Luego creí que iba a pasarlo mal durante el rodaje, pero, al contrario, me sentí «adoptada» por Chabrol y su actriz habitual, Isabelle Huppert.
P.: Más cerca, la doméstica de «Un corazón simple», de Marion Lane, que vimos en otro festival marplatense.
S.B.: Un personaje de oro, sobre cuento de Flaubert. Me conmueve esa mujer que ama la vida cueste lo que cueste, aunque la vida la golpea todo el tiempo. Fue interesante trabajar su desgaste a lo largo de 15 años. La «Jugadora», en cambio, disfruta los beneficios de la vida. Es una mucama de hotel que un día descubre su talento como ajedrecista, y lo disfruta. Me gusta hacer esas mujeres pequeñas, que son verdaderas heroínas cotidianas. Hice tantas que un día mamá me dijo «¡Basta de domésticas!».
P.: ¿En qué trabajaba su mamá?
S.B.: En casa. ¡Eramos once hermanos! Papá era mecánico aeronáutico. Y yo empecé a trabajar a los 15, con Maurice Pialat. Creo que me eligió porque fui al casting sin saber de su prestigio, entonces no me vio intimidada como otras. El buscaba que hiciéramos de nosotras mismas. Recién tomé conciencia de la profesión de actriz cuando debí componer un personaje hosco, incapaz de agradecer nada a nadie, totalmente ajeno a mí, para el protagónico de «Sin techo ni ley».
P.: Desde entonces trabajó con Doillon, Sautet, Leconte, Archibugi, Rivette, Chabrol y otros buenos, ¿le falta alguno?
S.B.: En enero hago un personaje muy luminoso con Claude Lelouch. Y me sigo desencontrando con Alain Resnais, que ya me ofreció un papel en otras dos ocasiones.
P.: ¿Por qué es luminoso?
S.B.: Porque se lo pasa cantando aunque haya tenido un pasado muy triste. También seguiré dirigiendo, quizás haga un melodrama o una película para niños.
P.: ¿Cómo se metió a directora?
S.B.: Actúo desde hace tanto que pensé «yo también tengo algo que decir». Hace años que amadrino organizaciones de ayuda a niños autistas y sus familias. Una de mis hermanas es autista. Sufrió muchos tratamientos inadecuados, hasta que encontramos la ayuda correcta. Pero aún en los peores momentos ella siempre se ha mantenido apasionada por la vida. Por eso, lo primero fue hacer «Ella se llama Sabine», un documental destinado a explicar ciertas cosas y dar aliento a los familiares. Por las respuestas que recibo, creo que realicé un buen mensaje.
P.: Y ahora, el drama, « Jenrage de son absence», sobre un hombre absorto en la pérdida del hijo, mientras la esposa ya rehízo su vida y tiene otro niño. ¿Cómo se le ocurrió esa historia, y convenció a William Hurt para interpretarla?
S.B.: Convencerlo fue muy fácil. En cuanto a la idea, me inspiré en un novio que tuvo mi madre. Rompieron, ella se casó con otro, tuvo muchísimos hijos, y él, en cambio, nunca pudo superar la ruptura. Se quedó encerrado en su dolor. Yo lo conocí, era una historia conocida en el pueblo. Para la película, pensé en un dolor más fuerte, más difícil de superar. El hombre acaba de perder a su padre, y, mientras deshace la casa paterna, se encierra cada tarde a pensar en su hijo, y en su obsesión empieza a desarrollar una rara complicidad con el chico de su ex.
P.: Para muchos espectadores, esa situación resulta casi insoportable, porque nadie sabe qué puede pasar.
S.B.: ¿Casi insoportable? ¡Mejor! Significa que voy avanzando como directora. En cuanto al trabajo de actriz, no crea, como dicen, que sólo estuve en buenas películas. También actué en varias malas, y, peor aun, actué mal en algunas buenas.
Entrevista de Paraná Sendrós


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