6 de agosto 2009 - 00:00

Meijide conmovió al pedir baja de penas a cambio de datos

La propuesta de Graciela Fernández Meijide de reducir las penas a los acusados de violaciones a los derechos humanos a cambio de información no es nueva.

Fue formulada por primera vez por otra víctima de la represión, Claudio Tamburrini, el hombre que se fugó del campo de concentración que funcionaba en la Mansión Seré, en el oeste bonaerense.

Uno de los abogados de los querellantes en las causas por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura lamentó que los represores se estuviesen muriendo «sin decirnos la verdad». El comentario respondía a la expectativa de que el subprefecto Héctor Febres -fallecido pocos días antes de ser remitida sentencia en el juicio que se le seguía por delitos aberrantes- utilizara su derecho a hablar antes de ser condenado para revelar datos y eventualmente incriminar a otras personas.

Propuesta

En marzo de 2006, Claudio Tamburrini, doctor en Filosofía radicado en Suecia, país en el cual se exilió durante la dictadura, propuso que, considerando que «todavía se ignora el destino final de muchas de las víctimas», se evaluase la posibilidad de priorizar el conocimiento de la verdad por sobre el castigo a los culpables. Y ponía el ejemplo de Sudáfrica, país que tras décadas de apartheid y sangrienta represión racial, instituyó una Comisión de Verdad y Reconciliación, ante la cual comparecieron 8.000 represores. Los que confesaban sus delitos podían acogerse a una amnistía. Los que no, serían juzgados.

Tamburrini proponía entonces lo mismo que Fernández Meijide ahora: una reducción de penas a cambio de información, lo que permitiría conocer la verdad, ubicar los restos de las víctimas y recuperar a los niños apropiados.

El ex detenido-desaparecido concluía su reflexión con una advertencia: «La ausencia de una discusión amplia sobre los fines de las medidas penales contra militares acusados de violar los derechos humanos» podría hacer que «una reivindicación en principio justa y necesaria» llegase a ser concebida, «en particular por las nuevas generaciones, como una simple política revanchista sin razón ni fundamento, defendida solamente por quienes ya integran el círculo de iniciados».

Dejá tu comentario